¿Dónde está el negro?

El mayor peligro del racismo es que se encuentra escondido de tal forma en nuestra cotidianidad que resulta difícil encontrarlo. El problema es que no notamos la forma como vemos a las otras personas hasta que la realidad se estrella frente a nuestros ojos. Nos damos cuenta de qué tan racista es nuestra cultura, cuando nos preguntan cuántos protagonistas negros tienen las novelas en nuestro país.

La respuesta de las asociaciones y sindicatos contra el racismo suele ser, entonces, contundente: se debería incluir a una persona de color como protagonista en las novelas, se deberían incluir más personajes afrodescendientes en las series. La solución al problema cultural que tenemos parece ser resuelto por cantidad. Resolvemos el racismo en este país metiendo negros en la pantalla cada 5 minutos.

Esto me recuerda a esa serie de televisión de los 90 llamada Capitán Planeta, Un superhéroe ecologista y su grupo de 5 amigos, que bajo un criterio selectivo muy parecido propio del arca de Noé estaba conformado por una persona de cada raza. Y todo parece bonito e incluyente, hasta que nos damos cuenta de que esa distinción no hace más que resaltar el hecho de que todos son diferentes y que la inclusión por incluir no es más que otra fachada del racismo. Resaltamos el hecho de que somos diferentes y otorgamos un espacio a esas “minorías” por una obligación moral o ética.

No se puede negar por supuesto, que otra gran parte del problema radica en los estereotipos que giran en torno a las razas. Hay un capítulo de la serie ‘Everybody hates Chris’ (un programa de TV. sobre la adolescencia del comediante) en la que lo obligan a entrar al equipo de basquetbol porque se da por supuesto que todos los negros son buenos jugando ese deporte. Resulta obvio subrayar los papeles que se les otorgan a las negritudes en Colombia, como choferes, empleadas domésticas o palanqueras, o sin ir al plano de los oficios, las preconcepciones regionales del negro como alguien flojo y parrandero o incluso una idea que puede parecer inofensiva como la del mulato que sabe bailar.

Entonces, el problema no radica en que no nos importe que salgan o no en la televisión sino que le damos demasiada importancia. En lo personal considero que nos debería dar un carajo el color del protagonista, deberíamos enfocarnos en su personaje. Dejar de contarlos y buscarlos en la pantalla como si estuviéramos jugando Dónde esta Waldo.