Manual para sembrar árboles bebés

La niña nunca había estado tan asustada en su vida, a sus nueve años contados desde el tercer día, (porque los dos primeros había estado en una incubadora), nunca había sentido tanto miedo.

Bajo su mirada y la sensación de estar donde no pertenecía se acrecentó, sus manos sudaron y desconfió de esos niños que la guiaron sin ninguna timidez por caminos verdes y ríos caudalosos, caudal que no se llevaría a niños de la casa pero a ella sí.

El reto era sencillo subirse al árbol, ¿Por qué no? , el árbol era grande y bonito. Los otros niños que podrían haber sido dos o diez subieron, cada uno ocupando una rama específica para que la niña de la ciudad subiera.

Un niño le dijo que el árbol era confiable, que no se iba a resbalar, ella creía firmemente contra cualquier opositor que sí lo iba a hacer porque, a diferencia de cualquier otro niño, ella pensaba en las consecuencias de hacer algo o en los riesgos de subir a un árbol por primera vez.

Otra niña, la única que la entendía por haber leído un libro sobre niños de la ciudad, supo que la niña iba a ser incapaz de subir al árbol si no confiaba en él. Entonces habría que contarle la historia del árbol que, no por casualidad, se parecía un poquito a la de ella .

El árbol había nacido nueve años atrás y también había estado en una incubadora (las de los árboles son casas largas y anchas forradas con plástico blanco y brillante en el techo que hace parecer que la luz siempre está prendida así este oscuro). Allí se determina el sexo del árbol bebé. Por cuestiones idiomáticas, cuestiones difíciles de entender, árbol siempre será masculino, pero hay árboles niñas por supuesto. El sexo sirve para determinar la calidad de la semilla aunque los que determinan el sexo de los árboles  parecen ser fantasmas o flores o algo y guardan para siempre el secreto.

Las incubadoras a veces venden a los bebés, pero solo las incubadoras. Los árboles más sanos que no necesitan del cielo mágico nacen porque sí  y nadie duda de ese porque sí.

En la incubadora los humanos escogen su árbol lo llevan hasta su casa y leen un manual bastante extenso llamado “Manual para sembrar árboles bebés” este manual que tiene ediciones ilustradas y con stickers, presenta una detallada introducción en su primer capítulo  de conjuros y hechizos para que la tierra escogida sea apta para el terruño. “Toque la tierra con cuatro dedos en dirección opuesta a su sol, la dirección de sus manos de ver ser la indicada para que la tierra acepte con fraternidad la semilla o las raíces , no toque pro favor  la tierra con un quinto dedo pues ya a  estas alturas debe usted saber que cuatro son los elementos y que el cuarto es la tierra”. Manual para sembrar árboles bebes Pg5.

Si la semilla es aceptada por el sitio que se escogió, el humano tendrá que abrir un hueco. Capítulo dos en nuestro manual dedicado a las complejidades del  hueco para que el árbol crezca y no sea la burla de sus vecinos por jorobado o por  dejar volar sus hojas en épocas equivocadas.

Para este  árbol su tierra era su mejor amiga y hace nueve años (contando los 7 días de la incubadora) crecía como el más fornido y seguro de toda la finca. La niña habría tenido que leer el manual para entender que este árbol no la dejaría caer, pero ni el humano adulto que lo adquirió en la incubadora había podido entenderlo en los nueve años que llevaba leyéndolo. El árbol la miraba desde arriba y en el manual estaba muy claro: ”No entremos en ilusiones ambientales sin sentido, su árbol no lo verá , quizás lo escuche si usted es lo suficientemente astuto para hacerse escuchar con amabilidad ,su árbol lo que necesita es tranquilidad y en un años si usted hizo el trabajo del primer capítulo bien el árbol será apto para lo que parece una gran felicidad para ellos recibir niños menores de once años en sus ramas(no se preocupe: si su árbol es verdaderamente apto, los niños llegaran)” .”Manual para sembrar árboles bebes” Pág. 1678

Así que todo era muy claro este árbol no dejaría caer a la niña por más miedo de la ciudad que trajera con ella. Los demás niños se preocuparon pues el viento llegó para hacerles saber que pronto sería la hora en la que no deberían estar subidos en el árbol. La niña todavía no subía. Los niños resignados bajaron del árbol, no sin antes por obvias razones mirar a la niña con una desilusión entendible. La niña lo miró por última vez pensando en una disculpa.

“Para pedirle disculpas a su árbol permanezca de pie y luego  acaricie sus raíces no importa si no se encuentran visibles. Acaricie la tierra en donde su sentido común crea puedan estar. Algunas especies siempre entenderán otras demorarán unos días. No se preocupe, por alguna razón sin mucho sentido usted sentirá cuando lo hayan perdonado”. Manual para sembrar arboles bebes .Pág. 3895

La niña jamás sabrá si toco las raíces del árbol y no sabremos si la perdono o si  acaso era necesaria la disculpa. La niña se encontrará este manual (si es que existe) y volverá allí y subirá. Como todos, nadie se quiere ir de este mundo sin subir en un árbol.

Recomendación final: Para mayor aprendizaje lea en esta misma publicación el título en edición especial:

“Como enseñar a los niños  a bajar de los árboles”.