El nacimiento del Homo Sapiens Solarium

A finales de octubre, una niebla tóxica envolvió el noreste de China, en las zonas fronterizas con Rusia y Corea del Norte, obligando al cierre de escuelas, autopistas y aeropuertos en grandes ciudades de la región, como Harbin y Changchun. Según reportaron medios oficiales, la densidad de las partículas rebasó los 500 microgramos por metro cúbico, alcanzando niveles considerados peligrosos para la salud pública. El origen del fenómeno, conforme a lo reportado por la televisión estatal CCTV, se debe al uso de carbón en la calefacción comunitaria y como principal fuente de energía, y a la quema de rastrojo. La capital china anunció que aumentará las limitaciones al tráfico, otra de las grandes fuentes de contaminación, para intentar reducir índices peligrosos de polución. Las autoridades meteorológicas del país asiático emitieron la alerta roja, pronosticando que la niebla se prolongaría un par de días. Las 31 regiones de nivel provincial de la parte continental de China han registrado este año una media de 4,7 días de niebla tóxica, el mayor número desde 1961, informó el viernes la Administración de Meteorología de China (AMCh).

Este hecho permite pronosticar lo inminente: En el futuro (cercano, por supuesto) la niebla producto de la contaminación dejará de ser un asunto que afecte sólo a los chinos, para convertirse en un fenómeno global. Si bien la República Popular ocupa el primer puesto en el ranking de naciones con emisión anual de CO2, que asciende a 3.120.000.000 de toneladas, en la tarea de contaminar, no le hacen falta contendores. Le siguen Estados Unidos con 2.820.000.000, India con 638.000, Rusia con 478.000, Alemania con 429.000, sin descontar la cuota que, en menor medida pero sin restar gravedad, aportan Japón, Reino Unido, Suráfrica, Australia y Corea del Sur, sólo por nombrar el top diez de una lista en la que cada país del planeta aporta su tanto.

Es así como dentro de unas décadas, ciudades como Nueva York, Londres o Berlín amanecerán envueltas en una densa neblina que se posará sobre edificios, automóviles y cabezas de transeúntes que no tendrán más remedio que valerse de máscaras de gas para evitar el desarrollo de enfermedades respiratorias y cancerígenas. Una niebla oscura y densa empañará por meses la vida cotidiana de las principales capitales del mundo, obligando a Naciones Unidas a celebrar una cumbre de emergencia para tomar medidas que resuelvan de fondo el problema de la “marea blanca”, como será bautizada la nociva niebla por los medios de comunicación.

El resultado de dicha cumbre será uno de los tratados más contundentes jamás firmado y ratificado en materia de lucha contra la contaminación ambiental. El compromiso principal por el que se la jugarán las naciones firmantes será el de eliminar definitivamente la combustión de la actividad humana y consecuencialmente erradicar cualquier tipo de emisión gaseosa nociva para el medio ambiente. Es así como en un proceso que tomará apenas un par de años, nos embarcaremos en una transición que nos llevará a reemplazar cualquier clase de combustión como fuente de energía, cambiándola inicialmente por energía eléctrica y finalmente por energía solar. El compromiso de la sociedad global con esta nueva fuente será firme y afectará la vida en todos los niveles. Cada actividad humana deberá adaptarse a las nuevas políticas de sostenibilidad. Todo, desde la forma en la que preparamos los alimentos (que cocinaremos en hornos de microondas activados por energía solar), hasta la construcción de las viviendas y la forma en que nos transportamos, deberá responder de manera amigable con el ecosistema. Será una era de prohibiciones, sanciones para los incumplidos y de recodificación de la mentalidad de hombres y mujeres que, en últimas, nos convertirán en una sociedad que pondere el autoabastecimiento, la reutilización de materiales, la dignidad de los animales y las plantas y el aprovechamiento de la luz solar.

Lo anterior dará origen a un nuevo episodio en nuestra evolución: El tránsito del Homo Sapiens al Homo Sapiens Solarium, u Homo Sapiens Solar. Un salto evolutivo que afectará la estructura del cerebro y del ADN humano, lo que ocurrirá por cuenta de factores como abandonar la ingesta de alimentos cocinados con fuego y el aprovechamiento del sol como fuente principal de luz, energía y calefacción.

Seremos la humanidad sin fuego. Al eliminar la combustión, eliminaremos la expedición de gases tóxicos a nivel global, lo que paulatinamente favorecerá la reconstrucción de la capa de ozono, la regresión del efecto invernadero, la nivelación del PH de los océanos. Le diremos adiós al calentamiento global y secuencialmente a todos los males que desde que le sacamos chispas a un par de piedras le hemos causado a este planeta. Al romper su relación con el fuego, el Homo Sapiens Solarium será una criatura de pulmones y sistema circulatorio y digestivo limpio, con un espíritu igual de diáfano, que le permitirá desarrollarse y avanzar como especie sin causar detrimento al medio ambiente, siempre atento a que cualquiera de sus empresas responda inicialmente al bien común y a la preservación de sí mismo y de los demás seres vivientes.

Y es que el mundo como lo conocemos se lo debemos al fuego. Fue nuestra primera fuente de energía controlada, factor determinante en la evolución del ser humano al permitirle digerir mejor los alimentos y tener una digestión más rápida y efectiva. En torno al hogar (lugar donde se prepara el fuego) se desarrolló la familia, con mayores interacciones sociales, lo que influyó en la comunicación y en el desarrollo del lenguaje. El fuego favoreció la fabricación de herramientas y utensilios. La iluminación permitió desarrollar el arte rupestre, puesto que fue posible llevar a cabo la obra y contemplarla, lo que permitió la apreciación mental, tener sentido del tiempo, desarrollar la creatividad, la memoria a corto y largo plazo, la concentración y la planificación.

La evidencia fósil muestra que el fuego se empleó para cocinar alimentos hasta 1.9 millones de años atrás, aunque el Homo Erectus no lo convirtió en un elemento de uso común hasta hace 400.000 años aproximadamente. Como sea, desde que controlamos el fuego todo fue progreso, sin él no habríamos tenido el desarrollo mental para inventar la rueda o el teléfono celular. Sin embargo, desde que pudimos generar llamas a voluntad, para los humanos ha sido imposible el desarrollo de tecnología alguna que no implique un deterioro al medio ambiente. Todo lo que hacemos como sociedad civilizada supone la muerte de algo en la naturaleza, puesto que aquello que llamamos tecnología nos convierte colateralmente en máquinas de basura y polución. Basta echarle un vistazo al video “Do the evolution” de Pearl Jam, para hacerse a un panorama.

Parece conveniente agotar nuestro largo affaire con este elemento, esa chispa que al brotar por primera vez de nuestras manos, (me atrevo a suponer) sembró en el fondo de nuestros ojos otra llama, la de la ambición, combustible que nos ha animado históricamente a modificar el mundo para adaptarlo a nuestras nociones de comodidad, a costa del mundo mismo.

¿Esperaremos a que la niebla tóxica lo cubra todo para tomar medidas radicales y comprometidas para proteger el medio ambiente? “Si no comenzamos a pensar de una forma sostenible, la madre naturaleza se despedirá de nosotros”, dijo en estos días John Densmore, baterista de The Doors en Costa Rica, durante el P3 (foro sobre desarrollo y turismo sostenibles llamado Personas, Planeta y Paz). Y tiene razón, ya es hora de que apaguemos la ambición y entendamos, como mencionó el mismo Densmore, que la Tierra tiene una sola vida y que debemos tomar conciencia para que no sea más corta de lo necesario. O acaso qué más alertas rojas necesitamos; en China, por cuenta de la contaminación, una niña de ocho años de edad se ha convertido en la persona más joven con un diagnóstico de cáncer de pulmón. Si eso no es un wake up call definitivo, entonces, ¿qué lo es?

Bueno, si tomamos conciencia, en el mejor de los casos evolucionaremos a seres solares; la otra opción es que nuestra naturaleza egoísta se imponga sobre nuestra amistad con lo verde y terminemos como lo retrata Elysium, la cinta del director Neill Blomkamp, protagonizada por Matt Damon, en la que en el año 2154 los humanos más adinerados escapan de la Tierra, de la niebla, de la contaminación y las enfermedades, para fundar una nueva vida en un planeta artificial y exclusivo, mientras que los menos afortunados son condenados a permanecer en este planeta soportando su desquite. Suena a cliché, pero es verdad: El futuro está en nuestras manos.

 

 

 

  • Leonor Villaveces

    ¡Uff! <3