Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza

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Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza
Buenos Aires, Planeta, 2009.
136 p.

Este ha sido, para mí, el mes de los libros de cuentos, del corto aliento en la literatura. Me llegó caído del cielo Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza de la escritora cartagenera radicada en Buenos Aires Margarita García Robayo.

Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza es una colección de nueve cuentos, protagonizados por nueve mujeres de diferentes edades y con diferentes problemas y situaciones, que sin embargo están enlazadas entre sí por algún detalle de la historia. Por ejemplo, en el relato Miriam sabemos que ella es mamá de la protagonista de otro relato, Diana. Sin embargo, estas mujeres están unidas por otras características: momentos de soledad, de frustración y de impotencia.

Son varios los méritos de este libro. Primero, el lenguaje simple, que le da fuerza a los momentos clímax de cada historia. También están las descripciones que permiten “ver” cada historia como si fuera un corto. Margarita (por lo que ha dicho en entrevistas) es una fanática de las series de televisión, y entiende como muy pocos autores de ahora, que nuestra generación está atravesada por lo audivisual. Los libros pelean su lugar en nuestro ideario con la televisión y, ahora, con internet. En estos cuentos se puede apreciar esa influencia el uso de técnicas narrativas audiovisuales en función del impacto final de la historia, y el resultado es, por supuesto, muy elegante.

Finalmente, el otro gran mérito de este libro es contar historias sencillas, cotidianas. Cada una de las protagonistas de estos cuentos se mueve en un ambiente natural, espontáneo, familiar, y el lector puede caminar en sus mundos, acompañarlas, detestar a algunas – yo, por ejemplo, detesté a Diana, personificación de la amargura y de cierta hipocresía – o adorar a otras, como a Mary, y a Susy, la chica que participa en el concurso de televisión de nombre bien particular Fuera ignorantes, y que íntimamente se desvela esperando a que su padre la encuentre bonita e inteligente. Acá vale anotar que la televisión es un objeto muy presente en todos los cuentos, de la misma forma que está presente fuera de la ficción, como un elemento de evasión.

En suma, este libro fue el comienzo con pie derecho de Margarita en la literatura. Y estas historias valen la pena porque están narradas por una voz fresca y honesta, y porque a su vez transitan por un camino en el que no caben los lugares comunes en los que se ha transformado, de un tiempo para acá, la literatura escrita por mujeres.

Un botón de muestra de este libro: Mary.

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