¿Qué está pasando en Chile? Una excusa para invitar a la rebeldía

Hoy cedo el espacio a Leonor Villaveces, psicóloga-voluntaria que vive en Chile y se le midió a escribir algo sobre la situación actual de protestas e inconformidad. Mis agradecimientos a ella por aceptar la invitación. Disfruten.

http://blog.contraculto.com/2011/08/09/30-de-junio-de-2011-en-santiago-marchando-por-la-educacion/

¿Qué está pasando en Chile? Una excusa para invitar a la rebeldía

La pregunta por «lo que está pasando en este momento en Chile» promete tener una respuesta inscrita en la coyuntura actual. Se refiere a hechos que están sucediendo (así, en gerundio), o a situaciones que están tomando una mayor importancia en este eterno pasar de cambios singulares. Referir al mundo de ‘la política’ es generalmente la respuesta ante la exigencia de describir y pensar lo que nos sucede ahora y aquello que en un futuro cercano va a pasar. Pero quiero invitarlos a pensar hoy –así como los chilenos me han invitado a mí- que la política no puede concebirse sin la idea de resistencia: es en la acción colectiva donde deja ver manifestaciones de su permanencia en el tiempo. La movilización de las personas puede ser coyuntural, pero tiene impactos y deja efectos que permiten reconfigurar constantemente lo que concebimos como nuestra vida en común.

Primer acto

Lo que está pasando en Chile es que, una vez más, el pueblo entiende y aplica lo que significa resistir. Puedo especular razonablemente que, dada su historia, grandes fracciones de la sociedad han sabido cómo organizarse bajo una consigna. Desde hace casi tres meses, ha habido más de 20 movilizaciones con actos culturales, manifestaciones con performances, paros nacionales, y tumulto en las redes sociales por la causa –transversal a la sociedad- de “la educación”. Profesores, padres, trabajadores y estudiantes de formación media y universitaria han salido a marchar. El movimiento por la gratuidad de la educación pública y por la “desmunicipalización sin privatización” ha movido a todo el Chile urbano, desde la frontera con Perú hasta la Patagonia (Punta Arenas). En los pasillos de los trabajos se oyen expresiones de aprobación; en los establecimientos educativos (en paro o no) se comenta que la causa es de todos; en las calles, a las nueve de la noche, se escuchan los cacerolazos de apoyo de aquellos que por un motivo u otro no salieron a marchar y de aquellos que ya han regresado.

Las palabras “represión” y “criminalización de la protesta” se volvieron a escuchar, tras casi 20 años de silencio. El jueves pasado las fuerzas especiales de los carabineros (policías) cerraron la vía de acceso a la Alameda y a la Plaza Italia, la vía y el punto más importante del centro de Santiago. En clara contradicción al artículo 19, no. 13, “del derecho a reunirse pacíficamente sin permiso previo y sin armas” de la constitución chilena, el recientemente nombrado ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, lanzó el miércoles pasado la dura advertencia de que, quien siguiera movilizándose por la Alameda y saliera el día siguiente, estaría violando la ley y podría ser arrestado. El gobierno de Piñera ordenó cortar el paso de la movilización y desviar las marchas por calles alternas; orden que los estudiantes y demás miembros de las marchas desacataron con rebeldía.  El jueves, ante la manifiesta desobediencia del pueblo chileno, se cumplió la amenaza: las ciudades, desde las 10 a.m. se convirtieron en campos de enfrentamiento. Los carabineros impidieron con gases lacrimógenos y agua con químicos el paso y manifestación de casi 300,000 estudiantes, padres y/o madres, rectores y profesores de universidades y colegios públicos, particulares subvencionados y privados; afectando también, por supuesto, a toda la ciudad. En los demás centros urbanos del país, también se desplegó su fuerza en dosis desmedidas. La represión fue brutal: detenidos, asfixiados, medios y opositores opinaron que “la cura”, para liberar las calles de manifestantes, fue peor que la enfermedad. A muchos les recordó una época que siempre es mejor no nombrar.

El gobierno dice que los estudiantes se han radicalizado exageradamente y se quejan de la violencia de los encapuchados (algunos de los cuales, se ha descubierto, han sido carabineros infiltrados). Los estudiantes la condenan también; en actos de valentía tratan de controlarlos y piden abiertamente no ser identificados con los disturbios.

Segundo acto

No es gratuito que en todo el mundo se estén levantando manifestaciones de todo tipo y Chile, en este punto, es una excusa para hablar de resistencia. El sistema capitalista favorece cada vez más la exclusión de sus “residuos” que toman forma en jóvenes que deben endeudarse por años para acceder a educación de calidad, en adultos jóvenes sin trabajo. Las movilizaciones son la consecuencia de dicha organización del sistema.  Si bien la sociedad chilena tiene demandas concretas que alcanzan el ámbito del derecho, el profundo descontento ante la represión y la terquedad con la que se mantiene la resistencia trasciende la demanda legal. La rebeldía es un acto político que difícilmente logra generar algo nuevo, pero sí organiza y reorganiza las relaciones que se tienen y que se busca tener con el poder. Las movilizaciones sociales como la chilena visibilizan la existencia de actos colectivos alternativos a la tradicional (y ya caduca) exigencia de “tomarse el poder”. Muestran, más bien, la importancia de la protesta como el acto de apertura de espacios problemáticos, críticos, que cuestionan de forma profunda el estado de cosas: resistir es abrir problemas, no tratar de cerrarlos. Cuando el activismo logra la satisfacción de sus demandas en el derecho (hecho que, para efectos prácticos, es muy importante para la vida de la gente), abre con ello el campo para seguir movilizando su pensamiento, su cuerpo y su acción. Lograr que la educación en Chile se gratuita, si bien es importante, no es suficiente para resignificar las relaciones que se tienen con el mundo de lo colectivo; para abrir con el pensamiento y la acción alternativas a un sistema que nos va dejando atrás. Por eso es que la movilización trasciende la demanda particular, y es allí donde se hace política propiamente hablando. Una política no capitalista, ni legalista, ni estatal. Una política de resistencia casi genérica, sin consignas y desde el descontento.

Dado que Adriana me cedió este espacio, por esta vez, para hablar acerca de lo que pasa en el país donde estoy viviendo, me lo tomo para invitarlos a imitar las vías de este país del sur –país de aquellos que no se amedrentan con los gases; que no ceden ante los paños de agua tibia propuestos por el gobierno; y que ayer, otra vez, salieron a marchar-. La invitación es, en últimas, a manifestarse, a construir acción colectiva con la terquedad de los chilenos, a sacar también nuestras cacerolas, a no conformarnos; mientras los jóvenes seamos residuos del sistema, con todas nuestras consignas o sin ellas, como los chilenos, invito a tirarnos siempre la fiesta.

Links de interés:

Blog de fotos de las protestas en sus inicios: http://blog.contraculto.com/2011/08/09/30-de-junio-de-2011-en-santiago-marchando-por-la-educacion/

Tumblrs de chilenos que publican cosas interesantes:

http://lahistorianoesparaweones.tumblr.com/post/8710240700/1-en-cnn-chile-repiten-que-bajaron-encapuchados-de
http://malaimagen.blogspot.com/
http://xuxalawea.tumblr.com/ (hay especialmente fotos sobre los enfrentamientos violentos)

 

 

http://blog.contraculto.com/2011/08/09/30-de-junio-de-2011-en-santiago-marchando-por-la-educacion/
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  • Laureano MacKay

    El problema, estimada Adriana, es justamente ese : ¿Por qué queriendo haber dicho “Adelante, continúen leyendo”, usted escribió “Disfrute”? La tijera está tan abierta entre ambos conceptos, tan abierta… Me preocupa, fundamentalmente, porque significa que quienes en apariencia son los dueños del lenguaje, de los mecanismos de la comunicación, a la hora de expresarse confunden la manera de hacerlo. Y si la confunden ellos, ¿cómo no la confundirán quienes son incapaces de distinguir entre un “qué” y un “quién”?

  • Laureano,
    creo que sí, entonces, nos terminaríamos entendiendo. Lo interesante que todo esto deja es, finalmente, mostrarle a cada uno la incapacidad de hacerse entender de forma clara y explícita, cuestión que siempre abre debates y de la cual muchas personas prefieren escapar. Sin embargo, encarar los malentendidos logra, en última instancia, que todos depongan las ‘armas’ y escuchen. Y bueno, lo del disfrute… creo que simplemente se trata de una cuestión semántica. Ciertamente con ello no me refería al placer que pueda proporcionar, por ejemplo, un buen postre, simplemente trataba de darle paso al texto de una forma que no fuera tan violenta, un “adelante, continúen leyendo”.
    Mi correo es aroque88@gmail.com.
    Salut!

  • Laureano MacKay

    Estimada Adriana, me gustaría enviarle un enlace que no logro copiar y pegar en esta ventana del foro. Para ello necesitaría una dirección suya de e-mail. Si me hace el favor, gracias.

  • Laureano MacKay

    Creo que finalmente terminaríamos entendiéndonos. Sobre todo porque no soy para nada intelectual, y abomino de todo lo que sea seudo. Y desde luego, si le quedó la impresión de que desdeñaba el texto, ello hay que ponerlo a la cuenta de mi escasa capacidad para transmitir lo que pienso. La padezco como un trauma. Nada
    más quise señalar que el párrafo inicial era casi un trabalenguas, y para nada me metí en el meollo del tema, porque carezco de elementos de juicio y cercanía a lo que se debate. Sí me seguirá royendo el gusanillo de que se pueda disfrutar un texto como el que nos ocupa, teniendo en cuenta el tema de que trata. Pues el disfrute lo entiendo como un placer, y en este caso el único placer lo tendría que proporcionar la prosa de la autora. Y aunque le acredito que escribe con pasión y con una dicción casi siempre clara (no la primera frase de marras), no es tampoco como para echar las campanas al vuelo. Espero que me entienda lo que le estoy queriendo decir, aunque desde luego admito (y respeto) que salga en defensa de una autora a la que le cedió la palabra en su blog. Yo creo que me comportaría igual si tuviese uno. Et ça c’est tout!

  • Laureano:
    Me agrada, la verdad, que haya roto mi hipótesis sobre su silencio (cosa que, realmente, poco sucede en estos medios). Agradezco su aclaración.

    He de admitir que algo que para mí era obvio, se muestra un poco confuso; quería decir que su trabajo como voluntaria no es diferente al de psicóloga, es decir, ejerce dicha labor como voluntaria en Chile.

    Si se refiere al texto en su totalidad: sí, lo disfrute. Si se refiere a la frase específica en cuestión: no le había puesto la atención, profundidad e importancia que usted parece adjudicarle, pues no considero que la tenga. Y si quiere basarse en ambos asuntos para decir que pretendidamente apoyo su argumento cuando pretendo rebatirlo, pues tampoco nos estamos entendiendo. Es cierto que no rebato su argumento, porque no veo argumento que rebatir. La aclaración sobre lo que quería o no decir se la dejo a la autora. Ahora bien, lo que sí me quedó de su comentario -y que suscitó mi respuesta- es la intención de desdeñar un texto basado en, bueno, nada. No puedo dejar de reaccionar ante los que huelo como “comentarios” de pretendidos pseudo intelectuales que “rebaten” al señalar cuestiones superfluas y que no hacen parte del núcleo que articula todo el desarrollo del texto (ergo, sin fundamento, sin argumento, nada -léase “infundamentado”-). En fin, que no quieren entender, sino mostrar que tienen razón, en lo que sea que señalan. Eso inferí del suyo. Felicitaciones si no es así. Sea quizás su sobreactuación respecto de este punto, algo a lo que puse más atención de la que debería.

    En medio de todo, mis muy sinceros agradecimientos por leer (sin sarcasmos o dobles sentidos), pues constituye una señal de vida dentro del anonimato virtual.

  • Laureano MacKay

    Mi estimada Adriana, si usted hubiese escrito “psicóloga que hace parte de la organización América Solidaria”, jamás se me habría ocurrido poner en tela de juicio su caracterización de la autora del texto. Pero tiene que convenir conmigo en que lo de psicóloga-voluntaria es, como mínimo, desconcertante… pese a todos los hipervínculos que usted facilite.
    Y en cuanto a lo del disfute, lo que queda claro después de su discurso, es que usted no rebate mi argumento sino que más bien lo refuerza, sensu contrario, cuando dice “Lo que claramente no disfruté, fue leer su infundamentado comentario”, o sea, que lo otro, el texto, sí que lo disfrutó. Y si se fijase bien en lo que yo escribí (y no en lo que usted creyó leer que yo había escrito), en ningún momento he dicho que me moleste el texto de la señora o señorita Villaveces, nada más me he limitado a señalar que la frase primera de ese texto es un galimatías,
    y que nadie puede disfrutar semejante “descripción de lo que está pasando en Chile (al menos desde la óptica de quien la describe en este posting)”… lo cual, de nuevo sensu contrario, habla en favor de ese texto, si es que condice con la realidad, cosa que yo no puedo certificar.
    Mi silencio, como puede colegir de este comentario, sólo existió en su hipótesis.

  • Laureano,
    sobre el primer punto, entiendo que no le calce el “psicóloga-voluntaria”, pues no lo entiende. Le recomendaría revisar mínimamente -mínimamente, porque se reduce a un click- los hipervínculos facilitados. De haberlo hecho, entendería lo básico de la cualificación de “voluntaria”: que la autora hace parte de la organización América Solidaria, de voluntarios que atienden situaciones de emergencia en varios países de Latinoamérica. Leonor estudió psicología (sí, con diploma y todo), y trabaja con America Solidaria en calidad de voluntaria. Cómo lo ve, no se trataba de ninguna articulación metafísica sobre su ser más íntimo. Ahora bien, lo realmente cuestionable es la necesidad que usted establece entre psicología y obligatoriedad.

    Sobre el segundo punto, leí el texto y no soy masoquista (¡vea usted!). Lo que claramente no disfruté, fue leer su infundamentado comentario. No quiero decir que el texto aquí publicado sea verdad absoluta (eso, en este espacio, no se afirmará nunca); quiero decir que no entiendo por qué le molesta tanto, puesto que, realmente, no lo dice. Es cierto que es muy fácil atacar desde la virtualidad, que permite construir pasquines sin fondo, que no muestran sino a un personaje maldiciendo de forma inentendible una pantalla de computador. Es el camino fácil. Dado su infinito disgusto, lo invito a responder, con argumentos a este post; lo invito a controvertirlo y refutarlo como se debe. No me corresponde a mí defender los argumentos, pues no son propiamente míos, pero le aseguro que la autora está abierta a discusión, mientras esta se base en argumentos y no en la intención de ofender y cachetear virtualmente al otro. Su hipotético silencio confirmará que no se puede defender sin ellas.

  • Laureano MacKay

    Olvidé citar el párrafo de introducción:
    “Hoy cedo el espacio a Leonor Villaveces, psicóloga-voluntaria que vive en Chile y se le midió a escribir algo sobre la situación actual de protestas e inconformidad. Mis agradecimientos a ella por aceptar la invitación. Disfruten”.
    No me calza lo de “psicóloga-voluntaria”, cuyo correlato lógico sería una “psicóloga-obligada”, pero lo dejaré sí, porque es más importante que, si lo entiendo bien, se nos invita a disfrutar. La conclusión inmediata es que la titular del blog no ha leído el texto de su huésped, o bien es masoquista. ¿Quién va a ser tan irresponsable que se ponga a disfrutar ante una semejante descripción de lo que está pasando en Chile (al menos desde la óptica de quien la describe en este posting)?

  • Laureano MacKay

    Este post comienza diciendo “La pregunta por «lo que está pasando en este momento en Chile» promete tener una respuesta inscrita en la coyuntura actual”. Esta frase, traducida al castellano, debe querer decir, ni más ni menos, que el color del caballo blanco de Santiago (no de Chile) es blanco.
    Eso, claro está, en el caso de que quiera decir algo.

  • que esta pasando en chile