Abrir la mente sin que se me caiga el cerebro

Excluyendo las creencias en las que se está y no las que se tienen, no creo en nada. No creo en fantasmas, reencarnación, horóscopos, la memoria del agua, Paulo Coelho, los dioses, los agüeros, el alma, el universo alineado con tus deseos, etcétera. Si quieren que lo diga al revés, está bien: creo en el principio de razón suficiente. Por supuesto, soy un ser de creencias y habito en ellas. Pero creo que nos entendemos cuando digo que no creo en nada. Establecido eso, continuemos.

Dado que éste es un panorama de posible hostilidad, nos enfrentamos de inmediato a un dilema entre dos posturas. Una consiste en privilegiar la convivencia y la otra en privilegiar la guerra de memes. No se me pida que sea siempre coherente en mi conducta. Como todos, oscilo entre los dos polos. Lo cierto es que tiendo a pelear la guerra y eso me ha llevado a darle vueltas al tema.

Si se me pregunta cómo hago para levantarme por las mañanas sin creer en algo, diré que nuestras habilidades interpretativas son un embale suficiente como para que el mundo sea harto divertido. Por ejemplo, la sola búsqueda de posibles patrones implica una actividad ya compleja y oscura que logra alimentar el anhelo de magia. Bien resulta difícil afirmar que nuestras interpretaciones son ciertas, luego, conviene manejar el límite del como si. El mundo es como si esto o aquello. La idea de que la vida me está mandando una señal, bellísima, por cierto, queda lo más de elegante cuando es precedida por esa conjunción condicional.

Y la cuestión entonces es que todos, de un modo u otro, lidiamos con la misma pregunta desde pequeños. Al fin ¿la magia existe, sí o no? Como resulta muy difícil defender la magia en el sentido vulgar en que nos enamoramos de ella, cabe la teoría de que todos hemos encontrado algún refugio para ese anhelo. Ya no pensamos la magia en términos de escobas, pociones y superpoderes, sino que la resignificamos con códigos más elegantes y complejos. Para mí, si me interrogan con una lámpara en la cara, los juegos son mágicos. Otros apelarán al arte, al I Ching o a la Pachamama. Cuestión de preferencias.

Muchas veces me he preguntado ¿qué pasaría si un día experimentara yo algo que niegue lo que se supone que sabemos del mundo? ¿Qué pasaría si se me aparece un fantasma o si vuelvo a vivir el mismo día? ¡Saltaría en una pata de la dicha! La versión más extrema del valor de la sorpresa es que si muero y voy al infierno por ateo (lo cual hablaría muy mal de Dios), el sólo twist de encontrarme con que hay un infierno, haría que toda una eternidad de tormentos valiera la pena. Ahora preguntémonos, ¿y qué si eso le ha pasado a otras personas? ¿Qué ocurre si uno, tan sólo uno, de los testimonios de experiencias sobrenaturales no es el resultado del modo en que estamos propensos a engañarnos sin darnos cuenta? Probablemente, yo no le pondría atención.

Entonces, de nuevo: ¿qué si me pasa a mí? Sí, la puta verga, en principio. Pero luego no sólo me queda la enorme dificultad de comunicárselo al mundo. Lo que es peor: tendré también la necesidad de no ser confundido entre la avalancha de charlatanería que grita su misticismo a los cuatro vientos para poder, así, ser escuchado. Éste es el punto. Los que nos molestamos cuando se plantean con ligereza visiones alternativas de lo real, no lo hacemos porque nos dé miedo descubrir los límites de la ciencia o que nuestra visión esté equivocada. Lo que nos molesta es convivir con todas las cosas francamente absurdas que toca volver a refutar.

Sería estúpido suponer que el mundo ya está resuelto. Tenemos suficientes ejemplos históricos de verdades que fueron recibidas como perras en misa por lo que entonces constituía el discurso oficial. No sobra hacer un llamado a la prudencia. Tal vez algo de lo que se vende como sobrenatural es verdad y tiene el potencial de cambiar nuestra noción de lo natural. Dios sabe que no sería molesto para la ciencia encontrarnos con algo nuevo: el poder curador de la palabra o el equivalente a los rayos ultravioleta en el campo de las ondas cerebrales… qué sé yo. Cerrar la puerta a lo nuevo sería demasiado atrevido y acaso ingenuo.

El problema con dejar la puerta abierta es que por allí trata de pasar la gente que, por no cuidar su refugio para la magia con la etiqueta de como si, busca vender patrañas. Es así que le pediré un favor a los que leen esta columna y a cambio le quitaré las rejas a la ventana. Comprometámonos a que, si algún día experimentamos algo que amenaza con cambiar la concepción oficial del mundo, diremos: “me pasó algo que amenaza con cambiar la concepción vigente del mundo, ¡escúchame!”. Mi perturbación no es que la realidad pueda no ser como creo que es, sino que la gente que dice ver ese otro mundo actúa con una naturalidad grosera, como si fuera evidente que los espíritus andan por ahí, y uno que -con todo respeto- está parado en el lado demostrable de las cosas, fuera tan ciego que no los ve.

  • muy buena tu último enunciado: Mi perturbación no es que la realidad pueda no ser como creo que es,
    sino que la gente que dice ver ese otro mundo actúa con una naturalidad
    grosera, como si fuera evidente que los espíritus andan por ahí, y uno
    que -con todo respeto- está parado en el lado demostrable de las cosas,
    fuera tan ciego que no los ve.

  • De hecho, señor Juaco, parece que no entendió usted bien el planteamiento. El texto empieza: “Excluyendo las creencias en las que se está y no las que se tienen, no creo en nada”. Claramente, el autor cree que está es una realidad con cosas existentes, ello le da validez entonces a las percepciones de sus sentidos.
    Por este texto se nota que el autor claramente no es tan ingenuo como lo quiere usted hacer ver; y sí le sale muy bien articulada una argumentación respecto de las “creencias que se tienen” que debería invitarse a leer en todos lados.

  • Me gustó. Bueno el video de Tim Minchin para cerrar.
    Posdata ese Juaco es una gueva. “el cuento de que solo es creíble lo que es percibido por los sentidos fue hace varios siglos dejado de lado” my face when… De que habla este tipo.

  • Juaco

    Esto es en lo que usted cae, que a mi la verdad me parece bastante feo y anticuado, pero cada quien con sus gustos… :

    http://es.wikipedia.org/wiki/Mecanicismo

  • Juaco

    El problema de creer o no creer es el mismo de pensar que algo existe o no. Si usted no cree en nada es que usted no existe. Y si no existe, ¿cómo hace para escribir? Usted cree que no cree en nada. Bien: eso es un poco tonto la verdad, y el cuento de que solo es creíble lo que se percibe por los sentidos fue hace varios siglos dejado de lado. Faltó incluir alguna cita marxista en el desarrollo mecanicista de sus apreciaciones para completar un simple marco mental conocido desde hace mucho…

  • ¡Cómo me gusta leer este blog! Muy bueno.