IN-ADAPTADOS

Uno de los tesoros que traje de la pasada Feria del Libro fue el primer tomo  de Canción de hielo  y fuego: Juego de Tronos. Después de terminarlo (y esperar el segundo, pues estaba  agotado) decidí matar el tiempo viendo la adaptación de la serie que sacó HBO. Y aunque sé que cualquier fan de la serie recalcaría que el trabajo de los actores es genial, que el ambiente fantástico está bien plasmado y que al menos dos veces por capitulo es posible ver una teta al aire… en general para mí resultó decepcionante.

Es un mal compartido creo. Ninguno de mis amigos aficionados a la lectura suelen salir de la sala de cine sin la frase: “el libro es mucho mejor”. Los guiones inspirados en novelas suelen ser despreciados por los fans. Tengo que admitir que siempre que veía una película de Harry Potter lo hacía con la chispa de criticar, de encontrar errores y, por qué no admitirlo, de indignarme con el director por hacer un ‘pésimo trabajo’.

Y en este punto tengo que admitir que algo está mal en estos juicios, pues es imposible pedir al cine o la televisión, que trabajan con unos medíos y herramientas diferentes, contar la historia de la misma manera en que lo hacen los libros. Es natural que en la adaptación se implementen las técnicas propias para relatar y por lo tanto son injustas frases como: “¿a quién se le ocurrió eliminar X escena del libro?” o “eso nunca aparece en la novela” También resultan ridículos argumentos como “la película la hicieron para ganar dinero” pues los libros no crecen en los árboles.

La cosa es que leer (al menos en lo personal) es un acto profundamente egoísta. El escritor puede esforzarse en crear a través de descripciones, perfiles y escenarios, pero es el lector, a través de su experiencia y de su imaginación, quien da las últimas cinceladas a los protagonistas y crea para sí mismo un rostro con el cual distinguirlos. Leer es un trabajo de 2 personas, del autor que a través de las palabras crea un boceto y del lector que agrega una brisa suave o unos labios carnosos (sorprendentemente parecidos a los de aquella chica del bar). Cada segundo de lectura es un acto de creación y cada libro es único e individual para quien lo lee.

El problema entonces radica en que tratamos de leer las adaptaciones de la misma forma en que leemos el libro. La fidelidad que deberían pedir los fans de una obra no debería radicar en unas escenas cortadas o en que su personaje favorito no sea tal y como lo imaginaron, sino que debería radicar en el aspecto clave que hace de la lectura de ese libro particularmente atractivo: el estilo propio del libro. Plasmado en la forma de escribir del autor, en el enfoque que le da a la narración, en el tratamiento desde el cual se desarrollan los personajes y en general de todos aquellos elementos que hacen de ese libro particular.

Y en este aspecto sí debo reconocer que cojean muchas de las producciones. Basta mirar películas  como Satanás o El perfume para comprender que, lejos de intentar capturar el particular atractivo de la lectura, se dedicaron a hacer un resumen práctico de dos horas.

En última instancia este debate se trata también de gustos. Al final quizás somos nosotros los que se tienen que adaptar. Estoy seguro que alguien encontrará la serie de Juego de Tronos fascinante y entretenida a su manera. Cada cual tiene su propia manera de leer sus historias. Yo lo prefiero con “The Fray” como banda sonora mientras el trancón de la 127 se desocupa camino al trabajo

Y con el frío de la lluvia escurriéndose a través de la venta puedo sentir Invernalia más cerca.

  • Lucía

    Soy de esas lectoras que se quejan y quejan. Hasta que encontré un ejercicio nuevo: ver antes de leer. Ver la idea del director plasmada y luego leer y darme cuenta que la mía es diferente sin que sea la mejor.

  • “Winter is coming…”
    Estoy de acuerdo. Las películas y los libros deberían juzgarse por mérito propio, y no como adaptaciones u obras derivativas.

  • Angie Pik

    Totalmente de acuerdo. Estoy cansada del típico “el libro es muucho mejor que la peli”, hay que empezar a apreciar una obra cinematográfica como lo que es, y con los elementos que hacen buena una de estas producciones. ¡Criticar lo que es!