En el futuro las calles serán zonas libres de humanos

Desde 2012, Coca-Cola y Pepsi, tradicionales enemigos en el negocio de las gaseosas, han unido fuerzas para enfrentarse a otra marca que, poco a poco, se ha convertido en su gran amenaza. Se trata de Sodastream, la empresa que viene popularizando un dispositivo para preparar refrescos carbonatados caseros (léase gaseosas hechas en casa), que permite a los usuarios carbonatar agua de la llave para crear soda de más de cien sabores diferentes. El enfrentamiento entre las dos grandes embotelladoras y la nueva chica del barrio se acrecentó a partir del último Super Bowl, evento en el que Cocacola y Pepsi, alegando que las denigraba, lograron vetar el comercial de Sodastream. En el anuncio figuraría el lema “Con SodaStream puedes ahorrar 2,000 botellas cada año. Si te gustan las burbujas, déjalas libres”, al tiempo que explotan botellas de la competencia cada vez que una persona utiliza el dispositivo. La censura, por supuesto, benefició a Sodastream, quien contraatacó con otro spot, en el que en una pantalla negra se ve únicamente el eslogan de la marca, mientras se escucha el estallar de las botellas de plástico, evocando claramente la pieza censurada. Ambos anuncios han alcanzado millones de visualizaciones y las ventas de Sodastream, como era de esperarse, se han multiplicado.

Este hecho del presente, aparentemente aislado, sirve para pronosticar lo inevitable: en el futuro las calles serán espacios libres de tránsito humano. La cultura del “do it yourself”, tan alabada en este siglo, llegará a sus últimas consecuencias cuando, gobiernos y corporaciones, aparte de exhortarnos a hacerlo todo nosotros mismos, nos “invitarán” a hacerlo en casa. Resulta lógico. La gente en la calle se ha vuelto cada vez más un inconveniente para gobiernos y corporaciones, que han visto en las manifestaciones públicas, marchas, tomatinas y ocuppy, la conjugación de personas y voluntades políticas con el poder suficiente para coartar algunas de sus iniciativas. Por ejemplo, que se retracten de la implementación de leyes arbitrarias, evitar que se apoderen del espacio público, hacer visible la avaricia de los bancos y hasta derrocar presidentes. Y es que, en general, estas movilizaciones, en su mayoría pacíficas, se han convertido en el arma más poderosa de la masa para hacerse escuchar y reclamar sus derechos, como ocurrió en Egipto con la derroca de Mubarak, en Colombia, con el movimiento estudiantil en contra de la Ley 30 de reforma educativa o, incluso, en Cartagena, donde un grupo de civiles impidió la instalación de un local de Juan Valdez justo al pie de un monumento como La Torre del Reloj.

Tan inconvenientes como resultan entonces las manifestaciones públicas para los directamente afectados, es decir, los que manejan los hilos de esta sociedad, los que mueven las fichas, esos poquitos tan adinerados y tan poderosos, no les quedará más remedio que aprovechar empresas como la de Sodastream para, escudados en los beneficios ecológicos, instalarnos un chip que nos convenza de prescindir completamente de deambular el espacio público. Dirán: “Vamos, no salga a la calle, o qué hay allí, trancones, esmog, tumultos, filas, tropezones, accidentes y accidentes provocados por borrachos al volante. Mejor, hágalo usted mismo y quédese en casa. Pague facturas por internet, ahórrese el dinero en transporte, la gasolina está cada vez más cara. Trabaje desde casa, hágase freelance, tenga su propio horario, levántese a la hora que quiera y desayune con una rica bebida con soda preparada por usted mismo. Evite exponerse a grandes oleadas de sudoración colectiva en centros comerciales, incómodas estancias en probadores de prendas, padecer a los hijos de los demás en las zonas de juegos del restaurante. En lugar de eso, pida su ropa, zapatos, comida, artículos de uso personal y en general todo tipo de mercancías por internet”.

Es así como en el futuro la mayoría de las personas eliminará, casi sin darse cuenta, el hábito de salir a la calle. Hasta los más resistentes a esta tendencia claudicarán en su intento por reclamar el derecho al libre tránsito, sobre todo cuando cada humano tenga en su casa una Impresora 3D. La publicidad se encargará del resto, no les costará más que un eslogan convencernos de pensarlo dos veces antes de salir a la calle y, mejor, aprender que con dicha impresora puede uno mismo fabricar vestidos a medida, como el que luciera hace poco la actriz y bailarina Dita Von Teese; trasplantes y prótesis humanas como la tráquea artificial que le salvara la vida a Kaiba Gionfriddo, bebé de seis semanas que nació con un defecto que le impedía respirar correctamente; y en el lado menos claro de esta tecnología, rifles de asalto o pistolas de mano, cuyos planos circulan libremente por Internet.

Calles libres de gente promete el futuro. Será un proceso medianamente lento pero efectivo. Al principio sólo seguirán frecuentando la calle quienes saquen a pasear a sus perros o a sus hijos pequeños y quienes insistan en emborracharse fuera de sus apartamentos. Sin embargo, eventualmente, habrá cada vez más People-free zones, que serán como zonas libres de humo de tabaco pero, esta vez, libres de personas. “Una pequeña pérdida para el individuo, una gran ganancia para la sociedad”, dirán. “Todo es por una buena causa” proclamarán gobiernos y corporaciones. Para ocultar lo siniestro de esta reclusión, afirmarán cosas como que, sin gente, se libra el espacio público de la contaminación ambiental producida por los medios de transporte; se erradica la contaminación visual, al resultar innecesarias las horrendas vallas publicitarias; no habrá contaminación auditiva, puesto que no habrá quien produzca ruido y se resolverá la falta de habitación por causa de la creciente sobrepoblación, ya que el espacio antes dedicado a plazas y avenidas será destinado a la construcción de propiedades horizontales de incontables pisos, para que finalmente haya casa para tanta gente.

Entonces afuera todo lucirá como en el cuento de Ray Bradbury, El peatón, en el que en el año 2052, el señor Leonard Mead es arrestado por una patrulla de policía robot, y conducido al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas, por haber sido sorprendido dando una caminata. Es decir, qué razón podía dar el tipo para justificar andar de peatón, cuando todo lo que necesita, trabajar, alimentarse, consumir y “ejercitar su cerebro” conectado a múltiples medios de comunicación (de hecho la patrulla le pregunta si es que acaso no tiene televisor), lo puede hacer él mismo, desde la comodidad de su casa. Una casa que lucirá igual al mini apartamento de Corven Dallas en la película El quinto elemento, donde una persona habita cómodamente en un área de 2×2, siempre que se las arregle para que cada espacio, el cuarto, la sala, la cocina y el baño, se superpongan en una estructura que acentúe su carácter claustrofóbico, pintándose de colores que sirvan como reminiscencia del Lego.

Todos bien guardaditos en nuestras casas dejaremos de representar una amenaza para la sociedad; bien guardaditos, dejaremos, en últimas, de ejercernos como ciudadanos y como seres políticos, debido a lo cual no tendremos la oportunidad de actuar como dice la canción El Hormiguero de Calle 13, como las pirañas, en equipo; por lo que revueltas como la ocurrida hace poco en Brasil, en la que la gente salió a la calle a reclamar, entre otros, por el alza en el pasaje del metro, serán historia. Qué digo historia, leyendas, tanto como lo serán las revueltas campesinas que hoy tienen lugar en Colombia, porque, vale aclarar, que antes que las calles, lo primero en quedarse definitivamente sin personas será el campo. Pero recuerden, “una pequeña pérdida para el individuo, una gran ganancia para la sociedad”, slogan con el que las multinacionales silenciarán los reclamos de justicia por el agro. Con ese lema nos librarán del cargo de consciencia por permitirles apoderarse y urbanizar cada espacio verde del mundo y dejarnos sin más opción que embutirnos su basura sintética que, obviamente, prepararemos nosotros mismos, cual Sodastream, desde la comodidad del hogar-cubículo.

En nuestras cabecitas adornadas con flamantes Goggle Glass, sólo habrá lugar para preocupaciones volcadas hacia el costado más pueril del ego, siendo la única preocupación postear vanidades en nuestro video blog personal en YouTube, (cualquier parecido con Harlem Shake u Hola soy Germán es pura coincidencia), en el que la única protesta estará dirigida a la compañía de mensajería que demora en entregar el pedido de cerveza instantánea con 5.2 grados de alcohol.

Posdata: Es el año 2052. El ciudadano J.S.Q84, líder de La Resistencia, se arriesga a salir a la calle a fijar en lugares estratégicos y secretos, noticas de papel amarillo con las que ha logrado armar una red social offline (a prueba de espías virtuales) y juntar un pequeño ejército de liberación. Esta noche, y luego de planearlo durante meses, comunicará las coordenadas del primer acto político celebrado en el espacio público en décadas: Un Flashmob. Los participantes portarán máscaras de V de Vendetta para proteger sus identidades y se armarán con una pistola de bengala. Ambos objetos los fabricarán en sus impresoras 3D. Reunidos en punto de la media noche, harán un único disparo de bengala roja que iluminará el cielo, para luego dispersarse de inmediato a sus cubículos. El objetivo es recordarle a quienes observen por sus ventanas, que la calle alguna vez fue suya y que fue allí, y en equipo, donde históricamente se consiguieron los más grandes logros de derechos civiles.  J.S.Q84, conocido en el offline-ground con el alias de “Leonard Mead”, confía en que este acto político y ciudadano será el primer paso en la misión de reconquistar el derecho natural a deambular libremente en la calle.

  • miltonmaria

    Como fue que pasaste de la bebida gaseosa a las calles sin gente? Mas bien diria yo que gracias a internet mas gente podra en el futuro trabajar desde casa y no tener que desplazarse al trabajo, malgastanto tiempo, contaminando el planeta. Mas aun esta es una tendencia que deberia estar mas acentuada, a la fecha mucho mas, vamos atrasados

  • Alcaia

    Un excelente texto para leer en la mañana. Espero algún día terminar de despertar!!!