Todos esos muertos

(advertencia: hay spoilers)

Fui hace ya una semana a “Todos los muertos”, de Carlos Moreno, en cine. La verdad no había estado muy pendiente de lo que estaba en cartelera, entonces no tenía idea de qué iba a ver. Salí realmente impresionada por varias cosas. Primero, la calidad de cine que se está haciendo en Colombia. Probablemente esto ya lo han dicho mucho por esas cosas que hace Dago García, pero esto entra en otra categoría, una que no se ha visto ahogada por las ganas de marketing y negocio y que, de vez en cuando le da oportunidades a opciones ‘diferentes’ de hacer las cosas bien. También las actuaciones, la fotografía, el manejo de musicalización, todo está muy bien. De todo eso esta película puede jactarse.

Pero más allá de eso, considero que es una película en la que un tema ya gastadísimo en este país es tratado de una forma tan novedosa que te hace salir con un genuino nudo en la garganta de la sala de cine (y no ese nudo producto de la descarada manipulación emocional con imágenes desgarradoras y demás). De hecho, todo en esta película es un lugar común. Situación: una masacre. Contexto: domingo de elecciones en un pueblo del Valle del Cauca. Personajes: un bizco medio bobo del cual todos se burlan, un alcalde corrupto, dos policías (igual de corruptos), el dueño de la zona (paraco, guerrillero, narco, no queda claro; pero tampoco importa), un “periodista” incauto, extranjeros de una ONG que trabajan por derechos humanos. Sin embargo, todo funciona perfectamente; está muy bien encajado y construido. La película está muy bien clasificada como humor negro, dada esa tendencia que tenemos de hacer de todo una broma, para poder sobrellevarlo. Pero quizás lo más interesante es que creo que si uno no ha vivido y crecido en este país, no podría quedar completamente movido por esta película. Sólo podríamos señalar muy profesionalmente todas las buenas “críticas sociales”, tremendamente evidentes, los ardides políticos, la puesta en escena de la ineficiencia y corrupción burocrática, etc.

Lo que se logra aquí es una nueva forma de sensibilización; forma que se constituye paradójicamente en retener el exceso de lo violento. Otro cliché de películas que tratan de masacres, guerra y demás, es esforzarse por mostrarnos la sangre, los pedazos de carne lacerados, incinerados, perforados por balas, personas asesinando personas. Pero aquí no tenemos que ver el asesinato en cuestión, no hay un sólo cuerpo humano maltratado, no hay una sola gota de sangre humana (la única proviene de esa secuencia de imágenes de los gallos atacándose: la única sangre que muestran es la de un animal). De la masacre en cuestión muestran un bulto de personas en un maizal, unas sobre otras, que realmente parece más una elaboración teatral, en la que siempre queda algo no dicho (generalmente, se hubiera mostrado la masacre en cuestión, los cuerpos destrozados o incluso, por qué no, una fosa común). Precisamente por eso la imagen es más impactante: se siente que los cuerpos aún tienen vida, y por eso la idea del asesinato, al verlos ahí, se torna absurda. Los cadáveres reclaman su vida. El efecto de irrealidad cuando algunos muertos abren los ojos y miran a alguno de los personajes cabe en una película como esta. A eso se le suma el efecto sonoro envolvente, una vibración que aumenta en intensidad cada vez que alguno de los personajes descubre a las personas que botaron en el maizal.

La única canción, propiamente habalando, de Velandia, suena en la secuencia de imágenes más encoge-corazones de la película: se intercala al alcalde, los policías y el bizco subir los cuerpos a un camión y la esposa del bizco y su hijo correr del sitio a su casa. El hecho de haber escogido esa canción fue una jugada perfecta, un tema conmovedor, una cámara lenta y unas tomas perfectamente hechas; una canción que suaviza la escena, lo hace más duro. Y todo el resto de elementos que me tomaría mucho tiempo y un par de veces más de verla para elaborar aquí.

El arte, en este caso, se convierte en un statement político no sólo por las obvias denuncias y alusiones que yacen en la superficie de la película, esas que inmediatamente capta la crítica internacional. Es político porque apela a una colombianidad de carácter, que se cuela siempre a la hora de interactuar con la realidad, con los otros, con lo que sucede, y nos hace concientes más allá de las fórmulas prefabricadas, de ello: una des-sensibilización que siempre está ligada a la indiferencia, al “pues sí, eso pasa aquí, pero ya qué”. Los realizadores de esta película tenían claro algo: en un país en el que todo lo que tenga que ver con el conflicto interno y la violencia, las víctimas de la guerra, eso está sobreexpuesto, se muestra demasiado, eso está tan presente que es común. Y trata de reconstruir la capacidad de impresionarse, de perturbarse, de salir realmente afectado de una película, al ocultar, precisamente eso que tanto se muestra. Logra su cometido porque crea y condiciona una nueva forma de sentir y entender eso que sí, sigue sucediendo diariamente. La crudeza se encuentra en la falta de sadismo.

El ‘click’ de esta película está en que, en verdad, uno ya no puede salir pensando en ‘todos esos muertos’, los del noticiero, sino en todos mis muertos, todos los nuestros.

  • María,
    gracias por leer y por tu comentario.
    Efectivamente, la película se llama “Todos tus muertos”, y el post “todos esos muertos”, a propósito. Finalmente se trata de ver que está película permite hablar de las víctimas del conflicto con propiedad, y no como “toda esa mano de muertos que muestran en el noticiero” que no sabemos muy bien de quién son o de dónde vienen o si deberían afectarnos.

  • María

    La película se llama “TODOS TUS MUERTOS” …No “todos esos muertos” Interesante la reseña, invita a ver la película! http://www.facebook.com/todostusmuertoslapelicula

  • Liz,
    muchas gracias por venir a leerme. ¡Me gustaría saber qué piensas después de verla!

    También, mil gracias por señalar el error. Confieso que siempre me ha costado manejar la “g” cuando se pronuncia como “j”, siempre las confundo. Ya lo arreglé, junto a un par de cosas más (¡el proceso de edición nunca termina!).

  • Liz

    Hola, me pareció bastante interesante la critica que haces sobre la película, dejándome convencida de ir lo más pronto a verla :). Pero no pude pasar por desapercibido un error ortográfico, bastante común, con la conjugación coger o encoger, en tu párrafo # 4 cuando hablas de la canción “encoje corazones” creo que tu misma ves el error allí. No te publico esto para sonar regañona o algo por el estilo, sino porque me gusto tu crítica que no quiero que se vea desfavorecida por este error.