El traductor de Babel

Como la mayoría de ustedes habrá notado, hace dos semanas publiqué en esta misma página una propuesta que pretende solucionar el problema de derechos de autor que tenemos gracias a la aparición de Internet como medio para compartir archivos digitalmente. La recepción de ese artículo ha sido espléndida si se considera la difusión que tiene este blog. Pero, por supuesto, a la luz de lo que se busca lograr, todavía es casi inaudible el eco que hemos logrado producir. Esto me deja en una suerte de encrucijada porque es fácil contentarme con interpretar el asunto a manera de una columna exitosa y no como una propuesta fallida. La prababilidad de que el modelo en cuestión en efecto se convierta en una idea viral es demasiado pequeña y demasiado fantástica como para tener esperanzas realistas. Se me ocurre que alguien en Rumania puede encontrarse en una situación idéntica y nunca lo sabremos. Así las cosas, desde un principio he jugado con la abigüedad de proponer algo que podría cambiar el mundo como quien no quiere la cosa. Hoy traigo otra movida en ese mismo juego: la traducción al inglés de SOPA de ideas. Se llama Alexandria: a new model.

Afortunadamente, da la casualidad de que esa traducción nos ofrece en bandeja el tema de esta columna, a saber: la sublime, desbordante, maravillosa y elegante genialidad de Google Translate. Hubo que hacer muchas correcciones a errores con un extraño aire inhumano. Nunca dejó de asombrarme que algunas frases parecían escritas por un niño y otras por alguien que ha publicado textos durante décadas. En casos particulares, agregué cosas nuevas y borré frases que en inglés ya no suenan chistosas. Lo cierto, empero, es que bastó una noche de trabajo con la ayuda de Google Translate para llegar a un texto que nunca hubiera podido escribir por mis propios medios. Léanlo, si no por la propuesta, entonces por la traducción. Acaso como consecuencia de un complejo de inferioridad hacia el inglés (culpa del Rock), siento que SOPA de ideas suena imponente en las palabras de Angloogle. O debería decir: en palabras de las millones de personas que escribieron y tradujeron los textos que usa Google para hacer sus propias traducciones.

Google no entiende nada de lo que traduce. No es capaz de producir una sola frase con sentido y, sin embargo, tiene la madera de un gran escritor. De nuevo corrijo: la madera de muchos. El secreto de eso, que no es secreto (acá hay un video), es que Google Translate es un programa que encuentra patrones de traducción en los miles de millones de textos que tiene a su disposición y elige fórmulas de un idioma que estadísticamente son frecuentes al momento de traducir fórmulas de otro idioma. En otras palabras, Google Translate es un programa que por medio de la estadística logra acumular el trabajo colectivo —el conocimiento colectivo—, de muchos humanos bilingües. Y lo más bello del asunto es que nosotros también somos estadistas. Un bebé no aprende a hablar entendiendo el significado de las palabras; lo hace entendiendo el uso de las palabras. No importa saber qué es sueño tanto como importa poder usar esa palabra en contextos pertinentes. Por ejemplo, decir «tengo sueño» allí donde muchos otros hablantes suelen decir «tengo sueño». Mucho me alegra ver que en el párrafo final de SOPA de ideas yo digo «Entonces ahí tienen» y Google, lejos de traducir algo como “Then there they have” se aventura a escribir “So there you go”. En cierto sentido, Google me está diciendo «creo que en el mismo contexto en el que te encuentras tú, mi querido Santiago, la gente que habla inglés suele decir “So there you go”». Qué lástima no poder contestarle que sí, que tiene toda la razón y que muchas, muchísimas gracias.

En agradecimiento, le dedico pues este texto al precoz bebé que es Google. A ustedes les pido el mismo favor de antes. Pásenle Alexandria: a new model a sus amigos angloparlantes, no va y sea que desperdiciemos la oportunidad de saltarnos muchos eslabones en una cadena que inevitablemente debe terminar en el congreso gringo y así, ahora sí, tengamos nuestra Alejandría.