Daniel Samper Ospina y la reivindicación del “derecho a ser insolente”.

Foto de Luis Carlos Cifuentes (Editorial Santillana). http://farm5.static.flickr.com/4076/4943748164_9392c88cb9_b.jpg

A estas alturas, Daniel Samper Ospina ya es un ‘niño terrible’ del periodismo colombiano. Consiguió – desde su cargo como director – el éxito comercial y editorial de la revista SoHo. Como columnista de la revista Jet-Set, se burló de la alta sociedad bogotana, de sus personajes, manierismos, eventos y fiestas, hasta el año 2008, cuando la revista Semana lo integró como columnista de política y actualidad. Desde entonces, semanalmente, Daniel Samper Ospina se va de lengua – ¿o de pluma? – y sus burlas, extremadas a veces hasta la insolencia misma, no dejan indiferente a nadie. Están los que lo leen con rabia, despreciando su estilo, y están los que aman su desenfado. La popularidad lo persigue hacia donde vaya: abrió su cuenta de twitter hace un par de meses y ya va por los 44.000 seguidores. Tal vez ese dato no sea relevante para algunos – sobre todo para los escépticos de las redes sociales –, pero sí permite hacernos una idea somera de la gran llegada que tienen sus columnas en los lectores.

El humor es el recurso que ha azotado para criticar el “circo” que siempre ha sido la política colombiana, y que – como tantas veces el mismo Daniel ha repetido – se hizo más evidente en el gobierno de Uribe. Personajes como José Galat, Elsa Noguera, Armando Benedetti, Rodrigo Rivera, Angelino Garzón y Andrés Felipe Airas (quién en una columna fue apodado “Pincher” y ahora toda Colombia así lo llama), entre otros, fueron víctimas de su colección de burlas que muchas veces se leen con suma amargura, porque es innegable que en medio de los chistes y la premeditada irreverencia se descuera un país que a todos nos deja perplejos, por lo absurdo.

Lo último de Daniel es su libro, “El club de los lagartos”. Tanto tiempo se la pasó hablando de esa especie en su columna que no le quedó más remedio que compilarlos a todos en un divertido – y cruel – libro que se está agotando en las librerías. Los lagartos le deben mucho a Daniel y están en su mejor momento: en poco tiempo han conquistado la presidencia del Senado y algunos ministerios, muchos cosechan lo sembrado durante el gobierno de Uribe y otros, seguramente, nacerán y harán carrera durante el gobierno de Santos. Los lagartos de la política colombiana gozan buena salud, pero si un día llegan a ser especies en vía de extinción, quedará este libro para recordarlos con cariño y humor (o con rabia e impotencia).

Entrevisté a Daniel por teléfono un día antes de que viajara a México, y lo sorprendí en una (seguramente masiva) firma de libros que se llevó a cabo en dos librerías de Bogotá. Me dan una buena noticia – me dijo con su voz serena y cordial –. El club de los lagartos va para su cuarta edición. Pero no fue lo único que me contó. También hablamos de todo esto:

LG: Define lagarto.
DSO: Lagarto es un modismo colombiano que denota aquella persona que es arribista, que trata de trepar en el árbol del poder, que suele tener esa detestable condición de poderosa ante los débiles y débil ante los poderosos, que va a cocteles, que se la pasa intrigando, que es aduladora, digamos que es la reunión de todos esos defectos es lo que en Colombia se llama lagarto. Y, a la par de eso, aquí hay un club que casualmente se llama El club de los lagartos, no porque sus socios sean lagartos, yo no sé bien cuál fue el origen del nombre, pero entonces en el libro hay una columna que se llama El club de los lagartos y me pareció que tenía el doble sentido de que puesta en el titular y con la ilustración que tiene en la cual aparecen muchas personalidades de la vida colombiana pues todo el asunto se daba como si me estuviera refiriendo a los lagartos arribistas.

LG: ¿Quién es el lagarto mayor?
DSO: Mira es una pregunta muy difícil porque si yo digo un nombre temo estar ofendiendo a quienes no menciono. Por ejemplo, si yo digo Roy Barreras, probablemente Armandito Benedetti, o Rodrigo Rivera se sientan ofendidos. Entonces por lo pronto no quiero comprometerme con alguno.

LG: ¿Es posible clasificar a los lagartos?
DSO: Uhm… Me costaría trabajo clasificarlos. Digamos que han salido nuevas subespecies de lagartos, y que eL uribismo trajo a varias. Entonces, el adulador uribista digamos que tiene unas nuevas facetas, y pensaría yo que gracias a él se creó un animal nuevo que es un lagarto pero con espíritu de sapo.

LG: ¿De qué o de quién no te burlarías?
DSO: Pues la verdad nunca he pensado en quién no, pero creo que parte del éxito que ha tenido la columna es que hay un cierto sentido de la irresponsabilidad, una manera de ejercer el derecho a ser insolente como quizás muy pocos lo hayan ejercido por lo menos actualmente en Colombia. Y creo que todo el éxito consiste en que nunca me he puesto el límite de quien no burlarme aun corriendo yo riesgos de sobrepasarme con personas… No sé… Como Elsa Noguera, por ejemplo, ya que siendo este un país tan políticamente correcto en su superficie, pues recibió esa burla como si quizás fuera un exceso. Pero no suelo autocensurarme de ninguna manera.

LG: ¿Has asistido a algunos de los odiados cócteles?
DSO: Sí, claro, por mi oficio en SoHo más de una vez me ha tocado asistir. Trato de mirarlo siempre con algo de sentido del humor, y me sirve como para hacer ejercicios de observación en el momento de escribir posteriormente una columna al respecto.

LG: ¿Tuvo algo bueno el gobierno de Álvaro Uribe?
DSO: Pues yo creo que de bueno tuvo el gobierno de Uribe, que nadie le puede negar, que cumplió un mandato. El fue elegido para darle bala a la guerrilla. Estábamos todos hastiados de la guerrilla; esta no solo ha sido la guerrilla más sangrienta de este continente, sino también la más torpe, la más ciega y la más idiota, y por culpa de esos excesos de esa guerrilla pues se produjo un monstruo, un fenómeno como Uribe, y nadie le puede quitar, en todo caso, a Uribe, que él subió con el mandato de darle bala a la guerrilla y efectivamente le dio bala a la guerrilla. Ahora, no todo el país tristemente se cuestiona si cualquier cosa es válida con tal de darle bala a la guerrilla, y si uno también debe perdonar un sistema que produjo los llamados falsos positivos, que es una cosa escalofriante: más de 3000 muchachos que no tenían nada que ver asesinados, disfrazados de guerrilleros posteriormente y presentados como muertos en combate para que algunas personas del Ejército recibieran premios. Ceo que es un número quizás similar al que dejó la dictadura de Pinochet de modo que el hecho de que él haya cumplido su mandato no quiere decir que para algunos, así no sean muchos, la mayoría sobre la minoría, haya reparos en el como: no todo vale.

LG: ¿Qué es lo más importante que has aprendido de tu papá, Daniel Samper Pizano?
DSO: Pues yo creo que mi papá es un tipo que ha sido muy respetuoso de su oficio, muy trabajador, un hombre al que yo desde niño veía trabajando desde las 5 de la mañana sentado frente a un computador, parándose a consultar diccionarios, meticuloso, comprometido con su oficio, responsable, cumplido y bueno creo que sobre todo eso, eso yo creo que fue su legado.

LG: En un capítulo de ‘Dejémonos de vainas’, Ramoncito dice que cuando grande quiere ser futbolista profesional y jugar en el Santafé. ¿Querías eso de niño?
DSO: [Risas]. Pues qué más quisiera yo que haber sido futbolista del Santafé, eso sí es verdad, pero resulta que en un entrenamiento salté, me caí, tuve un golpe muy fuerte en la cabeza, quedé con el cerebro bastante disminuido y la única salida laboral que me quedaba era el periodismo.

LG: ¿Por qué Colombia es un país Inviable?
DSO: Yo creo que las locuras que nos suceden; esas pequeñas situaciones en las que nos vemos envueltos casi a diario. Por ejemplo, bueno, yo no sé en qué otro país del mundo, por ejemplo, al vicepresidente el primer día de trabajo le dé un amago de infarto y le tengan que remendar el corazón con cinco puentes coronarios, es decir, la cantidad de lechona y de rellena que se necesita haber comido durante muchos años para llegar a ese punto es algo que sólo su sucede en este país. Bueno, pues todo lo que tu ves, esto más que un país es un circo en el que te descuidas dos minutos y el presidente Santos está recibiendo en palacio a un enano con gafas oscuras que baila reggaetón, da declaraciones poniéndose la camisa amarilla de un ciclista, y es un país que por donde tú lo veas es tan caricaturesco que es, digo yo, inviable.

LG: Hace unos años enfrentaste un escándalo religioso por algunas fotos de desnudos publicadas en SoHo, alusivas a la Última Cena. En ese entonces dijiste que no eras ateo, sino que descreías de la Iglesia. Por lo que escribes en tus columnas uno pensaría que realmente no crees en Dios…
DSO: Pues no sé la verdad. Yo creo si existe o no existe es un debate interno que dejé de darme. Ya como que decidí que fuera un problema de él y no mío, su existencia. Tengo la esperanza de que exista. Aspiro a que exista. Pero tristemente soy una persona muy racional y muy positivista y me cuesta trabajo a veces tratar de encontrarle sentido a todo este asunto en el que estamos metidos todos, y que probablemente no sea más que un ímpetu biológico, un brote de la biología de unos ciclos, que no tiene nada de metafísico.

LG:¿Qué estás leyendo ahora?
DSO: Pues casualmente ahorita me estoy leyendo el último libro de cuentos de Woody Allen, me ha parecido muy bueno. Suelo leer en simultanea algún poeta. El de ahorita es una antología de ‘Visor’ de José Emilio Pacheco, el poeta mexicano. Leo varios libros al tiempo, otro libro que me estoy leyendo, pero ya como picándolo de a ratos antes de dormirme, es una biografía de Joaquín Sabina, de cuando él no era famoso, una biografía que me ha parecido bastante buena. Entre esos tres libros me estoy moviendo ahorita.

LG: ¿Y cuáles son tus autores colombianos preferidos?
DSO: Ricardo Silva Romero, Antonio García Ángel, Santiago Gamboa, entre los que se me vienen ahora a la cabeza. Creo que el libro que escribió Héctor Abad, El olvido que seremos, es el libro más importante de los últimos años en Colombia. Y creo que ese es el libro más importante que se ha escrito en los últimos 20 años.

LG: Eres un férreo antitaurino, pero muchos opinan que las peleas de gallos, deporte que también es legal en Colombia, no reciben tanta atención de los medios. ¿Qué piensas tú?
DSO: Pues yo rechazo las dos. Me parece igual de cruel poner a dos gallos a pelear que salir y marear y torturar a un toro. Ahora, probablemente el espectáculo de lo del toro, al estar el ser humano involucrado directamente en la plaza de pelea, pues digamos que adquiere una resonancia diferente en este tipo de debates y la gente puede suponer que hay una crueldad del ser humano un poco más directa de la que puede haber entre dos gallos que pelean. a mí francamente no me gusta, me parece perverso que el ser humano pelee con los animales, o induzca a que peleen los animales entre sí con el fin de explotar comercialmente la sevicia.

LG: En tiempos en que cada vez más revistas cierran y entran en crisis ¿A qué se debe la vigencia SoHo que lleva ya once años?
DSO: Pues yo creo que es una mezcla muy bien lograda entre temas digamos que originales con algún giro de creatividad, firmas internacionales de primer nivel y fotografías eróticas de mujeres muy famosas. Eso bien mezclado, bien administrado, ha hecho pues que la gente todavía no se aburra de la revista y que sea una revista tan entretenida de ver como de leer. Creo que esa ha sido su magia.

LG: En Octubre de 2008, Carolina Sanín se refirió a tu labor en SoHo diciendo que promueves la explotación del cuerpo femenino, y que esto a su vez es un “estandarte de la traquetización en Colombia”. ¿Cómo manejas en SoHo esa relación inevitable modelos vs narcotráfico?
DSO: Pues mira, nosotros simplemente tenemos la política de sacar a la mujer que esté de moda, sea actriz o sea modelo, siempre sacamos mujeres muy famosas en la portada. Ya si hay algunas mujeres del mundo del modelaje que están involucradas pues con la mafia es una cosa que les incumbe a ellas, y que lamentamos, y que nos parece bastante deplorable, pero pues nosotros simplemente sacamos a la actriz que está de moda, la que esta sonando, la que creemos que merece salir porque está triunfando en ese momento en la televisión, y no creemos que eso tiene que ver nada con el supuesto hecho de que estamos promoviendo la narcobelleza.