Faena Policial

Una ciudad del centro de Perú se despertó con un movimiento social que sorprendió a todos los habitantes, por lo risible de la manifestación que intentaron hacer. Un reducido grupo de personas, movido por una fuerte conciencia ecológica, caminaba por el centro de la ciudad, llevando carteles que rezaban: “no al tráfico ilegal de especies, la naturaleza es vida”. La policía, que seguía muy de cerca el mitin ecológico, había infiltrado algunos agentes entre las filas, quienes también llevaban pancartas y gritaban enardecidamente como los demás.

El movimiento se desplazaba por la calle Real, la arteria principal de la ciudad; el ambiente era tranquilo, la gente iba vestida de colores simbólicos: verde, azul, blanco. Fue solo cuestión de minutos para que, en un momento especifico de la caminata, pusieran sobre sus cabezas animales embalsamados que traían envueltos en bolsas y en papel periódico. Llevaban serpientes de más de dos metros de largo, águilas, lagartos, chigüiros, un marrano, un perro. Lo que rompió la pasividad de los guardianes del orden público fue que cuatro personas –de este mismo grupo- cargaron en sus hombros, como si fuera una procesión religiosa, un oso andino de talla mediana.

Inmediatamente, los policías emitieron una señal hecha por miradas entre ellos, y desplegaron la actividad de confiscar los animales. Las personas corrían de un lugar a otro, pues pensaban que los iban a encarcelar; pero lo que realmente los policías pretendían era tomar los animales embalsamados a como diera lugar, para llevar un buen reporte a la jefatura policial. Los que huían, por temor soltaban los animales, lanzándolos hacia arriba; y los policías, como atrapando pelotas de baseball, ponían sus manos para capturar la evidencia. Uno llevaba la serpiente en su cuello; otro, bajo su brazo, una garza; otro llevaba un cerdito entre sus manos; y cuatro cargaban el oso café, con su gran y embalsamada boca rugiente y sus garras infantiles.

El mitin se transformó de protesta a espectáculo: rápidamente llegó un nuevo contingente policial para escoltar por las calles a los uniformados que llevaban la evidencia, la confiscación de la protesta ecológica. Los que protestaban, impresionados por el hecho, y como si hicieran alarde del sentido común, se salieron de la vía principal –que los mismos policías habían cerrado- y se hicieron en las aceras laterales para ver pasar al grupo policial que ofrecía el espectáculo más cómico del año.

Algunos transeúntes tomaban fotos, mientras los policías sonreían pensando que cumplían con su deber, mientras la gente realmente pensaba en el espectáculo que estaban recibiendo gratuitamente. Un turista norteamericano que curiosamente estaba en el centro de la ciudad, al ver tal cosa, le preguntó a otro: “excuse me, is this the Cirque du Soleil?.

¿Qué cosa?, respondió el joven. “Nothing, nothing” dijo el gringo, mientras miraba sorprendido, como si estuviera en África delante de hienas y hurones. Los manifestantes, después de que los policías se fueron, llegaron a la plaza principal e hicieron presencia con un discurso apagado, recitado por un orador montado en un burrito. Si no fuera por el megáfono, se hubiera llegado a pensar que era una charla entre amigos.

Nadie en la ciudad se conmovió por la protesta- Los únicos enfadados eran los taxistas, que habían perdido unas cuantas carreras céntricas bien pagadas y con propina. Los transeúntes y aquellos que deambulaban por el parque seguían con su misma rutina: comer helado, dejarse embolar los zapatos, niños jugando y corriendo en la pileta que hay en el centro de la plaza, vendedores de periódico y cantantes sin corillo. Sin embargo lo más llamativo siempre fue el carro de la policía estacionado a un lado de la plaza, con todos los animales puestos encima de la carrocería. La protesta no tuvo eco, pero los ciudadanos, los turistas y los manifestantes estaban felices de tal espectáculo policial.

  • Lola Mares

    Mientras la seudo mayoría patriota, siga desconociendo a la disidencia; mientras siga substimando la otredad y fomentando el autismo político, no crecerá sino que irá en descenso, tal y como sucede hoy. La izquierda venezolana no es patrimonio del PSUV, el amor de TODO los ciudadanos en Venezuela no está necesariamente condicionado por la presencia de un líder carismático único, cosa recurrente en los populismos latinoamericanos. La oposición política venezolana no necesariamente milita para el grupo Cisneros -grupo que por cierto ha pactado millones de veces con los gobiernos-. Dudo mucho que un artículo de este tamaño se impida que el gobierno siga adelante con sus políticas. Gracias por su opinión. Saludos.