One charming pig

Pulp Fiction Calaveras Gocco Print - Misnopalesart

Con esto del apuro no hubo tiempo para escribir un primer post. Hablé sobre Inception para aprovechar la ocasión, porque la cartelera de cine nos causa cierta incertidumbre y poca esperanza. Pero ahora quisiera ilustrar con mayor claridad qué tipo de textos cabrían en Press Play.

En la descripción que se aparece en la entrada de este espacio se ven escritas las palabras juegos y arte. Ninguna de las dos es arbitraria; antes bien, representan los temas que más me interesan. Sin embargo, así como se presentan de pomposas, resulta confuso lo general y ambiguo que puede ser el campo que delimitan. Dos tipos de textos serán los que reduzcan ese infinito al tamaño de una columna quincenal. Por un lado, se encontrarán escritos en los que se elogia o se raja de obras en particular y, por el otro, habrá reflexiones de cafetería relacionadas con los términos en cursiva antes mencionados. El artículo sobre Inception claramente hace parte de la primera categoría y éste que escribiré a partir del siguiente párrafo entrará en la segunda.

LAS conversaciones en el cine me chiflan. Las de la vida también, naturalmente, pero las del cine tienen una artificialidad encantadora, un impacto que en la rutina experimentamos muy poco y que se esconden en las frases y preguntas que recitamos todos los días. Podría decirse que así como la escritura es mucho más concisa y refinada que la expresión oral, así también los diálogos del cine son más precisos y afortunados que nuestras conversaciones de cafetería. Se pierde en profundidad porque el tiempo impone un límite, pero se gana tanto en contundencia. Sobra aclarar que también los diálogos escritos, sean novelescos o teatrales, tienen un alto grado de elaboración. Pero tiendo a pensar que lo que la cámara captura, lo que la edición permite, es algo particular. Entre sonido, guión, tomas de ensayo, edición, parece que las fortalezas de ambos mundos se reúnen. La infinita elaboración de la escritura, presente incluso cuando se finge espontaneidad, encuentra un feliz medio en las voces, tonos y gestos que nos permite la oralidad.

En ese orden de ideas, quisiera citar un ejemplo de por qué la mayoría de veces los diálogos no son un medio sino un fin y la potencia de esta versión idealizada de nuestra vida se pierde en diálogos funcionales que ayudan a mover la trama. Lo que me interesa, lo que quiero resaltar, es la suerte de poética que se ve en Pulp Fiction. Un día me preguntaron con genuina curiosidad que cuál era la joda con esa película. El sujeto en cuestión la había visto impulsado por las múltiples referencias de amigos y ante semejantes expectativas se vio decepcionado y confundido. Yo no supe qué decirle, porque nunca había conocido a alguien que no percibiera de inmediato lo enfáticamente cool que el filme es. La respuesta era ésa: Pulp Fiction tiene mucho estilo; la película, cierto, pero sobre todo los personajes dentro de la misma. Fue ante el reto de desglosar qué es lo que la hace tan atractiva que comencé a notar el tema de los diálogos. Otros tendrán otros referentes; ése es el mío. Metódicamente, acompañado de mi hermana, nos pusimos a categorizar los aspectos chéveres de la película. Había muchas cosas, no sólo los diálogos, pero todo apuntaba a ellos, todo se articulaba gracias a ellos.

Como viene al caso tangencialmente, cumplo con mencionar que la música de Pulp Fiction es inmejorable, un hito (y añado entre paréntesis que si no estamos acuerdo es porque se nos olvidó por lo tanto que fue quemada). Que también quede en el registro que las dinámicas narrativas son geniales. Todas las historias comienzan con un trillado refrito de temas propios del género (como el boxeador que debe perder intencionalmente), pero todas tienen un punto de quiebre. Algo literalmente absurdo no deja que las historias continúen con su desarrollo normal y el hilo narrativo se vuelve otra cosa. Pero no nos perdamos, el punto es que los diálogos de Pulp Fiction son de antología y por eso han sido tan quemados como la banda sonora.

Veamos pues un ejemplo dentro del ejemplo: la primera conversación. Dos personajes que no son centrales señalan que es todo un misterio el hecho de que los restaurantes no sean robados con frecuencia. Pumpkin, quien introduce el tema, elabora un argumento perfecto y gracioso, en el que convence a su esposa allí mismo de que atraquen el restaurante en el que están. Es tan convincente el discurso que yo mismo me hubiera parado con una pistola a echar madrazos, y tan memorable que lo cito ahora.

Con este mismo estilo, Pulp Fiction abarca un amplio espectro de diálogos. Encontramos pequeños discursos, como el ya mencionado y uno sobre el orgullo que nos jode; hay cosas que tildaría de performance, si los personajes alrededor no los consideraran normales. Para los que recuerden al mismísimo Tarantino hablando sobre café y depósitos de cadáveres, no hace falta que explique más. Otro performance se ve cuando Marcelus, el jefe, dice que si el boxeador que buscan se va a Indochina debería haber un negro escondido en un canasto de arroz esperando para meterle un tiro. Hay también discusiones, conversaciones, apuntes. Básicamente, todo el que aparece en escena se roba el foco de atención.

Lo más bello es que ésa es la gracia. Nunca la trama obstaculiza el discurso de los personajes. Al contrario, en cierto punto, Vincent y Jules terminan una conversación antes de entrar al lugar al que deben ir. Es la trama la que le tiene paciencia a los diálogos. Al principio quería hablar como hablan en Pulp Fiction, cosa ridícula e imposible; ahora me doy cuenta de que lo que quiero es ver más interacciones por el estilo, todas falsas y en celuloide, preferiblemente. Eso sí, nuestro modesto rol de citar estas conversaciones en nuestras conversaciones es bastante divertido. Me recuerda a las conversaciones sobre Los Simpson, que tan frecuentes eran cuando estaba en el colegio y cuando todavía no se habían ido al carajo.