Cómo entendemos el tiempo

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Mi  sueño es diseñar el tiempo

Yohji Yamamoto

El tiempo en la vida

Los latinoamericanos hemos entendido erróneamente que lo único que no podemos diseñar es el tiempo. Sin embargo, en el sur de continente, se diseña a partir de todo lo medible y tangible.

Transformamos la materia como artesanos de la vida. Es una capacidad maravillosa el hecho de que el hombre diseñe cosas como casas, ciudades, democracias, conceptos; y que elabore sueños, como ser un profesional, tener una familia, ser actor, cantante, científico, político, escritor y se esfuerce para ello. Pero… ¿diseñar el tiempo?, algo que no se puede ni ver ni sentir, ni escuchar ni gustar ni olfatear… ¿Es posible. Porque si es así, entonces se podría reformar la existencia en todo momento, ya que el hombre es el tiempo que vive (no el que le queda por vivir). Todo radica en cómo se entiende y se experimenta de acuerdo a una nueva percepción temporal.

El proverbio haitiano de “tenemos relojes pero no tiempo” (que parece sacado de un Cronopio de Julio Cortázar) es tan aplicable a ese país caribeño como a los países del sur de América.  La idea funesta de medirlo todo y sujetar la vida a la tiranía irrisoria del reloj es una realidad de la cual difícilmente se escapa quien no comprenda que el tiempo es una invención humana. Entonces, ¿qué es lo que mide el reloj? Sin lugar a dudas mide algo, pero ese algo no es, hablando con rigor, algo invisible, sino algo muy concreto: una jornada de trabajo, un eclipse de luna o el tiempo que un corredor emplea para recorrer 100 metros, etc. Los relojes son aparatos sujetos a una norma social que discurren según una pauta siempre igual que se repite, cada hora o cada minuto. Para ser más claros y realistas, el tiempo como tal no existe.

Del reloj surge el tiempo cronos, una regla para el hombre moderno. Es angustioso ver el estilo de vida de los hombres en Santiago de Chile y su metro atestado de personas, en Lima y la intensidad de la vida, Bogotá y su profuso comercio, Quito y su señuelo arquitectico o La Paz, donde las personas no viven en sus casas, sino en sus trabajos. El tiempo que venden o compran los consume de tal manera, que se mueven según los dictados de una vida cronometrada.  La velocidad con que hoy marchan las cosas, el ímpetu y la energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico. Esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época. Se deduce entonces que el tempo entra irremediablemente en la categoría de cosa. Y si hacer “cosas” supone una capacidad humana, el cronos entraría en esas “cosas” que también pueden ser reinventadas para  sobrellevar la aventura de vivir.

La vida en el tiempo

La conjugación vital de la trinidad económica pasado-presente-futuro es la minuciosidad o, mejor, las etapas que el hombre cree tener que vivir obligatoriamente. Lo curioso es que por mucho que creamos estos conceptos, siempre estaremos en un presente continuo.  Así, de un estado a otro estado, dirían los latinos, “es cuestión de tiempo”. Todo se espera o se aplaza y así continua la vida sucesivamente. No es de dudar de que los americanos seamos razonables, minuciosos y medidos. Por eso, en las sociedades frenéticamente capitalistas, la frase “el tiempo es oro” impulsa moralmente a las personas a tomar cada minuto en serio, no desperdiciarlo, invertirlo, de tal modo que no pueda ahorrar nada, sobre todo para sí mismo. Estas son las consecuencias de una mala interpretación sobre la medición de la vida. El reloj como invento es un falseamiento de la vida del hombre o un condicionamiento para su existencia. Latinoamérica, en momentos, se pone a la moda con esta frase, aunque debería rediseñarse por: “La vida es oro, luego uso el tiempo para complementar la belleza de existir”.

La vida se organiza de acuerdo a ideas, argumentos,  sueños, cosas, palabras, imágenes, proyectos y también según añoranzas y recuerdos (“qué sería el hombre sin la memoria”). Pero esa vieja frase de Jorge Manrique, usada por los románticos según los cuales “todo tiempo pasado fue mejor”, no es del todo cierta. A la mayor de las épocas no le pareció su tiempo más elevado que otras edades antiguas, sino que cada edad histórica manifestó una sensación diferente ante ese extraño fenómeno de la altitud vital: cada lugar, cada conglomerado de gente llámese cultura, nación o pueblo, afrontaba una existencia plena en todo el sentido de la palabra. Quizá en Latinoamérica hubo tiempos mejores, pero este es nuestro tiempo.

Hay un concepto poco explorado por los hombres, aparte de cronos,  y es el tiempo Kairós. Este es un concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado de tiempo en cual algo importante sucede. Su significado literal es “momento adecuado u oportuno”. Es una etapa donde no se mide las cosas según el reloj, sino de acuerdo con los propósitos personales de cada persona. En otras palabras, se trata de dirigir la vida hacia fines concretos y no usarla como un medio para sostener la existencia. Cuántos proyectos quedan por ahí desperdigados sin poder ser realizados. Cuántas oportunidades sin ser aprovechas por el temor de ser excluidos de un sistema laboral que garantiza el sustento físico. El primer paso para la libertad es entender bien y vivir de acuerdo a esa comprensión.

El Kairós es una gran formula  “actividad-existencia”, donde las capacidades para alcanzar las cosas se vuelven específicas para llegar a ser una persona que vive genuinamente. En esta forma de ver el tiempo, las cosas importantes suceden. La vida se torna de cualitativa a cuantitativa. Las sociedades en América están en constante cambio y alinear la preparación con la oportunidad dará como resultado el disfrutar de un momento irrepetible que puede cambiar la existencia del hombre. Kairós es el tiempo que juega a nuestro favor y no aprisiona la mente ni vuelve la vida cronometrada. Los que saben diseñar el tiempo cronos a su favor encuentran en el Kairós el instante fugaz en el que aparece, metafóricamente hablando, una abertura (o sea, el lugar preciso) que hay que atravesar necesariamente para alcanzar o conseguir el objetivo propuesto.

¿Qué es en síntesis el tiempo para los latinos? No son las circunstancias favorables o adversas que se les presentan, sino la oportunidad y la decisión de tomar conciencia de que Suramérica no es un subcontinente que se siente en agonía, sino en plenitud sobre los tiempos. Es una auténtica plenitud de nuestra gente que no consiste en la satisfacción, en el logro o en la llegada. Nuestra vida histórica corresponde a la oportunidad única de prepararnos para la altitud vital de vivir genuinamente y disfrutar de lo que somos, tenemos y creamos para nuestro beneficio colectivo. Los sociólogos optimistamente le han llamado a esto “el despertar de los latinos”, porque añoran teóricamente un milagro económico y cultural como el de los tigres asiáticos. El impacto debe ser integral, pero todo reside en cómo interpretamos y diseñamos el tiempo y conseguimos su máximo provecho. ¿Cronos o Kairós? De eso depende la libertad social de nuestros países, tan llenos de vitalidad creadora.