Libro 3: Más allá de Poblinsburgo. Capítulo 16:”Guardia en el fin del mundo”


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Aunque les era posible ver la isla voladora, en donde se encontraba el palacio del Poblin King, Lupoblin y Signore Lupo tenían aún un largo y peligroso camino por recorrer. Debían saltar sobre las piedras que flotaban sobre un vacío infinito. Pero, un mal paso y podrían caer durante una eternidad sin llegar a tocar nunca el fondo.
Saltando de roca en roca vieron como una de ellas brillaba con un fulgor naranja que Lupoblin reconoció inmediatamente, ¡era mermelada de fuego! Con cautela los dos viajeros se acercaron y vieron un pequeño campamento cubierto de polvo. Sólo tenía un habitante, un poblin, que parecía llevar acampando allí muchos días, meses quizás. Estaba rodeado por varios botes de mermelada de fuego, que seguramente habían servido como sus provisiones. Pero parecía que ya empezaban a escasear. El poblin se veía débil, derrotado por el tiempo y por una espera que parecía no tener fin. Era tal el efecto de la larga espera sobre el agotado poblin, que ni Lupoblin ni Signore Lupo pudieron reconocer a quien, un tiempo atrás, estuvo persiguiéndolos junto a otros dos cazadores.

Era el poblin Estandarte, el tercer miembro de los Cazadores Reales. Quien, por el contrario, rápidamente notó la presencia de los dos amigos, que antes fueron sus presas. Y justamente a ellos era a quienes estaba esperando.
Saltó con fuerzas renovadas y corrió a abrazarlos. Ni el poblin, ni el lobo supieron reaccionar ante este recibimiento que los cogió completamente por sorpresa, y lo que pudieron hacer fue quedarse quietos mientras el Estandarte los abrazaba con fuerza.

– Llevo esperándolos desde hace meses- dijo emocionado. – Me ofrecí, cuando el Rey dijo que necesitaba a alguien que guardara la frontera y esperara a que ustedes regresaran para llevarlos de inmediato ante él. Pero ningún poblin creyó que regresarían. Todos daban por muerta a la Bestia del Bosque Lóbrego y nadie imaginaba que “Sin-Cara” regresaría a Poblinsburgo tras escapar a la Tierra de las Fábulas. Pero yo si creí en su promesa, y cuando el Rey me dijo que regresarían, no dudé en ofrecerme como voluntario y hacer guardia en los confines de Poblinsburgo.

He de aceptar que al pasar los meses pensé qué esta era una espera absurda, pero aún así me mantuve firme. Y ahora que han regresado, el Poblin King sin duda me premiará por mi paciencia y obediencia.-

Poblin y lobo oyeron con atención al guardián, que narraba con ansiedad su tiempo de guardia y cómo por fin había terminado. Era evidente que tan larga espera solo, le había afectado su capacidad de razonar. No sabían qué hacer, había algo en el poblin que los ponía nerviosos. De repente los soltó y empezó a remover entre el campamento, lanzando vasijas, mantas y otros enceres, como si estuviera buscando algo. Cuando por fin pareció encontrar lo que con tanta ansiedad buscaba volvió con velocidad hacia Lupoblin y Signore Lupo.

-¡Ahora vamos! No podemos hacer esperar más al Poblin King-. Un fuerte resplandor salió de su mano y los rodeó. Los tres habían desaparecido.