El color de la razón

  • Chukwudi Eze desarrolló ampliamente la tesis del racismo en el pensamiento filosófico y sobre todo antropológico, y uno de sus objetos de investigación fue nada menos que Immanuel Kant.
  • Si bien Kant es conocido por sus obras críticas, Chukwudi Eze nos entrega un dato muy relevante: Kant dictó, en cuarenta años a contar de 1756, muchos más cursos de antropología y/o geografía física, que cursos de metafísica, lógica, ética y física teórica.
  • El mayor mérito de Chukwudi Eze radica en la valentía con la que mira hacia atrás en la filosofía, buscando algo más que dejar un documento donde se dé constancia de los hallazgos: replantear e inducir variaciones al pensamiento filosófico de cara al futuro.

En la historia del pensamiento filosófico la razón ha estado teñida de racismo. En el siglo XX, un filósofo africano, especialista en filosofía postcolonial, teoría social crítica y filosofía europea y africana, se encargó de investigar y entender el verdadero color de la razón a lo largo del tiempo y sin duda su mejor investigación fue la realizada en torno a Kant.

Empecemos por las presentaciones: el filósofo se llama Emmanuel Chukwudi Eze y nació en Agbokete, Nigeria. Sus padres eran católicos y él se educó en un colegio jesuita. Posteriormente también estudió en Nigeria, Zaire (República Democrática del Congo), Benin City y en las Universidades de Fordham y Bucknell. En el año 2000 se trasladó a Chicago y allí fue profesor asociado de la Universidad de DePaul.

Chukwudi Eze desarrolló ampliamente la tesis del racismo en el pensamiento filosófico y sobre todo antropológico, y uno de sus objetos de investigación fue nada menos que Immanuel Kant y el texto donde dejó constancia de su investigación en torno al filósofo alemán se titula The color of the reason: the idea of `race´ in Kant´s anthropology. Debo agregar que nunca había leído, en la filosofía contemporánea, un texto como este, tan lúcido y brutalmente crítico en medio de su academicismo.

Chukwudi Eze estudió todos los libros, textos y manuscritos que se conservan de Kant sobre antropología y geografía física, dos materias que desarrolló ampliamente mientras dictó clases en la Universidad de Königsberg. Hasta ese momento, las universidades alemanas no impartían el estudio de la antropología como rama separada y por lo tanto Kant innovó en dicho aspecto, agregándole una variante: para él era inconcebible estudiar la antropología separada de la geografía física.

Si bien Kant es conocido por sus obras críticas, Chukwudi Eze nos entrega un dato muy relevante: Kant dictó, en cuarenta años a contar de 1756, muchos más cursos de antropología y/o geografía física, que cursos de metafísica, lógica, ética y física teórica. Por lo tanto Kant pensó e investigó mucho más de lo que podríamos imaginar la relación raza↔razón y todo eso que pensó e investigó está inevitablemente ligado a conclusiones de carácter racista.

Kant partió haciendo una clasificación «racial» de la humanidad, dividiéndolos en blancos (europeos), amarillos (asiáticos), negros (africanos) y rojos (indios americanos). A partir de esta clasificación, Kant estableció la «geografía moral» o «geografía cultural» que estudia las costumbres que practican colectivamente estas razas, y a partir de las mismas los juzga. De esta forma, muchos de los cursos de Kant se referían a manifestaciones culturales como la permisión del robo en África, el abandono de niños en China, o el entierro de niños vivos en Brasil. Posteriormente, Kant estableció que la filosofía moral tenía como objeto mostrar la falta de principios éticos en todas aquellas usanzas o costumbres; al ser producto de un impulso natural e irreflexivo, carecen de principio ético y por lo tanto no son humanas.

Si rebobinamos un poco el casete, esta lógica presentada por Kant establecía en la práctica que sólo los blancos (europeos) eran propiamente humanos. La razón de esto era, según Kant, la falta de «talento» de las otras razas, puesto que ese «talento» es un don de la naturaleza. Este don consiste, simplificando bastante, en la distinción que existe entre la capacidad de ser «educado» o «educarse» por sí mismo, y la necesidad de «entrenar» a otro. A modo puramente de ejemplo, Kant solía recomendar una caña partida de bambú, en vez de látigo, para «entrenar» al esquivo negro, puesto que su piel gruesa debía encontrar una salida no infecciosa a la sangre y la caña partida de bambú permitía esto. En segundo plano, el castigo físico al negro africano estaba completamente justificado, puesto que este era haragán. ¿Por qué el negro era haragán para Kant? Porque «todos los habitantes de las zonas más calientes son, sin excepción, haraganes». ¿Y por qué para don Immanuel eran los blancos (europeos) la única raza capaz de progreso? Bueno, porque «la raza blanca posee en sí misma todas las fuerzas motivadoras y talentos, por lo tanto debemos examinarlos un poco más de cerca».

Creo que todos los que de alguna manera nos hemos acercado a Kant, lo hemos hecho a través de sus obras críticas (Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica), que son por lo demás sus más reconocidas y difundidas. Los textos y cursos antropológicos con los cuales Chukwudi Eze trabajó no son precisamente de lectura obligatoria y esto genera un «desconocimiento» generalizado de una parte del pensamiento de Kant, algo que nos deja de piedra.

A medida que va avanzando, Chukwudi Eze va desplegando el abanico de este tratado casi raciológico que elaboró Kant durante toda su vida académica y llega a la conclusión de que «la antropología filosófica de Kant se revela siendo el guardián de la imagen que tiene Europa de sí misma como superior y del resto del mundo como bárbaro».

Recuerdo, con esta frase, haber leído una de Kant, transcrita de las anotaciones que pergeñaba al margen de los libros que leía (y que corrobora la de Chukwudi Eze): «Si supiéramos cómo, uno de los medios más poderosos para dotar de influencia a la razón y darle fuerza a los motivos de la conducta, sería potenciar de tal modo dentro de nosotros la previsión de nuestro futuro juicio sobre aquello que hacemos ahora, que resultase igual a lo que enjuiciamos en el momento presente. El caribe vende por la mañana su hamaca, y se lamenta por la tarde de que no tiene donde echarse a dormir».

No es fácil leer a Chukwudi Eze. Personalmente fue todo un descubrimiento que no me canso de releer y agradecer. El nombre de este filósofo negro muerto en 2007 a la edad de 44 años, debería inscribirse con mayor fuerza en la historia del pensamiento filosófico contemporáneo. Su trabajo es valorable no por el hecho de que él sea negro, ni porque se haya especializado en postcolonialismo, ni tampoco por el hecho de criticar con fuertísimos argumentos y una investigación impecable a grandes filósofos y desentrañar el henchido racismo que se escondía detrás de sus más brillantes teorías filosóficas, no. El mayor mérito de Chukwudi Eze radica en la valentía con la que mira hacia atrás en la filosofía, buscando algo más que dejar un documento donde se dé constancia de los hallazgos: replantear e inducir variaciones al pensamiento filosófico de cara al futuro. Al menos eso es lo se refleja en este texto que conmueve desde su bellísimo título: El color de la razón