¡Colombianísimo!

Pie de foto:
Fotograma de la película Mi gente linda, mi gente bella que hace parte de la escena en el aeropuerto de Miami.

Somos nosotros frente al espejo… o mejor dicho, frente a la opaca pantalla que refleja la imagen de un hombre de tez morena, facciones adustas. De un hombre que usa ruana y sombrero de paja. Que usa un vocabulario fuerte. Somos nosotros riéndonos de nuestro reflejo en la tele. Somos un chiste nacional.

Hace poco vi la reciente película de Dago Garcia Mi gente linda, mi gente bella: todo un discurso patriótico hacia la identidad nacional relatada por un supuesto extranjero que se queda maravillado por nuestro calor humano y que le recrimina a una agente de inmigración en pleno aeropuerto de Miami que deje de llamarnos indios, brutos, narcotraficantes y delincuentes. Aunque en lo personal considero que la película es pésima (aparte de la secuencia de chistes y referencias “colombianas”, carece de alguna trama interesante) el discurso que da funciona bien. La gente sale del teatro orgullosa de poder llamarse colombianos, algunos aplauden mientras que otros tararean la cumbia que suena al final. Qué bonito es ser parte de “mi gente, mi gente bella…”

La película lleva recaudado hasta el momento en los teatros cerca de $1.400.458.800 (la cifra se puede ver en la www.proimagenescolombia.com) lo que me lleva a pensar que el tema de ser colombiano vende. Nos gusta vernos identificados ya sea en la pantalla grande o en el televisor de nuestras casas. Nos atraen esos personajes que se parecen a nosotros, nos atraen los clichés… incluso aquellos que personifican el ridículo de sociedad que llegamos  a ser.

La televisión se ha percatado de esto y no es gratuito entonces que esté plagada de programas que reafirman estos personajes colombianísimos. El tema de la lucha entre clases esta trasnochado. El modelo de dos familias (una de estrato 6 y lo otra 1) se ha repetido tantas veces que ya roza en lo aburrido. Los clichés que se presentan sin embargo aún parecen referirse a ese barrio pobre que se crea en el imaginario de la tv: con autos de los 70, con zorras, con basura en la calle, con mujeres que despescuezan gallinas y preparan fritanga para sus maridos con barriga de hipopótamo.

Ni hablar del regionalismo que en algunos casos se reduce a un montón de frases “típicas” y a imágenes estereotipadas. O porque no hablar de las minorías colombianas que por ejemplo en el caso de los actores afrocolombianos se ve reducida a el bailarín de mala muerte o empleada de servicio…!

Nos reímos también porque somos abejas, por que pasarnos las reglas por la faja es algo colombianísimo, porque sobornar agentes de tránsito es colombianísimo, por que agarrarnos a golpes por un equipo es colombianísimo, porque hacer tratos bajo la mesa es colombianísimo, porque elegir gobernantes a dedo es colombianísimo.

Reír para no llorar por nuestro país es colombianísimo.

Y reír no está mal, porque nos ayuda a comprender que hay “algo” de ridículo en nuestra forma de ver el mundo, que no basta con que Colombia sea pasión o que nuestra gente sea linda y bella si nos matamos por el resultado de un partido. Entonces en vez de enorgullecernos por esos personajes que nos representan al terminar el programa podríamos preguntarnos:

¿Colombianísimo?

  • andres hernandez

    Es la clara realidad de nuestra sociedad, todos somos parte de esa película diaria llamada Colombia. Ahora bien, cabe preguntarse…¿Cuantas películas de Dago Garcia tienen un argumento distinto?

  • melomano

    Que buen texto. Gracias