You are welcome (primera parte)

http://www.flickr.com/photos/8860619@N06/
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1.

Seis y pico de la tarde, avenida Kurfürstendamm, Berlín. Cámara al cuello, mirada hacia la iglesia del recuerdo de la guerra – die Gedächtniskirche. Diógenes enciende un cigarrillo y suspira. Jala la manija de su pequeña maleta, baja la mirada al piso y se aleja arrastrando los pies. Las ruedas del trolley chasquean y se traban con la gravilla y sal del pasado invierno.

Diógenes y su maleta siguen avanzando lentamente. El muchacho coge
la cámara, dispara una foto al aire y observa a los transeúntes. Siguiente esquina, Achtung! Un BMW casi se lleva por encima a Diógenes y su trolley. Calle tras calle lo mismo. Caminar, parar, esperar. Parar y esperar que alguien le hable, le dirija la palabra, o al menos lo determine… same procedure as every day.

Pequeño, delgado y de tez oscura. Diógenes, el amable empacador del
supermercado Ulrich-am-Zoo, se para frente a un dispensador de periódicos al lado de una estación de buses. „Habbemus Papa“. El muchacho sonríe, ojea el resto de titulares y escupe; saca un mapa de la ciudad y lo hojea. Con algo de disimulo gira la mirada de lado a lado. Enciende un cigarrillo, el último. El tic de su pierna izquierda y la continua escupidera al piso delatan su impaciencia.

Una chica pelirroja pasa a su lado meneando rítmicamente cabellera y falda, la una tipo rasta jamaicana, la otra de seda con tigres, flores y pedacitos de espejo. Diógenes le guiñe el ojo e intenta hablarle.
La muchacha sigue de largo. Mierda. Diógenes mete el mapa en la maleta, aprieta los labios y continúa su camino hacia Wittenbergplatz.
»¡Oye, espera!«, le grita la joven. »¿Qué estás buscando?«
Diógenes da la vuelta y sonríe. »Di Gedekniskirshe«, responde.

Pausa.

Diógenes toma aire. »Die Gedächtniskirche…«, repite, con voz fuerte y
vocalizando. La pelirroja no puede evitarlo y en medio de risas le explica amablemente el camino.

»¿Algo más?«, le pregunta la chica. Diógenes gira el trolley y lo pone
en frente de ella. La chica baja la mirada y se queda observando la
maleta. »¿Recién llegado?«

Bingo, piensa Diógenes. Se dio cuenta de la cinta de embalaje pegado a la manija de la maleta.

»Sí«, responde eufóricamente.

»¿Y de dónde vienes?«

»Cartagena, Colombia.«

La chica abre los ojos.

»Colombia, Latinoamérica«, aclara el joven. El contraste de la piel y los dientes se acentúa al reírse, como noche de luna llena en los llanos orientales.

»Quieres un café o u…una coca cola?«, pregunta Diógenes.

La mujer arruga la nariz. Los ojos de Diógenes se apagan.

La chica le pone suavemente la mano en el hombro. »Espera, está bien,
vamos.« La boca de Diógenes se asemeja a una “emotion”.

»Pero solo un ratito, me voy a encontrar con mi novio en media hora«, le aclara ella amablemente.

No importa, al menos un rato acompañado de alguien, y no solo del televisor.

2.

Un par de años atrás:

Uau. Cabelleras rubias y largas, piernas esbeltas e igualmente largas, Taxis- Mercedes-Benz, minifaldas, congueros, bikinis, parrilladas en el Tiergarten, topless, el decimoquinto Love Parade. Todo nuevo, apasionante, del carajo. Hm…, senos y testículos caídos, viejos y re-bronceados. Brrr, todo esto también es nuevo para él, pero no tan del carajo. Ah, qué más da, esta ciudad es única, piensa Diógenes. Berlín, la ciudad perfecta.

Al comienzo todo el mundo le habla. ¿Nicht verstanden? No hay problema. Manos, pies y una sonrisa – las mejores armas para hacerse entender. ¿Aprender alemán? Qué afán… apenas lleva un par de meses en la ciudad, »ya habrá tiempo pa’ eso, güeeepa«. La sangre caribeña galopa en sus venas. ¡Hallo Berlín, aquí estoy, Diógenes, el Latin Lover!

Primavera, verano, otoño. Cada fin de semana en la Discothek-Eierschale- Zenner en el Treptowerpark, semana tras semana. Sal, limón y tequila, Diógenes se sacude, le sonríe al aire, se va meneando el cuerpo a la pista de baile y termina mezclándose entre todos esos seres desconocidos de habla igualmente desconocida. Small talk por aquí, small talk por allá. Grandes ojos, cero entendido. Bla, bla, bla, bailar y tomar tequila. Hasta las seis, siete de la mañana. El sol sale, Diógenes también. El uno comienza a calentar la ciudad, el otro a apagarse.

El otoño se acaba, el invierno oprime el pecho y el ánimo. Trago y un poco de música le ayudan a Diógenes a continuar con su verano eterno.

Un sábado cualquiera a eso de las once de la mañana: cabeza pesada, boca reseca y escalofrío. El televisor aún está encendido – Plaza Sésamo. Diógenes abre los ojos y eructa. Scheisse, la boca le sabe a requesón. Tambaleando va al baño y escupe restos de papa fritas y Döner Kebap en el lavabo. Aún temblando pone la boca en el grifo y deja brotar un chorro fuerte de agua helada que le refresca por un momento la resaca. Cierra la llave, se seca la cara con la parte inferior de su camiseta esqueleto y arrastrando las chanclas va a la cocina. Calzoncillos y medias quedan por el camino. Se toma un alkaseltzer y regresa al cuarto desplomándose sobre el colchón. En el lavamanos permanecen los restos de una noche más de rumba. De rumba solitaria.

En el piso, regados al lado de la cama, se encuentran un par de volantes que anuncian los próximos conciertos y los bares de moda en Berlín. Diógenes agarra uno. “Black Music”: ¿Solo extranjeros como yo?, nooo, que mamera. Lo apachurra y lo arroja detrás del televisor. Siguiente volante: Un mulato aparece sonriendo con cigarro en boca y sombrero blanco en mano – tres voluminosas mujeres con rasgos latinos y diminutos bikinis lo abrazan y besan. Hm…, ¿cigarros…? Cuba. ¿Cuba…? Caribe. ¿Caribe…? Latin Lover. Perfekt. Diógenes pone el volante dentro de un bolsillo del pantalón que está botado en el piso y se frota las manos. Esta noche será “mi” noche, piensa. Hasta ahora solo ha sido mala suerte – lugar equivocado a la hora equivocada. Diógenes se saca las yucas de las manos, se toma un trago de coca cola que reposa desde hace un par de días sobre la mesita de noche, se da la vuelta, se arropa y se queda dormido…

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Martín Sarmiento Vega ha vivido por casi veinte años en el exterior (Berlín, París, Munich, Barcelona y Nueva Delhi). Ingeniero de profesión y escritor de pasión, Martín ha estado entre los ganadores en concursos de cuento tanto en Alemania como en Austria, siendo, por ejemplo, uno de los elegidos y el único no-hablante- nativo entre más de 1.100 participantes en la convocatoria de cuento hecha por la revista en alemán „Maxi“ en el 2008 y de la cual se publicó una antología con los mejores quince relatos. Desde hace unos años, Martín lleva en su blog „derlatinlover.blog.de“ una especie de diario, en el cual relata sus experiencias como extranjero.

  • …Milton, mira por favor el primer post de stadt, ahí aparece la información necesaria para publicar en nuestro blogsito…

  • Milton,

    gracias por tu crítica sincera, pero te doy un consejo de todo c*r*zón: deja de ser tan amargado y disfruta la vida. Lo que pienses de mi historia es tu derecho a opinar como lector, pero que te pongas a decir vulgaridades y a ofender a personas sin saber si ellas son responsables, es algo muy bajo.

    Y btw., no es a Catalina a quien debes dirigirte si deseas escribir en STADT (ella es la duena de hojablanca y fue muy, pero muy amable de permitirnos a Ángela y a mí de presentar nuestro proyecto en su portal); debes hacerlo directamente a los responsables de este blog: stadt.historias@gmail.com

    Un abrazo y anímate a enviarnos un relato sobre algún lugar que te traiga recuerdos,
    Martín

  • milton

    Ah por cierto si le escrito a este c*lo site para ver si escribo algo, pero no me contestan. Ya me di cuenta que para escribir aqui, tienes que vivir pedaleando un bici-taxi en Londres u cualquier cosa similar en cualquier pais europeo.
    Si vives en el c*lo pais de Colombia, a Catalinita Navarro u quien sea, no le sirve,
    ella (u ellos) quieren experiencias frescas!
    chicos gomelos en europa y asi. en fin.
    Asi me tocara solamente comentar.

  • milton

    Y Que es esta historia?, otro perdedor que cree que la discoteca lo es todo, cierto? Y para eso tenias que escribir en ingles-aleman cierto. Y que es la “camara al cuello” tio?

    Y en fin me tienes que abonar que lei tu cuento

  • Hola Milton,

    no entiendo por qué tu rabia contra Europa. Es un continente muy bello y creo que la gran mayoría de los que hemos tenido la oportunidad de vivir por allá, la apreciamos mucho por habernos dado una oportunidad de salir adelante… Y créeme que me encantaría leer alguna crónica tuya sobre los lugares que has conocido. Anímate y envíanos algo tuyo!

    Muchos saludos y deja el resentimiento, te parece?
    Martín

  • milton

    Ah ustedes y su europa, porque no se van para alla, cretinos!