Entrevista a Luis Miguel Rivas


Foto: Luis Miguel Rivas

Luis Miguel Rivas vive hace dos años en Buenos Aires. Cuando los argentinos le preguntan «¿a qué te viniste acá?», él les responde «a no estar allá». Si bien es cierto que nació en Cartago, hace 42 años, la mayor parte de su vida transcurrió en Medellín. En 2007, publicó en el Fondo Editorial de la universidad EAFIT un libro de relatos titulado Los amigos míos se viven muriendo del que ya no queda en Medellín ni un solo ejemplar, como pude constatar cuando fui allá en febrero de este año; todavía no aparece una editorial que se anime a reditar este libro, pero deberían considerarlo. Algunos cuentos suyos han aparecido en las revistas El Malpensante y SoHo y los está reuniendo en un libro que saldrá pronto y se titulará T.Q.M. La edición online de El Espectador alberga su blog «Tareas no hechas», en donde anda registrando, entre otras cosas, la experiencia con su más reciente proyecto: un documental sobre Dunav Kuzmanich, cineasta chileno que se radicó en Colombia poco después del golpe militar a comienzos de los años 70: trabajó junto con Pepe Sánchez en “Don Chinche”, dirigió cinco largometrajes en nuestro país, y fue el guía y maestro de una generación de muchachos en Medellín —la generación de Luis Miguel—, que se reunían en torno a él para aprender de cine y, sobre todo, para escuchar sus historias y admirarlo.

Además del documental, Luis Miguel también espera que de la búsqueda de las huellas de Kuzmanich quede una ficción. En noviembre de 2011, fue uno de los tres colombianos elegidos como “secreto mejor guardado de la literatura” en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, pero un poco antes de que eso sucediera, Luis Miguel viajó a Santiago para continuar con su investigación sobre Dunny —como cariñosamente llamaban a Dunav Kuzmanich —. Acá en Santiago nos encontramos para pasear por la Plaza de Armas y hablar, hablar y hablar de todo y de nada; de lo que opina acerca de su reconocimiento en la FIL Guadalajara, por ejemplo: «Es un evento que lleva ese nombre. Como nombre de evento tiene algo de rimbombante, pero es muy bonito y más si uno es de las personas a las que le adjudicaron el epíteto. Quiere decir que no sabían dónde estábamos. Para nuestros respectivos países no somos tan secretos del todo, pero en el contexto internacional y latinoamericano sí es como si nos sacaran de un baúl. Como en los reinados de belleza: no quiere decir que seamos los mejores escritores nuevos, pero tal vez somos representantes. Somos los más visibles de los invisibles. Primero teníamos que haber publicado antes (y eso ya no nos hace tan secretos) y segundo tenían que conocernos en cada país las personas a quienes los organizadores de la Feria les pidieron proponer candidatos.»

O de lo que dijo alguna vez, que “ser colombiano no es una nacionalidad sino una enfermedad mental”, pero si eso es Colombia… ¿qué vendría siendo Medellín?, «Yo me siento enfermo del modo de ser. Y mi modo de ser es colombiano. Yo lo veo en mis amigos, en mí, en las prácticas cotidianas inconscientes que parecen normales: la sumisión de los peatones ante los automóviles, el machismo de las mujeres, la mitificación a ultranza del sentido práctico (fascista viene de facer: hacer), la retórica de la acción. “Hablan mucho y no hacen nada” es una frase paisa con la que fui educado. Yo ya le tengo mucho miedo a la gente que hace mucho y no habla nada. Todo eso sería sano si no matara moralmente y físicamente. Y si mata es una enfermedad. Nadie se muere de sanidad. El miedo de todo el mundo. El miedo del que ni siquiera nos damos cuenta que lo tenemos.»

Y, claro, cómo no íbamos a hablar de Dunav Kuzmanich y, sobre todo, de lo que tiene ese personaje que le atrae tanto su biografía: «Dunav Kuzmanich fue un enamorado de Colombia; la conocía y conocía nuestra historia más que nosotros mismos. Fue un espíritu crítico y un tipo consecuente con lo que pensaba, hasta límites radicales. Y vivió en Antioquia los últimos años, queriendo esa tierra y esa sociedad que paradójicamente encarnaba todos los valores contra los que su sentido de humanidad y justicia siempre peleó. De sus películas sólo “Canaguaro” pasó por los cines, y fue retirada a los pocos días. Si ves hoy en día esas cintas notarás que nada ha cambiado y que su pensamiento es actual. Es uno de los tipos más grandes y valiosos que yo he conocido en persona, más allá de la cosa política. En Medellín se ha creado una corporación para recuperar su memoria y difundir su obra en la medida de lo posible. Con ellos estamos en el proyecto de un documental y ese material de la investigación va siendo también la materia prima de una ficción que voy a escribir. Pero la investigación es larga porque fue una persona que viajó mucho, vivió en muchos lugares e hizo muchas cosas distintas. A veces me pregunto ¿cómo le puede rendir tanto la vida a alguien?»