Messi vs Cristiano

Admito que el tema de esta columna es bastante banal. Admito también que la trivialidad del asunto se torna todavía peor porque se trata, obviedad entre tautologías, de una cuestión de gustos. Se preguntarán entonces por qué gastar tinta pensando cuál de los dos jugadores es mejor. Y la respuesta es que me molesta un poco que, si bien no se puede resolver del todo esta polémica, sí hay criterios para trabajar el tema. Los hay y no los encuentro en ninguna discusión. Allá hablan de la personalidad de ambos, acullá del talento versus la disciplina; pero en ningún lado veo que nombren explícitamente aquello aludido cuando se dice que el uno es una máquina y el otro un genio.

Existe una cosa que se llama técnica, otra que se llama táctica y una tercera que se llama estrategia. Las presento así porque a la Real Academia le vale mierda esta distinción. Sobre todo aquella entre táctica y estrategia. Cotidianamente las usamos casi indistintamente pero soy un ferviente partidario de la utilidad de estos términos que ahora mismo nos servirán para hablar de Messi y Cristiano Ronaldo. Entonces, entiendo por técnica un conjunto de habilidades que permiten lograr con mayor eficiencia y precisión cualquier actividad. El modo en que los pianistas emplean ciertos dedos para ciertas teclas en ciertos contextos es un buen ejemplo. En general, hasta para caminar hay una técnica. Y si hablamos de fútbol, la técnica va desde la inclinación del cuerpo para correr, pasando por el modo en que se baja un pase con el pecho, hasta la habilidad de predecir el comportamiento del balón. En suma, la técnica en el fútbol habla de la relación del cuerpo con su entorno.

Táctica y estrategia, por su parte, son términos que representan la continuación y el extremo de ese continuo que empieza por la técnica. Por ejemplo, a gran escala, más allá del alcance del cañón, hablamos de estrategia. La táctica gana batallas; la estrategia gana guerras. Pero, como estamos pensando en fútbol, entonces hagamos la conversión. La estrategia le corresponde al director técnico (nombre desafortunado que dificulta esta explicación). De los jugadores se diría, más bien, que la comprenden. Los laterales mantienen el carril; tal delantero opera en la espalda de los volantes de contención; tal defensa hace relevos cuando su compañero sube al ataque, etcétera. Dentro de la táctica caben las paredes, los cambios de frente y los pases de apoyo, entre otros. Tácticas son las decisiones conscientes que toman los jugadores cuando improvisan fútbol durante un partido. Técnicos son todos los movimientos, casi inconscientes, que realizan para manipular el mundo que los rodea. Como los límites entre estos términos son difusos, depende del modo en que se describe un hecho para que convenga hablar de técnica, táctica o estrategia. Un ochito es un gesto técnico si hablamos de la precisión con la que se empuja el balón y se corre alrededor del jugador rival, pero puede ser también una decisión táctica si nos preocupamos por el problema de cómo pasar a un adversario y con qué fin hacerlo.

Aclarados los términos, la cuestión es simple. Tanto Cristiano como Messi son unos putas. Ambos son técnica y tácticamente geniales (y pues, estrátegicamente correctos). Sin embargo, Cristiano domina más la técnica que Messi y Messi domina mejor la táctica que Cristiano. Si alguno de los dos no existiera el otro sería el claro campeón individual porque, insisto, ambos se destacan en todo. Como no es el caso, ambos son una muestra de que al otro le hace falta algo. Sí, Messi mueve el balón rapidísimo y siempre lo mantiene cerca de sus pies. En ese sentido es técnicamente superior a Cristiano, pero a cambio de esa cosa que el portugues hace muy bien, pero no tanto como Messi, están las otras quince que Cristiano hace mejor. Cristiano tiene un mejor balance entre sus dos piernas. Corre más rápido, salta más alto, cabecea muchísimo mejor y puede pegar taponazos como ningún otro ser humano en el planeta. Todavía no he visto a otro jugador, además de Oliver Atom, que pueda hacer que el balón coja efecto brusco hacia abajo. Cristiano duerme el balón con el pecho, pero también con el taco, con la espalda y hasta con la nuca se le ha visto hacer pases. Messi será un genio con el balón, pero hay muchísimas cosas que Cristiano es capaz de hacer que para Messi son imposibles.

Pasamos a la táctica y la balanza se equilibra. En materia de agilidad mental, Messi le gana a Cristiano. De vez en cuando el portugués lee bien una jugada y sale con alguna genialidad. Por lo general, sin embargo, Cristiano prefiere que el balón atraviese al portero antes de hacer un globito. En ese sentido, Messi no tiene comparación. El maldito enano le hace pases a la red; encuentra huecos en donde no los hay; y arrastra marcas para soltar el pase en el último instante: es un genio leyendo contextos. Si hay una solución creativa y eficiente a un problema particular, Messi la encuentra y la ejecuta casi sin esfuerzo.

Entonces, ¿qué prefieren? En potencia Cristiano es el mejor jugador del mundo porque no comparte límites con ningún otro jugador. Y por favor no interpreten esto en un sentido meramente atlético. No, Cristiano es una máquina desarrollada específicamente para jugar fútbol y eso incluye todo tipo de interacciones con el balón, el espacio y los demás jugadores. Es técnicamente capaz de marcar cualquier gol que haga otro jugador y hay un conjunto de combinaciones virtuales reservadas sólo para él; jugadas que sólo Cristiano puede realizar y que, regularmente, nos deleita realizando. A la hora de la verdad, no obstante, sólo una pequeña, aunque impresionante porción de ese potencial, se realiza. Lo demás no ocurre porque Cristiano no tiene la destreza táctica de Messi; es bueno leyendo el juego, como se esperaría de alguien en su nivel, pero hay interpretaciones sutiles —lo sabemos gracias a jugadores como Messi— que se le escapan. Y Messi, que es rápido, pero no tanto, que es fuerte, pero no tanto; Messi, que tiene una pierna más precisa que las de Cristiano y otra no tan muerta como para que no le sirva de vez en cuando; Messi —iba diciendo— tiene un espectro menor de posibilidades pero sabe usarlas con mayor provecho.

Llegamos pues al punto de los gustos. Según las estadísticas ambos son monstruos de otro nivel. Según las recopilaciones de imágenes ambos son un acontecimiento con patas. No se puede decir hoy que el uno rinde más que el otro, sobre todo, en este año titánico de Ronaldo. Por demás, es obvio que se requieren equipos como el Real Madrid o el Barcelona para marcar la descarada cifra de más de cincuenta goles, cada uno, en lo que va de temporada.

Y entonces están todas esas cosas que opacan el debate: las camisetas que visten, el modo en que celebran, sus presencias mediáticas, etc. Yo prefiero a Cristiano por ser del Madrid y reconozco que lo odiaba cuando era del Manchester. Entonces, mi punto es el siguiente. Sí, obvio que se trata de un debate estúpido, pero nótese lo bellos y útiles que son nuestros olvidados conceptos.

Cristiano

Messi