Luisa

Había pasado un mes desde que les dijo a sus papás que estaba embarazada. Nunca es una noticia fácil de aceptar, y Luisa apenas cursaba el grado undécimo. Estaba ennoviada con Eduardo, un pela’o que no quiso terminar el colegio, que vagaba por las tardes y pasaba a recogerla a la salida con carteleras hechas a mano de acrósticos que hacía públicos y flores baratas que ambos exhibían con orgullo.

A Luisa no le dio pena contarle a sus compañeros que estaba embarazada, que su papá le había dado una paliza y que, en conjunto con su mamá, se había decidido el mejor castigo y reprimenda: ella debía hacerse cargo del bebé. Estaba convencida de que Eduardo sería un buen padre, que el niño sacaría esos ojos rasgados y pequeños que tanto le gustaban, y que a lo mejor sería crespo y moreno como ella.

Por su parte, Eduardo calló, como lo había hecho años atrás el día en que dejó de ir al colegio por estar jugando en los billares y fumando marihuana con sus amigos en el parque. En ese entonces, sus papás habían seguido pagando los estudios y las onces de cada día hasta finalizar el año, cuando por fin los profesores del colegio lograron contactarlos. Había intentado una y otra vez en diferentes institutos volver a estudiar, pero nunca se sintió cómodo. Sus padres decidieron dejarlo validar. A la final, nunca se supo a qué horas estudiaba, pero decía que asistía.

Ambos habían soñado que se iban a casar y que tendrían hijos. Se habían imaginado lo felices que serían apenas Luisa pudiera terminar el colegio y él consiguiera un trabajo de verdad. Aun en su primer ecografía, pensaban en todos los sueños que se pueden crear dos adolescentes enamorados, en cómo y en dónde vivirían, si sería un niño o niña, y si recordaban mutuamente el nombre que habían previsto ponerle desde antes de saber lo del embarazo.

Luego de su primera ecografía, Luisa les pidió a sus padres retirar los papeles del colegio. Por su parte, los papás de Eduardo decidieron enviarlo a trabajar a donde sus abuelos, fuera de la ciudad, sin la posibilidad de regresar en un buen tiempo. Nada se había comprado aun, pero, en el silencio, se escuchaba a Luisa llorar todas las noches.