¡Ay! ¡el arte!

Cuando de hablar sobre arte se trata, cualquier tipo de declaración es viable. El arte, al ser tan volátil, deja cabida para que se abuse de él, y deja salir victorioso a quien, con ceño fruncido y puño en barbilla, diga cualquier tipo de barbaridad. He asistido a varias charlas y conferencias donde se habla sobre arte, o por lo menos eso se dice en los títulos de las ponencias. Algunos conferencistas usan términos rebuscados para complicar un punto que se podría hacer entendible y digerible para cualquier público. Con el exceso de erudición eructan frases difíciles de descifrar, dejando así sin aliento a quienes con juicio escucharon sandeces que pasan inadvertidas por estar bajo el aura de “el arte”. La palabra arte en español es tan ambigua que es masculina en singular (el arte) pero femenina en plural (las artes); en portugués, por el contrario, es femenina en ambos casos. Cesare Ripa fue un dibujante italiano quien elaboró el libro Iconología, donde se representan mediante el dibujo varias alegorías, al igual que se da una breve descripción sobre las mismas. Las artes fue representada y descrita por Ripa como una bella mujer, quien luce y posa con algunos materiales, como un lápiz y una gubia.

Esta mujer es maltratada en distintos lugares cada vez que se le invoca para afirmar cualquier insensatez. La manoseada de las artes está en más partes del mundo académico, no sólo en conferencias, pues está presente en pregrados y posgrados. Hace poco, un grupo de estudiantes presentó su trabajo final en una clase de la maestría en la que me encuentro estudiando; el tema del trabajo era “los amigos en Facebook”, y no es mi intención aquí entrar en detalles cualitativos sobre el mismo. Quiero mencionar que en un punto los expositores hablaron que el trabajo era “una escultura viva”, y prosiguieron con su explicación. Confundido, pregunté sobre el significado de “una escultura viva” cuando finalizaron, a lo cual respondieron que estaban sacando pedazos de contenidos (materia) que se encuentran en la red social para crear contenido nuevo. El profesor, con ceño fruncido y puño en barbilla, dijo que había que ampliar la mirada sobre la escultura, para así poder ver que en Facebook se podía hacer, en efecto, “una escultura viva”. Esto sería simplemente gracioso si no se tratara de una clase, de lo que fuese.

En Facebook, por mas cerrada que pueda ser mi visión sobre el arte, no puede haber una escultura por dos sencillas razones: la esencia de la escultura radica en su tridimensionalidad y en su peso físico. Facebook no tiene tridimensionalidad, y tiene un peso distinto. Nicholas Negroponte plantea en su libro Being Digital una diferencia básica en el mundo de la información del presente y el del pasado: hemos pasado de los átomos a los bits. Antes cierta información sólo se encontraba, por ejemplo, en impresos, libros o periódicos, ahora la información es digital y no es tangible. Antes la información era física, ahora se representa con 0 y 1. La escultura, entonces, se encuentra en el mundo de los átomos, mientras que Facebook se encuentra en el mundo de los bits. Puede que el ejemplo que empleo en estos párrafos (la de “una escultura viva” en Facebook) tenga aspectos muy interesantes, pero se debe hablar sobre los mismo de forma más precisa, con los términos correctos y con el rigor necesario, y no pensar que va a ser más valida e interesante por hacer referencia al arte.

Cuando se habla sobre arte se habla sin rigor, se dice cualquier cosa sin ningún soporte pues el único sustento es la opinión. Pero hay formas de hablar de arte con rigor, hay maneras de hacerlo de una forma más responsable. Basta con leer o simplemente mirar con cuidado. El arte no es un Mesías, no es un salvador. Las bobadas seguirán siendo bobadas así sean en nombre del arte. ¡Ay! ¡el arte! si pudiese defenderse callaría a mas de un personaje que con ceño fruncido y puño en barbilla dice cualquier torpeza en su nombre.