Sobre el doping y el arte

Nunca había visto una entrevista realizada por Oprah, hasta que una de las personas que más admiraba decidió hablar sobre un escándalo que involucraba su credibilidad. Ya no eran las camisetas amarillas que Lance Armstrong portaba lo que me motivo a seguirlo esta vez. Fue el amarillismo lo que me indujo a ver esa “entrevista especial” de dos capítulos en donde se anunciaba con anterioridad que finalmente, luego de años de negación, el más grande ciclista de todos los tiempos revelaría que había logrado la cima gracias al uso de sustancias prohibidas. No me interesaba la calidad de la entrevista (Oprah, como lo pude confirmar luego de ver la entrevista, no es una periodista aguda), sólo quería oír lo que Armstrong tenía que decir al respecto. Debo decir que sentí tristeza al descubrir que sus logros fueron logrados gracias al dopaje, y no debido a un esfuerzo sincero y a un entrenamiento más comprometido.

No me interesa juzgar lo que Armstrong hizo o lo que no hizo, o la plata que ganó o dejó de recibir. Las preguntas que me hago luego de esto surgen a partir de las reacciones que he podido leer en prensa y en comentarios que he oído. No es justo, como socialmente se acepta y comparte, que un deportista consuma sustancias que lo hagan tener un mejor desempeño físico que otros competidores. No es justo, pues quien consume esas sustancias tiene una mayor ventaja, lo que hace que no sea una competencia leal. Sin embargo, estas discusiones se concentran únicamente en los efectos que tienen esas sustancias en el cuerpo físico, pero no hay discusión alguna en torno a las sustancias que se usan como pretexto para expandir la imaginación y la creatividad. Lo que me lleva a la pregunta ¿si el cuerpo se puede dopar para que rinda más, la mente también se puede dopar?

El asunto aquí es sobre las ventajas que pueden dar ciertas sustancias para el desempeño de quienes las consuman, y sobre si sería justo o no con otras personas.
Claro, habrá diferencias que salen a la vista entre un dopaje físico y otro “mental”. Una de ellas es la forma en que se hace referencia a los casos. Cuando se habla de dopaje en el deporte se hace referencia a sustancias y métodos específicos que mejoran el rendimiento (se dice que un deportista se dopó). En otras áreas (como el arte, la música y la literatura) no se habla de dopaje sino del consumo de drogas (un artista que vivía en Paris a finales del siglo XIX no se dopaba con absenta, sino que la bebía). Hay diferencias entre estos casos, pero el fin puede ser parecido. Un caso hipotético para considerar: dos artistas envían sus obras a una convocatoria. El artista seleccionado expandió su mente con drogas mientras que el otro no ¿tenía más ventaja el que alteró su mente con drogas?

Cuando se trata del dopaje del cuerpo hay un rechazo social y mediático, pero cuando se trata de drogar la mente no hay rechazos y los logros son aceptados y compartidos. Se rechaza el desempeño físico de un deportista que se dopa, pero se socializa la creatividad de un artista que se droga ¿debe haber alguna medida de control para saber si los artistas se drogaron antes de, por ejemplo, “competir” en convocatorias? Por supuesto que no, es ridículo tan solo leerlo. Sería tonto sacar de circulación cantidades de libros, textos, sonidos e imágenes producidos por artistas que consumieron drogas. Al punto al que quiero llegar en este texto es la división que se hace del cuerpo y la mente, y la forma en que aceptamos y rechazamos el uso de drogas. Como nuestra hipocresía nos hace pensar que en un caso tal comportamiento no es aceptable, pero un comportamiento parecido en el mundo del arte es aceptado, y hasta celebrado.

  • Charlottelle

    Todo radica en los contextos y sus insight: Salud a Deporte como Placer a Arte y en este último la carga es tipo Dionisiaca. Cada una de estas actividades con el tiempo ha sido asociada y ha asumido sus connotaciones y estigmas según los ritmos evolutivos y las dinámicas sociales, no podría imaginarme leer en algún instante: – Van Gogh gran artista y excelente deportista – justamente su padecimiento mental no se lo permitiría, otro tema que ronda el mundo del arte.

    Ahora con la actualidad mediática y los códigos morales de lo que es ser un
    “Modelo” se le reprocha más fuertemente al deportista el uso de estos
    estimuladores, mucho más si el carácter es competitivo y refiere a la justicia y otros valores; mientras que en el valeverguista e indefinido mundo del arte nunca compites, de pronto con tus demonios, traumas de vida, curadores y galeristas.

    Espero que en el deporte nunca se deje de reprochar el uso de sustancias
    estimuladoras. Aunque me resulta divertida la posibilidad de llegar a ver el
    deporte reducido a una competencia de laboratorios, todos experimentando sobre
    la condición natural del cuerpo humano hasta producir infértiles esponjas
    musculares compitiendo por la mejor patente, sin duda todo un espectáculo!

    Por último entre menos se cuestione al mundo del arte mejor, hay que dejarlo
    fluir, siempre he pensado que el arte es el mejor psicólogo de la sociedad. El
    día que me pidan muestra de orina para aplicar a una convocatoria de arte, me
    drogo y le orino la casa, el carro y la vida al psicorigido que lo implemente o
    en su defecto aplico con grandes lienzos imprimados con mi orina. Sería toda
    una obra, digna de ganar dicho concurso.

  • Dast

    Creo que la hipocresía va más allá de lo que se propone en este artículo, no creo que en el mundo del arte sea aceptado el uso de sustancia que alteran la conciencia, veamos Artaud, Jatting, Nietchzche, Foucault, Van Gogh todos terminaron como “locos”. Creo además que todos se drogan, todos hacen dopping, todos consumen algo, todo tienen su droga bien sea proveniente de la cultura o de la naturaleza, la visión de competencia es la que llena de moralismos la actividad humana. Si hablamos de sustancias que afectan la conciencia y el cuerpo, creo que la coca-cola, el café, la azúcar, el chocolate, el red bull. ¿Cuál consumes?