Sobre el Falso Arte

Un cartón amarillo dice que soy Maestro en Arte y que tengo dos concentraciones: Artes Plásticas e Historia y Teoría del Arte. Cada vez que respondo lo anterior, cuando me preguntan sobre mis estudios universitarios, oigo un ¡que interesante! como respuesta, pero en la mayoría de los casos la conversación no da para más. Mi abuelo, en la sinceridad de su vejez y su demencia senil, me preguntaba: ¿y eso para que sirve?, para luego regalarme una gran sonrisa y volver a preguntarme al cabo de unos minutos ¿y eso para que sirve?

Hace un par de días me preguntaron en inglés sobre mis estudios. “Fine arts” respondí. La persona con la que hablaba abrió su boca sorprendida y dijo “Finance! that is great! good money there!”. Corregí el error y todos soltamos una risa. No se dijo mucho más sobre el tema, pero todos fuimos cómplices de un malentendido entre dos disciplinas (donde una es considerada necesaria, importante y productiva, y la otra no).

En este punto debo confesar, querido lector, que mi interés estético fue moldeado en la academia, y confieso que no tengo recuerdos precisos de como era mi percepción o mi actitud frente al arte antes de la universidad para bien o para mal. Durante mis estudios el arte empezó a tener sentido poco a poco y ser importante para mi, y con el tiempo empecé a producir dibujos, pinturas y textos. Visitaba con cierta frecuencia exposiciones y me esforzaba con juicio a encontrar sentido hasta en las obras mas absurdas, ya fuera por ejercicio mental o por no parecer tonto. Sin embargo, con el tiempo empecé a sentir que algunas obras, muchas para ser sincero, me hacían sentir estúpido. Paulatinamente me fui aburriendo del llamado arte contemporáneo que me generaba esa sensación de ignorancia.

Hace algunos días oí la conferencia “Arte Contemporáneo, el Dogma Incuestionable”, dictada por Avelina Lesper. La expositora comienza su charla con estas palabras: “Estamos ante un momento culminante de la historia del arte, cuando el arte se convirtió en una ideología sostenida en dogmas incuestionables que carecen de argumentos verificables.” Con el dogma se refiere ella a ideas impuestas que no son cuestionadas por nadie, y que son recibidas como dadas e irrefutables. Explica así que en el arte todo se vale mientras tenga algún tipo de justificación escrita o verbalizada por algún conocedor del tema, pero que en verdad faltan razones profundas. Habla de la carencia de rigor al señalar que cualquier manifestación con poco esfuerzo, pero con mucha labia, es considerada arte. El problema aquí es que el espectador considera que el arte debe ser arte porque otra persona “cultivada” en el tema así lo decidió.

Tanta verborrea y textos ilegibles generan un espectador dócil que considera que no debe pensar porque otros ya lo hicieron por él. Experimenté esto hace un par de semanas cuando visité un museo de arte contemporáneo con un amigo. Al comienzo, pude contarle algunas anécdotas sobre algunos cuadros modernos que vimos, pero cuando llegamos a el arte contemporáneo no tuve mucho que decir. Nuestro silencio se tradujo en risa cuando vimos una obra inmunda que tenía una foto de Leonardo DiCaprio y era acompañada por un texto absurdo. Sin embargo, estábamos frente a una obra de arte, porque así lo dictaba el texto y el lugar.

Con todas estas consideraciones recuerdo mucho a mi abuelo y su pregunta: arte, ¿y eso para que sirve?. Nunca pude responderle pero recuerdo con cariño su sonrisa. Al menos eso lo hacia reír.

Nota: para oír la conferencia de Avelina Lesper y saber más sobre el Falso Arte visite:
https://soundcloud.com/dazeth/arte-contempor-neo-el-dogma

  • Sobre el falso periodismo

    Opino que hubiese sido mejor simplemente compartir el link de la conferencia magistral hecha por la maestra Avelina Lésper, para que así, todo aquel que visitara este espacio se viera obligado a oírla. Aunque mucho mejor si se comparte algún link en donde esté transcrita, como por ejemplo el de la revista El malpensante: (http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2696&pag=1&size=n) y así, incentivar a los “lectores” de esta “revista”(hoja blanca) para que practiquen de vez en cuando la verdadera lectura y además puedan sacar sus propias conclusiones. La plana e insípida explicación dada en esta “columna” es totalmente innecesaria, además muy ofensiva. Me parece que el “autor” de esta “columna” halló en tan maravillosa conferencia una excusa para cumplir con su tarea de escribir algo, simplemente adoptó una pose frente a un problema tan grande y grave para el Arte como lo es “El falso arte”. Se apropió de las ideas planteadas por Avelina Lésper las sugirió como suyas, y después sí citó la conferencia de una manera altiva y despectiva diciendo: …”para oír la conferencia de Avelina Lesper y saber más sobre el Falso Arte visite:” . . .¿y saber más?¿Acaso en esta “columna” se aprende algo acerca del falso arte?. Además parece que quien escribió esta “columna” ni siquiera comprendió el mensaje que la conferencista quiso dejar, pues como gran cosa, al comienzo y al final relata una anécdota con su abuelo que no pasa de ser eso, una anécdota, pero que sí nos deja ver el grado de interpretación de este “autor” que se hace llamar maestro en artes y no tiene una respuesta a la pregunta de su abuelo ¿Para qué sirve el Arte?.
    Recomiendo la lectura de la conferencia, igualmente recomiendo que le digamos NO AL FALSO ARTE y que no apoyemos esta farsa por ningún motivo. Así paulatinamente los verdaderos Artistas podrán retomar los espacios usurpados por las marionetas mediocres que se autodenominan “artistas-conceptuales y/o contemporáneos” y por sus promotores titiriteros los llamados “curadores” que son los artífices de está mentira llamada “arte contemporáneo” (performance, readymade etc).

  • Ana (Den Haag)

    Me encantaría tener una conversación más larga contigo acerca de este tema. Estoy de acuerdo con muchas cosas de las que dices pero me falta mucha información.
    ¡¡Me alegro de leerte!!

  • Alejandro Martín

    Sólo hay un punto que no cuadra: el texto no es verborreíco ni incomprensible. Eso sí, tanto la obra como el texto parecen estúpidos. Yo creo que sería muy bueno si en lugar de decidir que todo el arte es estúpido, nos quedamos sólo con aquel que nos parece que vale la pena. En toda la historia la mayoría del arte ha sido basura producida por seres egocéntricos, pero entre toda la basura hemos decidido celebrar unas piezas… ¿también basura? no sé por qué sigo haciendo parte de los que les hacemos el culto a ciertas obras ¿será por pura necesidad de totems?