Actitud ferias

Solo es necesario llegar temprano desde el viernes, ponerse una buena pinta e irse a ‘puebleriar’, minutos después, con algunos saludos, algunos reencuentros, algunos bailes, la ‘actitud ferias’ llega inesperada, silenciosa y sorpresiva, gracias a ese sin número de copas que se tropiezan con la boca. En estas fechas no se puede decir que NO, y el trago no se le niega a nadie.

Por un error de logística la cámara fotográfica no registró tan magistral evento, sin embargo, gracias a los testimonios recogidos damos cuenta de nuestro aspecto después de medianoche.

El hígado tiene que ser fuerte, las piernas también… estamos en ferias, debemos aguantar cada licor proveniente de aquellos amigos que se ven de nuevo. Engulla sin hacer muecas el aguardiente, tráguese el ron, ingiera aquella bebida amarillenta que es imposible de reconocer pero que llegará al estómago a volverlo fiesta.
Son las 10 de la mañana del sábado, no hay tiempo para la resaca, es el segundo día, un segundo round, la ‘actitud ferias’, debe tener un nuevo impulso. Hay ya caballistas sobre sus animales, mostrando sus sombreros, sus camisas a cuadros: esas pintas perfectas para ‘cabalgatiar’. Las chicas dejan ver sus cuerpos aderezados por camisas blancas apretadas, infaltables gafas de sol y botas de un cuero que no lo es. La lluvia no da espera.

Son las 3 de la tarde, la música retumba en cada rincón del pueblo. La gente de las veredas llega al casco urbano con sus mejores trajes, con sus mejillas coloradas por el viento, y con ese sabor en la boca de quien necesita un buen trago. La tonada no puede parar, que las canciones dejen de sonar sería desastroso… pasan los minutos, la plaza se llena, los amigos se encuentran.
La ‘actitud ferias’ incluye saber que habrá pelotera (que aburrido sino ocurrieran). Esa actitud, también es reconocer que se perderá la memoria irreparablemente, que los recuerdos al otro día tendrán que ser juntados entre todos, que la noche nunca estará completa sin vómito, sin caídas estrepitosas, sin besos robados, sin arrepentimientos y sin gente durmiendo en el piso de alguna casa amable.

No podemos sino simplemente dar las gracias por esas noches de fiestas, de poder embriagarnos y perdernos en el néctar del Néctar, entre las botellas, latas, y la gente que suda en unas noches frías, pero donde se arrejuntan de tal manera que hay calor humano, y solo con la excusa de celebrar. Hay que aprovechar esos momentos y olvidarse de que el mundo existe. Solo es importante tener actitud, y al otro día descansarla.

Ferias 2

Es el domingo por la mañana, el sabor amargo llena las gargantas de los presentes a las Ferias y Fiestas… las memorias borradas intentan desesperadamente retornar a esa noche, no hay caldo que valga, esa resaca es necesaria para calmarse un rato y volver a la realidad de rutinas, colectivos caros, y gente seria por las calles.
Adiós de nuevo a los intempestivos tragos, a las sorpresivas bocas, a los intermitentes abrazos, a los reencuentros de viejas y eternas amistades… y a esas que de repente nacen y ya tienen aseguradas un campito para que vengan el próximo año.
No es más que pedir que se repitan el año que viene, que venga más gente, que haya más trago, que la actitud no se pierda y que por Dios Santo nadie se acuerde de ese beso mío frente a la iglesia.