Reírse inteligentemente

Hace poco escuche a un amigo criticarme por contarle que las noches de mis sábados veo los comediantes de la noche. Su conmoción se basaba en el hecho de que no comprendía como malgastaba mi tiempo en un humor que él consideraba tan superficial y masificado. Muy amablemente le pedí disculpas por reírme como los pobres e ignorantes.

Ya antes había oído discutir el tema en las aulas de clases, donde los estudiantes con ínfulas de élite intelectual criticaban a mansalva programas como Sábados Felices mientras sostenían que sus chistes malos estaban dirigidos a un público que traga entero y se ríe de su propia estupidez. Para ellos en sus torres levantadas bajo libros y su propia arrogancia solo hay una clase de humor que vale la pena. El humor Político, como lo llaman, es gracioso porque es “inteligente” y elitista, solo entendido por ellos, los ilustrados de nuestra patria boba.

Es común que la élite intelectual subestime a la gente común que ve novelas y se ríe de los mismos chistes de hace 40 años. Pero resulta absurdo que se subestime y se trate de intelectualizar la risa, algo que es tan natural y espontaneo como respirar. ¿Qué se pretende con esta estratificación del humor? Quizás hacer parte de ese humor ‘inteligente’ que se ríe del obrero, del ama de casa o de la empleada que no entienden de política y se conforman con los chistes de soldados y maricas.

El humorista, en las palabras de María Teresa Ronderos: “No puede mentir por la razón elemental de que la mentira no produce risa: La risa es el choque inesperado de una verdad que no hemos visto”.  Esa verdad no se refiere únicamente a las inverosimilitudes de nuestra política, porque en nuestro país del sagrado corazón el hecho de que nos podamos reír es de entrada una inverosimilitud.

Nos reímos porque encontramos en el discurso del comediante las paradojas de una sociedad que se contradice permanente. Es cierto que el humor político es más estilizado y en cierta medida más elitista ya que no puede ser comprendido por todo el mundo (es necesario, tener al menos un contexto de la situación política del país) pero eso no quiere decir que la generalidad o simpleza del humor de la TV merezca ser catalogado como inferior.

Porque a través de ese humor hablamos de nuestras tradiciones, de nuestras mañanas, de costumbres, de nuestro diario vivir, de nosotros mismos. A través de la risa nos vemos en el espejo sin la máscara de lo correcto (porque la risa no puede ser incorrecta) y en ese sentido es un humor puramente político.

Al final qué humor puede ser más  político que el que habla de nosotros mismos.