Las fases de la paz

Por Jorge Andrés Bravo Santana* @JorgeBravo007


Mayo es el mes en el que el Gobierno iniciaría un proceso de negociación con el ELN. Al igual que con las FARC, no sería la primera vez que se sienten a la mesa a dialogar sobre paz, pero podría ser la última.

Los ánimos en el país están divididos en gran medida por la gran influencia que aún tiene el ex-presidente Álvaro Uribe en la agenda política, pública y mediática. Para nadie es un secreto que desde que se conoce acerca del proceso de paz con las FARC en La Habana, la opinión pública se ha polarizado de manera radical entre los que apoyan o censuran la negociación.

Sin importar con qué visión se esté de acuerdo, ha existido una constante en estos meses y es que la ciudadanía ha participado activamente en el debate.

Tal como lo ha resaltado el Gobierno, la participación ciudadana es de suma importancia y un gran diferenciador de este proceso, pues, de culminar de manera satisfactoria, será en las urnas en donde se decida si se aprueba o no lo pactado.

Por eso en Sin Marchar consideramos que es primordial brindar al menos una herramienta que enriquezca este debate y que permita tanto a opositores como simpatizantes del proceso seguir participando activamente en torno a este tema tan álgido.

La mayoría quiere hablar sobre el proceso de paz comparándolo con anteriores, pero sin entender las dinámicas propias de una salida negociada al conflicto. La experiencia en otros países y latitudes ha permitido que haya una ‘guía’ procedimental que ayuda a que sea más probable el éxito que el fracaso.

 

Las fases de un proceso de paz

Sin lugar a dudas esta es una de las fases más importantes, ya que se establece si las partes están realmente convencidas de que van a iniciar un proceso negociador en el que tendrán que ceder algo. De igual forma se garantiza la seguridad de los negociadores y se reconoce la legitimidad de los actores, se posibilita que sean interlocutores.

Cuando el Gobierno anunció el inicio de las negociaciones manifestó que existían desde antes de llegar a la mesa contactos previos con miembros de la guerrilla. Fue en esos encuentros previos que probablemente se haya medido la voluntad de negociar de ambas partes.

En pocas palabras es estar de acuerdo en acordar. Es sencillamente el resultado positivo del cumplimiento de la fase exploratoria. Si se ha generado confianza y se establece una voluntad de negociar, en esta fase se acordará un primer cronograma, una metodología inicial y una primera hoja de ruta.


Se trata de definir el cómo. En el caso del actual proceso se decidió que se haría en La Habana en unas etapas de diálogos. Se sabe también que el acuerdo que resulte será sometido a votación a través de un Referendo Popular. Todas esas reglas de negociación se establecen en esta etapa, incluida la participación de otros actores como los medios de comunicación.


Es la sumatoria de las fases 1, 2 y 3 que suponen lo conocido como ‘Hoja de Ruta’. Serán los principios, tiempos y temas que guíen la negociación. En el caso de la Habana, se inició el diálogo con una agenda de cinco puntos y se ha ido avanzando sobre la misma.


Actualmente el proceso se encuentra en la fase 5 de acuerdos parciales, especialmente en el tema referente a tierras. Una vez se avance de igual forma en todos los temas de la agenda, habrá entonces un acuerdo general, que será el que el Gobierno someta a votación.

En caso de que se apruebe, se pasaría a la implementación, verificación y solución de controversias. El tiempo que tome cada una de las etapas pendientes y que se han abarcado no está definido, pero seguro que toma y podrá tomar mucho tiempo.

Seguir esta guía no garantiza que una negociación sea exitosa, se deben tener en cuenta contextos particulares y la manera en que se vinculan más actores al proceso. Es claro que una excesiva participación de los medios de comunicación puede ser perjudicial, como sucedió en El Caguán, y un extremo hermetismo como el proceso de desmovilización de las AUC puede causar igual daño.

Cada proceso es único, pero existen unas etapas que son necesarias. Desde el inicio se debe ser consciente de que sentarse a negociar implica estar dispuesto a ceder, a reconocer a la otra parte y que no se dialoga con amigos, sino entre estrategas.

Es justamente en estos últimos puntos en los que en el caso de La Habana puede estar radicado el éxito o fracaso del proceso. Si la sociedad no está dispuesta a ceder y reconocer, quizá de nada sirva haber sobrepasado etapas anteriores. Y de ser así, seguiremos inmersos en un conflicto armado con combatientes conocidos.

Solo el 7% de los conflictos iniciados en la década de los 60 se ha terminado por medio del uso de la fuerza, mientras que más del 30% han finalizado en algún tipo de acuerdo. Es por eso que cerca de 80 países miembros de la ONU le apuestan al proceso de paz.

*Comunicador Social-Periodista y estudiante de Ciencia Política.