The human show

Con estas palabras Cristof defiende su postura y justifica (si es necesario justificar algo que parece ser aceptado universalmente) el propósito del show. La Frase tiene poder porque refuerza el motivo de su éxito. El director sin embargo ignora un dilema: Si todo lo que rodea a Truman es parte de una ficción construida, y el ser humano es inevitablemente el producto de la sociedad que lo rodea, ¿Truman no sería por resultado lógico tan ficticio como los actores que fingen ser sus vecinos y amigos?

Me hago la pregunta mientras repito por séptima  vez la escena de la entrevista en la que se devela todo el contexto y Ed Harris le revela al espectador que en su mundo de 5.000 cámaras es él el Dios que ha hecho posible el éxito más grande de la televisión: la transmisión en vivo de una persona, 24 horas al día 7 días a la semana. The Truman show es una de mis película favoritas, y es con The Cable Guy (lamentablemente despreciada por los fans que intentan verla desde la perspectiva de una comedia) una de esas historias que demuestran que el drama no radica en un par de lágrimas rodando por la mejilla en un primer plano.

Resulta, sin embargo, impactante ver cómo refleja la obsesión y popularidad que han adquirido en la pantalla en esta última década los realitys shows en todo tipo de franjas. Cada canal privado tiene dedicado un espacio para los programas, que parecen remplazar al anterior como zombies. O en el campo internacional tenemos a MTV que dejo de pasar música para enfocarse en contarnos el interior de la vida de una adolecente embarazada o los comentarios de unos padres entrometidos que buscan a quien meter en la cama de su hija.

¿Cuál es ese vacío que los realities han ocupado desplazando a las ficciones de antaño como las novelas? Una opinión general parece defender la idea de que el atractivo radica en que muestran personas de carne y hueso, pero la popularidad de los cele-realitys, en donde los protagonistas son modelos, actores y deportistas no encaja del todo con esta hipótesis.

A mi parecer, el encanto podría encontrarse en una especie de voyerismo en el cual buscamos ingresar a la vida personal de alguien. La sensación de que los observamos dentro de su casa, dentro de su espacio personal, de que no hay un lugar privado para ellos y que cada segundo pertenece a nosotros los mirones.

El observar es un proceso de puro aprendizaje y sin embargo hay un morbo escondido en ese placer que encontramos en los realities. Da la impresión de que la persona en frente de las pantalla se encuentra en un estado de indefensión, que a través del lente lo podemos ver tal cual es, sin mascaras o tapujos, encontramos placer en sus desnudez (no siempre física) y nos deléitanos con el papel de observadores, donde tenemos suficiente espacio para estirar las piernas. Es que expuestos frente a nuestros ojos esas personas difícilmente memorables parecen más reales que nuestros compañeros de trabajo y amigos, e incluso más reales que nosotros mismos.

Y al final, nos damos cuenta de que son tan verdaderos como el cielo azul de Truman.

Debe ser por eso que al igual que en la película cuando se acaba el show nos preguntamos si hay algo más que ver y cambiamos el canal.

  • Said

    Me encanta la reflexión en el penúltimo párrafo.