Sobre el Museo Van Gogh-Amsterdam


Imagen de dominio público tomada de Wikipedia

Un pintor que busca el éxito a través de sus lienzos puede, en ocasiones, alcanzarlo. Puede encontrar fama y reconocimiento, ser centro de exuberantes elogios y voluminosos premios. Pero la calidad del artista no se debe medir con base en sus objetivos, es decir, buscar un éxito comercial no indica en si que la obra sea buena o mala, sino refleja que el pintor debe saber moverse dentro del circuito del arte, perseverar y, sobre todo, persuadir. Esto puede ser el caso de artistas que alcanzaron dicho objetivo en vida, pero también existen otros artistas malditos que nunca vieron ningún premio o reconocimiento. Uno de los más reconocidos en este aspecto, por contradictorio que sea, es Vincent Van Gogh (además de ser famoso por su oreja, o mejor, por la falta de ella).

En Amsterdam está el Van Gogh Museum, lugar donde se puede encontrar la mayor cantidad de obras del artista bajo un mismo techo. Sin embargo, lo importante del museo no es el número de pinturas o dibujos que posee. Decir que tienen la colección más grande causa impresión en el espectador, así como cuando la importancia de un artista es medida con base en el número de exposiciones internacionales, la cantidad de talleres que posee, y la cantidad de reconocimientos que carga. Las cifras pueden ser abrumadoras, hasta llegar a ocasionar que el museo o el artista se blinden contra la crítica. Si son los más grandes, los más famosos, los más reconocidos, los que más poseen, deben ser entonces, para el ojo del espectador, los mejores. Quien los critique será visto como un simple celoso de los logros del artista y la institución.

El Museo Van Gogh no es bueno por tener la mayor cantidad de sus obras, es bueno por la forma en que presenta al artista (visité el museo en el momento en que lo estaban remodelado, algunas salas estaban cerradas y no todas las obras estaban expuestas, pero imagino que la forma en que se aborda a Van Gogh no cambia). En el primer piso estaban expuestas obras de artistas que influenciaron a Van Gogh, como por ejemplo: Seurat, Gauguin y Lautrec. Pero lo que vi en el segundo piso llamó más mi atención: se encontraban algunas de sus primeras pinturas.

Muchos artistas ven sus primeras pinturas, dibujos, esculturas, y textos, como balbuceos que poco o nada ayudaron a establecer una reputación. El rechazo a esos primeros trazos puede ser visto en la edad madura del artista como una amenaza a un estilo establecido. Cuando pensamos en la obra de Van Gogh lo primero que nos podemos imaginar puede ser un retrato, un paisaje, una habitación, o unas flores. Es probable que pensemos sobre todo en sus autorretratos, pues elaboró un gran número de ellos. Sin embargo, Van Gogh no insistió en pintar su rostro por vanidad o egolatría, sino por el hecho que no podía pagar un modelo y pintarse a si mismo no representaría ningún costo. La perseverancia en sus autorretratos no era para popularizar su cara como un logo o marca, sino que cada pintura era un ensayo con distintos trazos y colores, eran experimentos donde lo importante era la pintura, no le importaba sacar un gesto exacto. Pero, volviendo al imaginario colectivo de la obra de Van Gogh lo importante no es el qué sino el cómo. Pensamos, sin importar la temática, en colores vivos y trazos definidos, como si dibujara con pinceles. Este sería entonces su estilo establecido y maduro (que en su momento no le sirvió para adquirir fama). Sin embargo, al ver sus primeras obras se encuentra algo totalmente distinto; el espectador hasta se podría resistir a creer que son del mismo artista.

Van Gogh, como estaba bien explicado en el museo, empezó a pintar pasados sus veinticinco años, luego de haberse dedicado a la vocación religiosa. Fue pastor y misionero en lugares donde habitaban trabajadores del campo, como recolectores de papas. Sus primeras pinturas abordan esta temática rural con colores oscuros y figuras grotescas. Pintó de este modo paisajes, bodegones, y escenas como “Los Comedores de papas”; el tema de este cuadro se puede deducir por su título. Los rasgos fuertes y caricaturescos de los personajes son llamativos en la obra, al igual de la situación pintada. No es la belleza ni la exquisitez lo que buscaba, era la representación de quienes comían lo que sembraban con la mano. Pero también es interesante que Van Gogh considerara esta su obra más ambiciosa, por formato y tema, con la que lograría el reconocimiento que, finalmente, no obtuvo.

La paleta de Van Gogh se fue abriendo, y otros colores empezaron a aparecer a partir del contacto que tuvo con los impresionistas franceses y las estampas japonesas. A medida que se recorren las salas del museo los colores se tornan más y más vivos, dejando los opacos detrás. Sin embargo, cada piso del museo es un rectángulo, por lo tanto, cuando se terminan de ver todas las salas del piso el espectador vuelve a toparse con la entrada a la sala que contiene las primeras pinturas de Van Gogh (es decir, al salir de la última sala se puede volver a ver la primera). Desconozco si el arquitecto del museo tenía esta intención, o fue más una estrategia aprovechada por los curadores a partir del espacio físico del lugar.

En el museo no se explota mucho “la locura” de Van Gogh, aunque si se mencionaban sus trastornos y etapas de reposo, y hasta donde vi no se exaltaba la anécdota de su oreja (aunque en la tienda del museo vendían llaveros que tenían forma de orejas). Lo importante del lugar es que el inicio de Van Gogh como pintor no es obviado por su fama póstuma, sino que está incluida para que el espectador vea que Van Gogh no nació siendo pintor y sin oreja, que no es un artista que se detuvo en un estilo por conveniencia o por fama, o por la modestia de haber madurado.

Nota: en el museo no era permitido tomar fotografías, pero algunas obras del museo se pueden observar en el Google Art Project ( http://www.googleartproject.com/collection/van-gogh-museum/ )

  • Sofia Martínez

    No dudo que será un lugar majestuoso en el cual se puede
    admirar muchísimas piezas de arte de
    distinguidos artistas. En el caso particular de Van Gogh es para mí un
    genio de la pintura, un talentoso de los pinceles, además su pensamientos es
    tan sensible y puro.