Redrat, el sangriento elixir de la eterna juventud

Según informara el portal de CNN en español, la fuente de la eterna juventud podría estar en la sangre. La afirmación se basa, entre otros estudios, en los realizados por el Instituto de Células Madre de la Universidad de Harvard, en los que se comprobó que la inyección de sangre de ratones jóvenes ayudó a rejuvenecer los cerebros y tejidos musculares de ratones más viejos, así como su sistema cardiovascular y la función cerebral. Se dice que esta investigación podría llevar, eventualmente, a terapias para tratar condiciones médicas que a menudo padecen los humanos que van envejeciendo.

La responsable de devolver el tiempo, al parecer, es una proteína de la sangre llamada GDF11, que en su forma madura es idéntica en ratones y humanos. Según Amy Wagers, autora del estudio mencionado, luego de que a un ratón de dos años (similar a un humano de 65 o 70 años), se le inyectaran dosis diarias del GDF11 de la sangre de un ratón de dos meses (análogo a una persona de 20 años), el mayor pudo correr en una caminadora igual que los ratones jóvenes y mucho más que otros viejos que no recibieron el tratamiento. Wagers dijo a CNN que ella y sus colegas trabajan para diseñar la prueba del GDF11 en humanos, pero que todavía quieren entender un poco más qué es y cómo funciona.

No se necesitan grandes habilidades clarividentes para saber que, a la vuelta de diez años, la proteína GDF11 estará disponible para el consumo humano. Así, en los supermercados, junto a las frutas y vegetales, encontraremos la Redrat, una especie de bebida energizante, fabricada a base de sangre y con alto contenido de GDF11. Luego de una batalla legal de marca por su similitud con Redbull, la Redrat será el elixir que devolverá brío y juventud a los ciudadanos del futuro mayores de 45 años.

Gracias a Redrat, ganar edad dejará de ser sinónimo de angustia para los seres humanos. Frases como “los cincuenta son los nuevos cuarenta” pasarán de ser un consuelo para tontos a una realidad tangible. Igual que con el alcohol, muchas personas menores de 45 años intentarán adquirir y consumir la bebida, pensando que entre más temprano la consuman, mejores serán los efectos rejuvenecedores a largo plazo. Sin embargo, ello estará prohibido, dado que al depender de las donaciones de los humanos jóvenes, la producción de la bebida será a mediana escala. Lo primordial será garantizar la disponibilidad para quienes de verdad la necesiten.

 

La efectividad de la Redrat la comprobarán personajes como Madonna, quien a sus 70 años promoverá su quinceava gira mundial que titulará “The Redrat-antiaging-experience”, en la que lucirá tan lozana como en sus épocas de Like a virgin. Por su parte Woody Allen rendirá homenaje a la bebida estrenando la película “La rata roja del Cairo”, con la que se retractará de todas sus frases depresivas acerca del envejecimiento. El día de su boda a los 90 años con una mujer 70 años menor que él, pronunciará estas palabras mientras brinda con una lata de Redrat: “Sólo veo ventajas en envejecer. Floreces, te haces más fuerte, mejoras tus facultades, tu grupo de amigos luce en muy buena forma. Es algo muy agradable. Es una especie de sueño”.

Sin embargo, el sueño no durará mucho tiempo. Una década después del lanzamiento del elixir rojo, los noticieros del mundo reportarán la trágica moda de las “Hemotecas”; fiestas en las que jóvenes desde los doce años, obsesionados con el envejecimiento prematuro y viendo que muchas veces sus padres que les triplican la edad lucen mejor que ellos, encontrarán la manera de burlar la prohibición de ingerir sangre.

En las Hemotecas, encuentros del todo clandestinos, jóvenes de estratos altos contratarán a otros jóvenes con menos recursos para que les permitan abastecerse de su sangre. Estas fiestas comenzarán a cobrar víctimas, cuando debido al manejo improvisado e irresponsable de las transfusiones, muchos donantes no sobrevivan. Los dilemas éticos que se suscitarán a raíz de esta situación, llevarán a las autoridades a vetar la producción de Redrat y de cualquier otra bebida que contenga sangre humana entre sus componentes. La prohibición total, por supuesto, generará la mafia y desde entonces combatir el tráfico de sangre o Hemotráfico, será una de las batallas más arduas que enfrentarán las autoridades internacionales del futuro.

Y quién podría culpar a los humanos del porvenir por obsesionarse a niveles literalmente sangrientos con la juventud, si son hijos de nuestra generación, la que desde hace décadas ha sido objeto de un bombardeo publicitario generador de miedo a los procesos naturales del cuerpo, sobre todo al de envejecer. Según estos anuncios, el cabello, la piel, los dientes, las uñas, la grasa corporal, las líneas de expresión, deben ser atacados con químicos que neutralicen sus ciclos vitales y los adapten a una ficción según la cual lucir u oler de manera natural es un valor negativo y envejecer es inaceptable.

Desde que asumimos, como dicen los filósofos de la posmodernidad, que nuestro Ser y el cuerpo son la misma cosa, admitimos que éste último fuera un terreno de batalla por la conquista de la libertad individual. Sin embargo, no contamos con que las estrategias de seducción de la sociedad de consumo nos convencieran de que esa libertad consistía en modificar el cuerpo utilizando sus productos.

El cuerpo de las pantallas, el cuerpo mediático, sin edad, corregido a punta de iluminación, maquillaje, cirugías estéticas y photoshop, sustituyó al real y se convirtió en la meta a la que aspira gran parte de la población. El cuerpo real dejó de interesarnos, al punto extremo de emocionarnos con la presentación musical de un holograma, como ocurrió en los pasados Billboard Music Awards, en los que se recreó la presentación “en vivo” del difunto Michael Jackson. Pero el holograma no era Michael, era su cuerpo y eso bastó para que el público lo ovacionara como si estuvieran ante el verdadero. Nuestra era es la del empaque, la del cuerpo como estuche vacío.

No sorprendería entonces que en el futuro, tras la prohibición de la Redrat, el consuelo de la humanidad ante su deseo de eterna juventud, sea que cada quien tenga su propio holograma. Una versión gaseosa y modificable conforme al antojo de cada sujeto, para que le represente en la vida pública. Un holograma siempre joven y esbelto que viva y se relacione con los demás hologramas, mientras la verdadera persona envejece enclaustrada en el rincón más oscuro de su casa, como el retrato de Dorian Gray.

 

Eterna juventud 1