Sálvese el que pueda

Hay momentos en los que uno siente repulsa, aún peor: asco por el país donde le tocó nacer. Hay momentos en los cuales, aunque uno viva a miles de kilómetros, se siente más cercano a la vergüenza que al orgullo y la nostalgia. No es un asco por ese “objeto” en sí que es el país, para que me entiendan. No es un asco por los símbolos preciosos que dizque hacen a este país: la bandera, el café, Shakira, Juanes, no. No es un asco por la tierra en sí. El asco es, en verdad, esa sensación de estar en medio de una cruel epifanía: que a Colombia le sobran los colombianos. Que lo peor de este lugar es su gente. Que lo somos todos. Y sálvese quien pueda.

A la juez Gloria Constanza Gaona la mataron de camino a su trabajo. Su trabajo consistía en investigar, entre otras cosas, el horrible caso de los hermanitos Torres, asesinados en Tame, Arauca. El presunto culpable es Raúl Muñoz, un subteniente del Ejército que abusó sexualmente de una menor de 14 años (hasta donde tengo entendido ya lo confesó), y que asesinó a sus hermanos para no dejar testigos. Gloria Constanza, mujer valiente sin duda, investigaba como le corresponde a todo juez. Pero la mataron. La “vuelta” la hizo un sicario joven que la “borró” del mapa. ¿Y uno qué puede pensar? Que detrás de esta muerte, como de tantas otras, se esconde un ‘secreto a voces’. Que en Colombia las manos sucias del subteniente Muñoz valen la vida de una juez que estaba haciendo su trabajo como correspondía, en un Estado donde los pasados ocho años se alardeó de una Seguridad Democrática que no termino de entender: que alguien me explique qué tipo de seguridad de algodón de dulce es esa, que no le da garantías a los jueces. ¿O ahora me van a venir con que la tal Seguridad Democrática funciona solamente con su líder a la cabeza? ¿O funciona solamente para los militares, apoyados por el DEMIL ―institución ‘privada’ que funciona con recursos del Estado y que defiende a los militares y de la que Daniel Coronell habla en su más reciente columna en Semana―? Sí, porque además de que no existen garantías para los jueces que investigan los crímenes, los criminales son defendidos con los impuestos que paga el pueblo.

A los colombianos se les ha fundido el fusible de la indignación y lo activan en los momentos equivocados. Y cuando digo ‘los colombianos’, no me refiero solamente a esa ‘gente de bien’ y ‘echá pa’lante’ que le enrostran a uno cada vez que habla estos temas. Me refiero a todos, incluidos esos colombianos que tienen a su cargo los organismos e instituciones que se encargan de vigilar, de ordenar, de legislar, de defender… Hace poco la Procuraduría General de la Nación pidió investigar a la revista SoHo por la publicación de unas fotos que documentan la pedofilia de los sacerdotes católicos. Esto fue en la edición 131 del mes de Marzo de este año. No se demoró nada el Procurador en reaccionar frente a este caso. Y eso no sólo demuestra que lee la revista SoHo, sino que parece que es lo único que lee, que no ve noticieros, que no lee diarios. No leyó, por ejemplo, ese reportaje tan triste, tan doloroso, tan bien investigado por la periodista de El Espectador Laura Ardila Arrieta, donde se devela la realidad de los niños que ejercen la prostitución en Cartagena.

Aun si las fotografías de SoHo nos gustaron o no, aun si quienes contemplan esas fotos las consideran arte, o no, la actitud del Procurador es la de un inquisidor cazabrujas que al parecer no tiene clara la función básica de la Institución de la que es representante: «vigilar el actuar de los servidores públicos y advertir cualquier hecho que pueda ser violatorio de las normas vigentes, sin que ello implique coadministración o intromisión en la gestión de las entidades estatales.»

Pero ¿qué es lo que indigna realmente a los colombianos? Nada. O sí: se movilizaron por una lechuza, y casi crucifican al futbolista que la pateó, pero no me queda muy claro qué piensan del saqueo, la corrupción, el descaro con que los Nule y los Moreno robaron al país. Todos los colombianos ―y lo digo con conocimiento de causa, porque los padezco casi a diario― andan por el mundo predicándole a quien quiera escucharlos las bondades del país en el que nacieron. Un país que es una vergüenza, con un Estado que no garantiza la seguridad de sus jueces; que no es capaz de juzgar a los ladrones que se lo desfalcan; que permite que esos ladrones vayan a ‘descuerarse’ a Miami. Un país que a juzgar por el carácter y el talante de los políticos que lo gobiernan, le deja a uno serias dudas sobre el carácter y el talante de los votantes que los eligieron. Un país al que están violando y parece que le gustara.

Los ocho años del gobierno de Uribe fueron nefastos ―con algunos escasos momentos de lucidez, pero nefastos―. Santos ha sorprendido con una forma de gobernar diferente, y ojalá siga así. Pero a Colombia lo que le faltan son colombianos capaces de sentir menos orgullo y más vergüenza por este país inviable. La vergüenza seguramente llegará el mismo día que la educación, pero no guardo esperanzas. En su columna más reciente, Antonio Caballero habla de 27.300 casos de desaparición forzada que investiga la Fiscalía. A mi me aterra. Me da un escalofrío cuando veo la siguiente analogía que hace Caballero: «Son más que los que se cometieron en Argentina y Chile durante los años de plomo de las dictaduras militares».

La conclusión, en todo caso, es más desalentadora que eso: los hechos ―y no sólo los hechos recientes―, dejan en claro que Colombia es un país de gente indolente, incapaz de sentir vergüenza: es un país de bárbaros. Me quedo con algo que me dijo hace poco Ricardo Silva Romero en el transcurso de una entrevista, y que condensa perfectamente lo que nos pasa: «(…) que todos entiendan en Colombia que matar está mal porque que la justicia reemplace a la violencia es el paso que da una sociedad de la barbarie a la civilización».

Y el corazón se encoje cuando uno ve a un padre llevar el cuerpo de su hijo a la Plaza de Bolívar, para denunciar que el joven se negó a ser un “falso positivo”. Pero en un país camandulero como Colombia, todos se conformaron ya con la simple consagración al Corazón de Jesús, y eso les parece suficiente: encomendarse a un corazón de piedra.

  • Es algo así como esto:
    un chico que toca arpa y vive en NY y por cosas de la vida termina apadrinado por el gingante del jazz latino Paquito d’ Rivera y ahora arrasa, el pasado 9 de abril tuvo su PRIMER concierto en su vida en Bogotá-Colombia…

    “Da tristeza tener que irse del país para traerle al mismo país lo que él ya tiene”.

    Yo comprendo lo que dices en este blog. No es arribismo ni patoterismo lo que sostienes, es una realidad monda y lironda: lo que da asco es esa masa tumefacta que la están violando y lo que hace es, aún sangrando y tambaleándose, levantarse para defender al violador… porque es el único contacto humano que ha sentido.

    Yo lo sostengo una y mil veces: el cambio principal en Colombia tiene que ver con su inteligencia emocional. Si empezamos a revisar la violencia sexual en el país como cultura endémica, se hace más del 50% de la tarea de “sacarlo adelante”… no de empujar al borrico hacia el abismo.

    Fuerza y un abrazo desde tabogo hasta chile (¿andas por allá, no?).

  • juan guanus

    catalina como todos, los que se van hastiados de la corrupcion criminal,quiere volver,muchos lo hacen y sienten la impotencia ante la indiferencia y la indolencia de nuestros conciudadanos.

  • Estoy de acuerdo y no…

    Yo también he sentido vergüenza de Colombia por todo eso que escribe… de hecho, el año pasado de tanta vergüenza y de tanta desesperación deseé irme del país y por cosas de la vida terminé haciéndolo.

    No sé si es porque llegué a un país que da más vergüenza que el nuestro, o porque desde la distancia me he oxigenado un poco (o idealizado otro tanto???), o porque haciendo comparaciones, me doy cuenta que sí hay cosas rescatables en Colombia (y no es Shakira, ni Juanes, ni Colombia es Pasión, ni nada de esa propaganda barata)es ver que en Colombia, a pesar de que son pocos, hay quienes denuncian, quienes cuestionan… que hay instituciones que sirven, como la Corte Constitucional y últimamente la Corte Suprema de Justicia…

    Si, queda todo lo que describe y que a mi como a usted tanto nos molesta, pero…. lo fácil es irse y criticar desde afuera… lo difícil es quedarse y seguirlo intentando… por eso, yo si pienso volver, creo que todavía hay cosas por hacer (quizá luego la vergüenza me vuelva a invadir… hummm).

  • juan guanus

    No es el pais fisico colombiano,lo poco que va quedando, lo que averguenza es el pais politico y los que lo apoyan los medios de comunicacion que desinforman y apoyan los corruptos,la mentalidad de tantos como Arturo que repudia y rechaza la realidad que el describe si la ve impresa, los que como el reaccionan con rabia a los que tienen ojos para ver,son los responsables de la verguenza que provoca una sociedad criminal,que tristeza ser colombiano!

  • ricardo uribe

    La iglesia católica es la empresa criminal más grande que le ha tocado sufrir a la humanidad.
    En su haber lleva más de 9 millones de víctimas a través de su tenebroso pasado. Más que el holocausto nazi.

  • maria clara

    No hay palabrasss,,, es la gran verdad,

  • Arturo

    Es muy fácil hacer de juez cuando no se ha vivido,es fácil juzgar cuando se lee lo que otros escriben,es fácil sentir vergüenza de lo que no se conoce.Usted podrá sentir vergüenza de Colombia y de los colombianos y la verdad es que no nos hace falta sus sentimientos de repulsa.Es fácil alejarse, ver los toros desde la barrera y después rasgarse las vestiduras.Lo difícil es vivir aquí,sufrir muerte tras muerte hasta hacerse insensible a la misma,lo difícil es en el día a día encontrar que los colombianos no somos parias ni asesinos ni renegados ni merecedores de su vergüenza ni su lastima.Si le da vergüenza ser colombiana es su pensamiento,si le da vergüenza por nosotros busque el lugar mas profundo del baúl de sus recuerdos y déjela ahí.Siga donde esta,que sea feliz y déjenos a nosotros con nuestra alma cansada y dolida y si tiene que escribir algo que sea sobre la sexualidad de las langostas.

  • Julio Cesar Toro Valencia

    …aun estoy sin palabras… lo que has escrito es tan cierto que vuelve a doler… realmente en eso pienso mucho y me da verguenza, rabia…. asco… ver en las principales páginas de los periódicos del país, las noticas más leidas… Shakira y Pique, 10 pasos para hablar de sexo con sus hijos, no se quien se dio golpes con no se quien, disfrutamos viendo banalidades sin sentido, mientras nuestro país se desangra sin que a nadie le importe y a quien le importa simplemente……. disfrazando todos los hechos con reinados, algún evento deportivo… pan y circo para el pueblo mientras sus gobernantes hacen lo que quieren…. y nosotros, tan miopes, tan dormidos seguimos día a dia… toleramos la muerte y nos indignamos con un futbolista que patió una lechuza… pero como dice Milan Kundera… “porque todo en este mundo está perdonado de antemano, y por tanto, todo cínicamente permitido”

    Un abrazo desde colombia… me gusta mucho leer lo que escribes… gracias! mientras tanto, trataré de despertarme y despertar a alguien más… no podemos estar dormidos para siempre…