Libro 4: Fragmentos Capítulo 6: “La Espera”


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Era bueno regresar a casa, aunque para la gran mayoría de los poblins el Bosque Lobrego era sinónimo de una muerte espantosa en el lugar más tenebroso de Poblinsburgo. Para Signore Lupo, ese era el único lugar al que podía llamar hogar.

A pesar de esa sensación de familiaridad, sentía que algo había cambiado. Tanto él como el bosque ya no eran los mismos. Mucho le había pasado a Signore Lupo desde que dejó su hogar con la misión de ayudar a su amigo “Sin-Cara”. No sólo había atravesado Poblinsburgo, había cruzado la barrera entre la vida y la muerte.

Aún seguía sin entender cómo es que había regresado de la tierra de los muertos. Sabía que si hubiera muerto en la Tierra de las Fábulas, el mismo lugar lo habría traído de vuelta, como ya había ocurrido en el pasado. Pero al morir en un país lejano, no debería haber regresado. Su muerte tendría que haber sido definitiva.
Tenía claro que la magia de Baba Yaga había tenido algo que ver. Pero algo más debía haber interferido. Esta nueva resurrección lo había traído de vuelta, pero ya no era el mismo lobo de antes.

Ahora estaba solo. Lupoblin escapó dejándolo atrás, pero conocía a su amigo y no tenía ni la menor duda de que no había tenido otra opción que huir. En realidad no lo había abandado, había aprovechado que el Signore estaba bajo el hechizo inmovilizador del Poblin King para irse, pues el poblin sabía que lo habría seguido hasta el fin del mundo. A Signore Lupo no le quedó otra opción más que escapar a pesar de que había una tregua, pues no confiaba en la Guardia Real. Así pues, huyó al único lugar en el que se sentía seguro.

Al llegar se encontró con que el Bosque también había cambiado. Lo sintió más grande, más oscuro. Estaba lleno de una vida propia y amenazante, como si con la muerte del Poblin King, lo hubiera liberado de unas ataduras invisibles, que contenían en la esencia formada por los cientos de Poblins que habían perdido sus vidas allí. Al principio sintió algo de temor, pero se dio cuenta que el bosque lo reconocía y lo recibía.

El aire vibró con una resonancia producida por el encuentro de las magias que habían dado vida a uno y otro. Eran parecidas pero definitivamente distintas y Signore Lupo sintió como la fuerza del bosque lo envolvía y entre más se resistía, más fuerte era la sensación que lo asfixiaba. Entonces entendió que el bosque no quería devorarlo, quería fundirse en uno con él y si continuaba resistiéndose lo consumiría, y desaparecería ahora sí, para siempre.

Así que se dejó llevar. De alguna forma sabía que no moriría, sólo cambiaría aún más. Sería uno sólo con el Bosque Lóbrego y así estaría siempre en su hogar. No podía ir a buscar a Lupoblin, pues él no quería ser encontrado, por lo que ahora sólo le quedaba esperar a que su amigo regresara a casa. Ahora como bosque podría esperarlo una eternidad.