The dissapointment of the Sith

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, me rompieron el corazón. Hubo miedo, rabia, dolor, sufrimiento, odio, diversión y finalmente el lado oscuro. Hoy quiero invitarlos a que hagan todo ese recorrido porque si bien no es ningún secreto que la saga de Star Wars pudo haber sido mejor, la verdad es que es mucho más decepcionante de lo que incluso ahora imaginamos. El modo Jedi para lidiar con este fracaso probablemente nos exhortaría a tomar distancia y desapego. Sin embargo, no envidio ni a los afortunados que nunca se interesaron por esta saga, ni a los sabios que supieron olvidarla. Se trata de algo tan ridículo que vale la pena reírnos de ello, así como de nosotros mismos porque, en últimas, el verdadero modo Jedi resultó siendo ingenuidad y ceguera. Es cierto que hubo buenos momentos, pero nos manipularon. Se aprovecharon de todo el peso que tenía esta historia.

Sobra decir que nuestro verdadero enemigo son las precuelas. Todavía puedo ver Una nueva esperanza y El imperio contraataca con admiración y encanto. Sin embargo, cabe preguntarnos hasta qué punto los añadidos afectaron la totalidad. No olvidemos que ya en El retorno del Jedi fueron ositos de peluche los que derrotan al imperio, que allí mismo John Williams la cagó por primera vez con la música y que el Emperador no dejó que Luke se pasara al lado oscuro porque le dijo explícitamente las consecuencias de lo que hacía. Dos películas excelentes contra tres pésimas y una mala.

El plato fuerte de este llamado al lado oscuro son este y este videos. Son de crítica cinematográfica pero tienen la ventaja inigualable de contar con cada una de las imágenes concretas. A mí me toca decir que en este o aquel momento pasa algo hilarante. Allá muestran las imágenes y hacen un buen apunte. El problema es que el narrador de estos videos tiene una voz insoportable y, por alguna razón, insiste en hacer chistes malos que nada tienen que ver con su análisis. Es un personaje fastidioso pero no es casualidad que sus videos tengan millones de visitas. Sólo hace falta algo de rabia y curiosidad para morirnos de la risa. (Lamentablemente también es necesario hablar inglés).

Comencemos pensando en la cantidad de elementos absurdos que tienen las precuelas. Por sólo mencionar algunos, recuérdese que a Amidala la trataron de asesinar con gusanos venenosos a través de la misma ventana desprotegida que hubiera servido para pegarle un tiro. Jango Fett no mató a Obi-Wan sino a la persona que éste estaba interrogando. Al otro día, Anakin y Amidala se fueron caminando sin la menor precaución y la única razón parece ser que nadie hace atentados de día. En episodio I Anakin niño destruyó una estación espacial por error. ¡En Episodio III Vader mató a Amidala con su sola rabia! ¿Por qué no salvaron a la mamá de Anakin en todos los años que pasaron después de que lo encontraron a él? Hay situaciones en las que nos conviene hacer la vista gorda y efectivamente estoy dispuesto a ignorar el hecho de que en un mismo lapso de tiempo Luke pasó meses entrenando con Yoda, y Leia y Han tan sólo horas huyendo del imperio. Pero no hay ningún encanto que rescate a las precuelas. Lo único que las sostiene es el peso de nuestra nostalgia.

¿Cómo es que Lucas fue tan descuidado con el mundo que había hecho? Por ejemplo, era interesante la perspectiva de incluir coreografías complejas en las peleas con espadas láser. No obstante, resultaron perjudiciales porque hay demasiadas ocasiones en las que es evidente que si pelearan en serio se matarían en un instante y, a la inversa, demasiados Jedi mueren sin resistencia: se quedan quietos y ponen cara de bobos. Por otro lado, la sobre carga de espadas casi destruye el encanto que tenían. Vemos un millón, de todos los colores. En episodio III, hay un robot tísico que tiene cuatro espadas jedi y en el II tenemos que soportar una escena en la que varios niños entrenan, con los ojos tapados y de a cinco por metro cuadrado, con armas que podrían descuartizarlos. Star Wars, cosa cool entre cosas cool, nos salió con personajes molestos, política barata y mucho rosado. ¿Qué necesidad había de hacer que Darth Vader le mandara el más ridículo de todos los gritos al cielo?

Finalmente, el centro de la mediocridad está en el modo en que los diálogos nos hablan de dinámicas que no vemos. Nos dicen que Anakin tiene un gran amigo y un gran amor, pero no hay nada memorable en las relaciones que supuestamente deberían ser el núcleo de las películas. Obi-Wan y Anakin sólo logran parecer buenos amigos en la escena de su despedida. Y es inexplicable cómo es que Amidala puede amar a Anakin. El cagón no hace más que quejarse de su supuesto amigo y de su vida; no la deja hablar y le cuenta, con cara de psicópata, las masacres que cometió. Para colmo, sólo dice frases estúpidas que en nada nos recuerdan al sabio Vader. Alguien dirá que en algún momento se rieron juntos, pero lo cierto es que le taparon la boca a los actores con cinta verde y luego pusieron digitalmente risas de cartón.

Así pues, los invito a que odiemos a Star Wars precisamente porque alguna vez nos gustó tanto. Si tan sólo conocieran el poder del lado oscuro verían que es más divertido criticar a esta saga que apegarnos a la nostalgia de algo que no vale la pena. Join me and together we can rule the galaxy.