El circo romano de la televisión


Imagen Canal RCN

Las personas que, como yo, trabajan en servicio al cliente están acostumbradas a ser gritadas al menos dos veces al día. Es común, porqué en una cultura tan violenta como la nuestra nunca está mal visto alzarle la voz a la persona detrás del mostrador. Pocas veces defendemos al cajero que por X o Y problema se demora 4 minutos más en atender al cliente. En vez de eso sumamos nuestra voz a la de los ofendidos y ejercemos la presión social del abucheo. Semejante bullying masivo solo es una prueba de que la única identidad que compartimos es la rabia colectiva.

Y es en se ambiente de estrés e insultos que el empleado de servicio al cliente llega a su casa con sus oídos retumbando de tanto madrazo mal merecido. Y en cuanto cruza la puerta, como si fuera un eco del desastroso día que acaba de pasar, escucha a dos mujeres echándose pullas. Se acusan de zorra, de perra, de mal amiga, de doble, de triple, de cuádruple, de hijuetantas. Son las 8:00 de la noche y en RCN  Paola Tovar y Sofía Jaramillo desencadenan una discusión por una puesta de cachos, y mientras cruzo el pasillo para llegar a mi habitación aún puedo escuchar los alaridos y comentarios de las mujeres. ¿Soy solo yo, que se la pasa escuchando gente peleando, la única persona aburrida de ver tanta discusión en la tv? ¿He desarrollado alguna especie de alergia a  tan estúpidas discusiones en la pantalla chica?

No es la primera vez que me pregunto esto. Siempre me ha fascinado la obsesión que tienen los canales, en especial con el mal llegado auge de los realities, de mostrar a las personas en su aspecto más conflictivo. Las peleas parecen ser un buen gancho para la audiencia, pues en los comerciales las caras tensionadas y rojas de los concursantes van a acompañadas de música marcial y de frases cargadas de dramatismo. No solo eso, sino que en algunos casos es evidente el interés que tiene la programadora de mostrar este tipo de situaciones reintegrando personas conflictivas o develando secretos poco relevantes para el verdadero fin del show.

Lo que más llama la atención es que no son las peleas en sí lo que nos atrae, sino el morbo de estar en ‘medio’ de una situación de bastante tensión. Es casi como cuando en la calle vemos a dos hampones dándose en la cara, y creamos un círculo para disfrutar del apasionante espectáculo que nos presentan.  Además el televidente termina haciendo parte del conflicto. Se vuelca a las redes sociales e insulta al participante, lo degrada, lo humilla, e incluso llega al extremo de afirmar que si estuviera dentro del programa le callaría la boca por medio de la fuerza.

Y es que el tema vende, ¿o no? De otra forma no se seguirían sacando realities que, detrás de la premisa del colombiano ideal o de la búsqueda del sueño, se empeñan en colocar personajes conflictivos para presentar un circo de verborrea todas las noches. Alguien me dijo alguna vez que no cree que a los colombianos nos guste ver peleas en t.v., sino que es más un modelo que la televisión adopto y que ahora sigue a ojo ciego con la premisa de que es lo que vende.

Y puede que sea cierto. Desde un punto lógico es inconcebible que en un país donde hacemos marchas contra las FARC, donde auspiciamos conciertos en pro de la liberación de los secuestrados, donde corremos maratones para defender los derechos de la mujer, en ese tipo de país que parece querer contradecir esa historia de sangre e intolerancia, nos sentemos enfrente del televisor a ver dos mujeres agredirse por un hombre. Pero, después de todo, este es un país de ilógicos.

Tal vez esté equivocado y en efecto no sea el único que llega a su casa aburrido de tanta intolerancia.  Mundos opuestos no está dando la popularidad que se esperaba y sus fallidos intentos por generar más polémica entre sus concursantes parecen alejar a los únicos televidentes asiduos. Lo mismo sucede con programas como Laura en América, que incluso ha recibido críticas por parte de integrantes del canal, que se preguntan cómo es posible que incluyan un talk show en el que la única forma de conciliación termina siendo agresión verbal por parte de la conductora. Y tal vez resulte siendo lo que dijo algún defensor de los relities cuando afirmó que a través de estos podríamos generar una conciencia ética de la realidad.

  • Angie Pik

    Excelente… ya me estaba preguntando… si era la única agotada

  • milton

    El unico capitulo que me vi de Mundos Opuestos me lo vi para ver a la triple buena de Jaramillo. No me interesan ese resto de gomelas y los manes pues menos