Morir de amor

Li-Wan tiene 22 años y fue la protagonista de una noticia que dio la vuelta al mundo: intentó suicidarse arrojándose al vacío desde una altura de 24 metros, vestida de novia. Ese fue el último recurso desesperado de Li porque su novio le dijo, unos pocos días antes del matrimonio, que tenía planeado casarse con otra mujer.

Las fotos que circularon por todos los diarios muestran a Li desesperada, enfundada en su vestido arrugado ya y con el brazo del rescatista rodeándole el cuello, salvándola de ella misma.

Fue una noticia bella y cruel al mismo tiempo. Quizás me atrevo a decirlo porque el final no fue del todo trágico. Y también porque entiendo tanto la reacción de Li-Wan que me estremeció como si yo misma hubiese intentado lo que ella. El problema es decir que el amor duele, que el amor puede matar, es que uno se expone al ridículo, a quedar como un cursi o, con buena suerte, como un romántico irredimible. Pero no, no es eso lo que soy ni lo que parezco. Y sí, la verdad es que sí, el amor duele. A Li-Wan la debió atravesar una espada de pecho a espalda cuando su novio le anunció que se iba a casar con otra.

Es así: uno se levanta un día pletórico de amor, y hasta puede pasar el día completo emocionado, ilusionado, idiotizado también, creyendo que la vida no es una carga pesada, que cualquier día, por malo que sea, se puede soportar gracias al amor que profesamos y que nos profesan y todo eso va bien hasta que nos pinchan. Todo es cuestión de ego y orgullo. Y miente el que lo niegue. Queremos ser el único ser en la vida de…

Creo que puedo describir exactamente lo que sintió Li-Wan. Creo que si la tuviera ahora enfrente y escuchara esto, ella asentiría a todo, porque puedo jurar que fue esto lo que le pasó: primero sintió una punzada en el pecho, un filo, una cortada, algo que pincha duro. Luego sintió una opresión brutal, una lucha del pecho por juntarse con la espalda y una voz que le resonaba por todo el cráneo, una voz muy parecida a la de su novio, quizás un poco deformada, pero que le repetía que ella ya no era la única, que allí, en donde somos más sensibles, en nuestro ego, en nuestro orgullo, él, el hombre que ella más ama, está enterrándole un cuchillo. La mató. La enloqueció en dos segundos y luego la mató. Todos alguna vez hemos muerto así.

Yo una vez me morí así y creo que después de eso todavía voy por la vida dando tumbos como alma en pena. A veces, cuando estoy optimista, pienso que sobreviví a una dura prueba, que todo ya fue, que ya pasó. Pero al final me doy cuenta de que no es así, de que la sensación es la misma que tengo después de haber pasado el terremoto acá en Chile. Uno se cree que ya lo ha vivido, que ya fue, que la experiencia no se repetirá, que el miedo se terminó cuando llegó la tranquilidad, pero no es así, el miedo se revive con cada réplica, por suave que sea. Así es morir de amor. Uno se muere un día y a los muchos días más piensa que, porque se levanta todos ellos para trabajar, porque se toma el café en las mañanas, lee el diario, conversa con los amigos, estudia, saca buenas notas, escribe este artículo, le cumple al editor, al director, deja a todos contentos, uno cree que porque camina, come y respira, está vivo y ya. Pero no. Lo que pasa es que la mente, cuyo funcionamiento para mí es un misterio, es una cosa rarísima, no le entrega la misma información a todos los cuerpos. Algunas, como Li-Wan, no pueden asumir la tragedia de saberse muerta en vida.

El dolor con el que uno muere de amor se repite con la misma intensidad con cualquier recuerdo vago. Pero uno se arriesga mucho cuando habla de estas cosas. Morir de amor se ha convertido, gracias a las novelitas cursis rosas y a los culebrones de la televisión, en un melodrama lacrimógeno. Es complicado explicar que cada individuo tiene sus obsesiones muy particulares y que la más difícil de soportar es la obsesión que deja el rechazo de un amante. Que no es ni ridículo, ni cursi, ni descabellado vestirse de novia para lanzarse desde una ventana a 24 metros de altura. Yo la entiendo a Li-Wan. Si a uno lo matan o se muere de amor un mal día, todas las ventanas le parecerán, siempre, puertas por las que se puede salir corriendo para huir del dolor insoportable.

  • Evangelina Romero

    es cruel sentir la traición de un amor, pero no vale la pena perder la vida por una persona que ya no nos quiere, siempre hay algo por que vivir.

  • TMGP

    Muy bueno!

  • Espectacular. Quizas la unica diferencia entre ella y muchos de nosotros es el coraje.

  • Isa

    Espectacular… a mí también me mataron así hace mucho y apenas ahorita estoy renaciendo, genial esta nota

  • Margy

    Es una descripción perfecta de lo que sentí cuando leía ésta noticia. Fue una sensación de solidaridad. Porque los que hemos muerto de Amor, entendemos locuras como estas. Muy buen articulo.

  • Bueno, bueno, bueno. Escrito con todo el sentimiento y la razón de la vida: el amor, más que a nadie, por uno mismo.

  • Santiago

    Que buen articulo