¿Quién o qué (no) ve los filósofos?

Respuesta a la Revista Arcadia por su artículo ¿Dónde están los filósofos?

Es difícil decidir por dónde comenzar a responder a este artículo. Digo por dónde, porque un escrito plagado de prejuicios basados en una serie de lugares comunes, de poca investigación y de parcialidad institucional como este, realmente dificultan la tarea. Richard Tamayo preguntó: ¿quién o qué es Arcadia para plantear tal pregunta?, que podemos leer como quién o qué le otorga a Arcadia una investidura portadora de una soberanía tal para, violentamente, imponer sobre los agentes filosóficos esquemas generalizantes y definitorios de aquello que deben ser. Quién o qué exige qué y cómo; en últimas, también, a quién o a qué responden. Esto también se entiende como: quién o qué pregunta qué y cómo estableciendo cuáles condiciones para determinar qué tipo de respuesta.

Porque hay que aceptar algo: partir del cliché de la torre de marfil para definir el hábitat de quien filosófa es meter al objeto de discusión en un círculo vicioso, es obligarlo a ser el perro que se persigue la cola, es convertirlo en la pelota de tennis en un partido entre Federer y Nadal. Digo esto porque es una pregunta que supone, que pre-determina su respuesta. No preguntan dónde están los filósofos como quien pregunta dónde queda una dirección; es decir, no preguntan para encontrarse con las múltiples caras del hacer filosófico, sino que formulan una pregunta según una respuesta ya articulada.

Asumimos, como punto de partida, que la filosofía -cosa extrañísima que no nos hemos tomado la tarea de acoger porque es algo muy complicado y en un mundo en el que llueve tanto, en realidad, para qué entenderlo, para qué pensar; razón por la cual asumimos que libros como “Cómo cambiar tu vida con Proust” son el ejercicio filosófico consumado por excelencia- [asumimos que la filosofía] no “se muestra” en el “espacio público”, porque no tiene nada que decir, dado que se trata de unos personajes rarísimos que decidieron dedicarse a escribir diatriba tras diatriba, quién sabe por qué razón, y qué mejor lugar para hacer eso que una torre de marfil. Entonces, dado que ya les hemos dicho que, para comenzar, no tienen nada que decir porque lo que tienen que decir en verdad nada dice ni hace -esa es la esencia de sus diatribas-, iremos a tocar en la puerta de las torres de marfil, o quizás mejor cabañas de madera, que les hemos construido a preguntarles por qué diablos es que no dicen nada, por qué es que no salen de su confinamiento. Dado que ya tenemos clarísimo cómo vamos a responder la pregunta, también tenemos clarísimo a quién acudir. Pero olvidan que los han cercado antes de cercar sus propios pre-juicios, su horizonte interpretativo.

Pero disculpen, les voy a aterrizar la metáfora: el problema de la filosofía siempre ha sido el de la visibilidad. De la filosofía en cuanto es algo que se pregunta, de la filosofía en cuanto que se le reclama invisibilidad. Mi uso de la torre de marfil -que prefiero pensar como cabaña de madera para darle más melancolía al lugar común- se refiere a las restricciones de visibilidad que se le imponen a la filosofía: ella y por lo tanto sus agentes están condicionados previamente a no aparecer, dado un pre-establecimiento de 1) aquello que sea filosofar, 2) su representación institucional (esos nombres grandotes, muy bien seleccionados que ponen en la portada), 3) lo que sea el “espacio público” en el cual no se muestran (compartido por igualmente grandes personajes como Enrique Santos Claderón y Mavé), y además 4) lo que sea su espacio propio en el cual, de cualquier manera, también parecen ser incompetentes.

Vamos entonces por puntos:

1) no pretendo definir la filosofía, actividad como muchas inasible, pero sí puedo decir que su ejercicio visible y tangible se muestra como un acercamiento crítico a lo real, sea esto una situación, una persona, un discurso, una idea. Cosas todas muy reales, cosas todas muy performativas. Sócrates nunca deja de preguntar.

2) Los señores de Zubiría, Parra y Sierra merecen mucho respeto como académicos consumados, pero dudo en este momento de si se respetan a sí mismos, anulando su propia existencia y demeritando su propio trabajo como docentes. Por otro lado, el artículo denota una falla en la investigación fuerte: ¿dónde está el grupo de investigación de filosofía de la guerra de los Andes, con personas como Maria del Rosario Acosta, Carlos Manrique y Juan Ricardo Aparicio que, créanme, piensan mucho en Colombia? ¿Dónde están los Jueves de la Filosofía de la Biblioteca Nacional, espacio que en vez verse anulado debería poder quejarse por la falta de asistencia de “la gente”? ¿Dónde están las interminables listas de publicaciones de las universidades del país? ¿Dónde está también el nombradísimo filósofo colombiano Guillermo Hoyos quien detenta en su haber el haber sido chuzado por el DAS, certificado, en este país incuestionable, de participación en la vida política pública? Y esto pensando únicamente en Bogotá. Dónde están en su artículo, señores de Arcadia, preguntamos nosotros. Si, además, quizás el autor se hubiera tomado el tiempo que se tomó revisando los infinitos blogs y CV de personas en otros países, si se lo hubiera tomado buscando blogs de este tipo en Colombia, se los aseguro, hubiera encontrado muchos.

3) a qué espacio específicamente convocan a los agentes del pensamiento crítico, no queda claro. Primero parece ser que se quejan del filósofo al que ni le interesa publicar artículos, lanzarse al ruedo en congresos, alimentar la filosofía en colombia. El último si acaso fue Estanislao Zuleta. Irrespeto, por demás, con el maestro Zuleta. Pero después el punto no es ese; después ya no importa eso sino que el punto es que no están discutiendo en los noticieros, que no tienen blogs, que no se autopublican. Las razones para disentir respecto de esto, ya las nombré en el punto anterior. Entonces nos dan ejemplos de filósofos ‘de formación’ que optaron por la vida pública, desdeñando ‘la verdadera actividad filosófica’ (qué sea eso, tampoco lo aclaran): Enrique Santos Calderón, Mavé. Y después ejemplos internacionales de personajes que detentan títulos de libros tales como “Dexter and Philosophy”, “Ipod and Philosophy”, “¿Por qué toman alcohol los jóvenes?”, “Qué es ser buena persona” y “Ganas de vivir”, entre otras. Entre la propaganda pro establishment y el tarot, y la superación personal de medio pelo y la filosofía del caucho para agarrarme el pelo como opciones de espacio público que otorgan visibilidad y voz, creo que se sobreentendería si dijera, parafraseando a Heidegger, que los filósofos han huido del espacio público. Un mínimo esfuerzo de investigación mostraría la importancia de la opinión en sus respectivos países de figuras como Jacques Rancière, Alain Badiou, Rüdiger Safranski, o Peter Sloterdijk. También, ellos están en unos espacios que piden su opinión, porque la respetan y ella ayuda a comprender los sucesos que afectan sus vidas. Que El Tiempo compre artículos de Umberto Eco no es responsabilidad de quienes aquí filosofan; es sólo una muestra de lo que al establishment le interesa que se muestre. Es una muestra de a quién y sobre qué preguntan. Si quisieran, los medios podrían quitarle el ‘mute’ al televisor en el que ven, cual si fuera un circo, a los filósofos gesticulando.

4) Ciertamente intentan preguntar con cierta nostalgia, dónde están cuando tanto los necesitamos. ¿Sí? ¿Por qué los extrañan? Por su capacidad de pensamiento crítico, ¡claro está! Y esto necesita, como todo, un espacio. El espacio de la academia, ahí deben estar para “entrenarse” (aunque ciertamente el ejercicio filosófico no se limita a ser académico, cosa que también olvidan distinguir). Pero se quejan, simultáneamente, de que estén en la academia: en realidad, nos vale madres lo que hagan en la academia, los necesitamos aquí y ahora para que hagan algo que valga la pena, algo con efectos, algo por su patria [olviden la teoría, porque de cualquier manera les reclamaremos tanto si la hacen como si no la hacen]. La producción es poca y ni la vemos. Pero ya nos habíamos quejado de que se la pasan divagando sin razón. Sin embargo, también nos quejamos de que no divulgan sus divagaciones (así sea sobre un iPod, pero por Dios santísimo, escriban algo). Nada más entre 2000-2010 hay por lo menos 50 libros publicados a nombre propio (no son compilaciones ni memorias de inútiles congresos sobre Kant) solo en Bogotá. Supongo que ponerse a buscar eso es mucho trabajo.

Nos damos cuenta ahora de que, en realidad, son los argumentos esgrimidos para ponernos en problemas los perros intentando morderse la cola.

Si yo fuera a escribir un artículo preguntando por la filosofía en Colombia, ciertamente no preguntaría “¿Dónde están los filósofos?”, preguntaría: “¿cómo estamos viendo, que no aparecen ante nuestra vista los filósofos?”

OTRAS RESPUESTAS
Aquí puede consultar otros modos de “responder” a la discusión que propone la Revista Arcadia:

  • Emilio Guachetá

    “Solo hoy sucede que la interpretación filosófica del mundo, limitada y de formación restringida de una élite cultural, se ve forzada a coexistir con un religión de amplio influjo”. Es dificil notar las diferencias cuando hay mucha mas gente en las iglesia que en la academia estudiando filosofía.

    Su tesis es muy acertada y creo que la invitación es a comenzar hacer ideas progresistas, generar espacios de debates y de acción conjunta de los diferentes sectores, para dar como resultado necesario una revolución permanente y no quedarse en la simple contemplación que es mero ejercicio intelectual barato.

  • Ariadna

    Estimado Juliano,
    ¡Gracias por el comentario, y desde Brasil! Me alegró muchísimo recibirlo, saber el alcance que puede tener, que me lea hasta allá, y además que le haya gustado.
    No creo que sea necesario divulgarlo en Brasil, pero agradezco infinitamente el ofrecimiento.
    Por el momento no hay planeados congresos internacionales, pero si algún día se de alguno, le avisaré sin dudarlo.
    Por aquí, ¡a la orden!

    Adriana.

  • Ariadna

    Estimado Juliano,
    ¡Gracias por el comentario, y desde Brasil! Me alegró muchísimo recibirlo, saber el alcance que puede tener, que me lea hasta allá, y además que le haya gustado.
    No creo que sea necesario divulgarlo en Brasil, pero agradezco infinitamente el ofrecimiento.
    Por el momento no hay planeados congresos internacionales, pero si algún día se de alguno, le avisaré sin dudarlo.
    Por aquí, ¡a la orden!

    Adriana.

  • Ariadna

    ¡Hola Nico!
    Qué alegría que me visites por estos lares…

    Respecto de lo que me dices, estoy de acuerdo y no.

    Es cierto que algunas facetas del quehacer filosófico pueden y se esfuerzan por mostrarse más amables hacia un público, supongamos, neófito en el asunto. Y eso me parece genial. También, sin embargo, por la multiplicidad inherente a dicho quehacer, hay cosas no tan amables, sin embargo no imposibles de entender. Éstas sin duda requieren de un esfuerzo especial que no es otra cosa sino ganas de entender de quien, también neófito, se acerca. He conocido artistas, literatos, ingenieros, comunicadores sociales, que lo hacen; porque les interesa, no por más. Y hay que aceptar ciertas limitaciones inherentes a ciertas reflexiones; cosa que una buena y emocionante conversación con alguien que conozca el tema no pueda resolver. Limitaciones por demás que no son exclusivas de la filosofía. Pocos se acercan a un físico a preguntarle sobre los últimos descubrimientos en el campo de la física cuántica teórica, o a un matemático sobre topología avanzada. Y a ellos, curiosamente, no les reclaman ilegibilidad, ‘marfilización’. Y para ir a campos más prácticos, alguien dijo en twitter ese día “qué bueno que arcadia no le pregunta a los ingenieros de sistemas que hacemos por el país, o estaríamos jodidos”. Estoy parafraseando, pero esa es la idea. Creo que se entiende lo que quiero decir (respecto de esto, vale la pena mirar otras cartas que mandaron a Arcadia en respuesta al artículo, gente no-virtualizada que respondió; especialmente la de Ángela Uribe: http://www.revistaarcadia.com//impresa/filosofia/articulo/carta-angela-uribe/24693 ).

    Tal vez eso no quedó lo suficientemente claro por mí empeño en encerrarme en las contradicciones y prejuicios que sostienen el artículo, pero, además, la filosofía no es, no se limita a la academia. Ciertamente ella permite muchas cosas, pero el fluir del pensamiento puede calar con lo real; esto depende, también, del filósofo. Y no creo que debamos adoctrinar; unificar el pensamiento en una única forma de expresión. ¿Qué tan distinto sería este país si lo moviera un espíritu filosófico, si la mayor parte de las personas se empeñaran en pensar las cosas dos veces? Con esto no me refiero a hacer ontología, asumo que eso se entiende.

    Sobre las revistas especializadas, pues sí. Digo, sí, son especializadas… ¿y?. Son un requisito de la academia (no intento reivindicar incondicionalmente la academia… sólo espero señalar un problema que veo ahí). Ese es uno de los argumentos que se comen la cola: malo si sí y malo si no. Malo si sí, porque esos personajes se empeñan en no hacerse entender [te reto, por pura diversión, a agarrar una revista especializada de alguna ingeniería, o de medicina, o de derecho, y me cuentas qué tanto entiendes de eso]. Malo si no, porque son unos incompetentes, así nunca estaremos al nivel de un México, Argentina, Chile, Brasil o España. ¿Entonces? Si lo ves con cuidad -creo yo- la cosa está mal agarrada por todos lados. Tú como estudiante de filosofía más que nadie sabes que en cierto punto se hace necesario elegir un enfoque interpretativo determinado, y explorar desde allí; pero no vale cambiarse de bando cuando una cosa no funciona.

    ¡¡Gracias por tu comentario!! 😀

    (Es posible, también, que el mismo Sócrates nunca haya respondido satisfactoriamente a Trasímaco).

  • Ariadna

    Andrés,
    gracias por pasar a leerme, como siempre lo haces :).

    Me encanta la analogía que utilizas del borracho buscando las llaves. Y así, fue más o menos eso.

    Sobre el pobre despistado, mucha gente, precisamente, ha dicho, “pobre”. Es cierto que una investigación muy muy seria simplemente se sale de los límites de un artículo de Revista. Requiere mayor profundidad y delicadeza, mayor interés por encontrar algo y por no perpetuar lugares comunes. El punto no es decir pobre y ya, ah y gracias por la intención. La forma de artículo pone sus límites claros y eso no lo niego; pero dentro de ellos se puede, también, intentar tener la menor mediocridad posible. Eso, claramente, se le pasó por delante al autor.

    Me gusta mucho que otras personas que no están imbuidas en estas redes virtuales, quizás un-poco-muy-inmediatas, también respondieron. Si accedes a la página de Arcadia, verás que publicaron junto a las respuestas que elaboramos aquel día (llevados, sin duda, por la euforia propia del momento) cartas de lectores respecto del artículo. Así pues, la filosofía, una vez más, el pensamiento, se muestra irreductible a los medios que (no) utiliza.

  • Ariadna

    super hiper thanks! 🙂

  • Ariadna

    Fabián:
    Gracias por el comentario de apoyo. Precisamente, gran parte de la desazón parte de desinterés por averiguar, preguntar cuáles son los intereses teóricos de muchas de las facultades que hay en Colombia. Ciertamente no se pide que pregunten en todas, tarea quizás inagotable. Pero sí, sin duda, que vieran lo que tienen en frente. Y eso era lograble, sin partir de esquemas preestablecidos de lo que “buscaban”.
    Chévere hubiera sido, precisamente, voltear el prejuicio.
    De nuevo, gracias.

  • Cara Ariadna,

    através de dois amigos da Colombia cheguei ao seu comentário. Exxxcelente atitude.

    No que for preciso para divulgar isso aqui no Brasil será feito.
    Sua Universidade possui algum congresso internacional?

    Parabéns.

    Ass.: Juliano Gustavo Ozga.
    Filosofia UFSM-UFOP.

  • Primero, me sorprende que en este y otros textos en respuesta al artículo de Arcadia arranquen por descalificar al pobre despistado al que se lo encomendaron y a los viejitos que seguro citaron editadísimos y fuera de contexto.

    Segundo, estoy completamente de acuerdo con que el artículo no parecía buscar la respuesta a la pregunta sino más bien buscar cómo sustentar una respuesta ya preconcebida desde el estereotipo.

    La sensación que me queda es que el articulista estaba emulando al borracho que no busca las llaves donde las botó sino junto a u poste porque allí sí hay luz: no buscó a los filósofos en el mundo real sino en los medios de comunicación, donde para figurar les tocaría darle a su trabajo el formato de entretenimiento.

  • Super hiper LIKE!

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  • Interesante reflexión. Cuando leí el artículo al que haces mención quedé insatisfecho por el trato que le daban al quehacer filosófico. Me pareció una diatriba sin causa determinada.
    Es importante aclarar el panorama sobre qué hace la filosofia, y cpomo lo están haciendo en Colombia. Saludos.

  • Nicolás Toro

    Adri voy a hacer un copy/paste de algo que ya intenté poner en Facebook, pero que la taradez de esa vaina no me dejó.

    Yo también había querido responderles. A lo mejor estaban esperando un filósofo del talante de Jota Mario, o de la escuela del Padre Chucho.
    Quizá sólo una cosa les valgo. Y es que, tal vez, si en la opinión pública generalizada se aceptan y toman esos prejuicios con los que se califica a la filosofía con tanta facilidad, quizá no sólo sea culpa de ellos (por falta de investigación, de atención, bla bla), sino quizá también tenga algo que ver con la forma misma cómo la filosofía se presenta al público en general.

    Es decir, hablando en términos muy generales, la gente tiene más o menos una idea de qué esperar de un arquitecto, o un ingeniero o un diseñador. En vez de que la filosofía tenga que salirse del aula para decirle a la gente “miren, nosotros hacemos esto, y esto, y esto, y esto, y esto; y también esto, y esto, y esto”, tal vez pueda pensarse en formas de hacer de la filosofía algo tan visible que sea, pues, casi evidente. Estoy perfectamente de acuerdo en que el reclamo que se hace es injusto, y evidencia clichés y todo eso, pero también sí me parece cierto que para quienes no se encuentran pegados a un Departamento de Humanidades o Ciencias Sociales o lo que sea, esto sigue siendo un misterio.

    Creo que pueden explorarse -y de hecho se están explorando- formas de acercar a la filosofía mucho más amablemente a la vida común que por medio de revistas especializadas, que, al fin y al cabo, son especializadas (va con todo respeto y sin ánimos de ofender, enserio). Hasta el mismo Sócrates le tuvo paciencia al pendejo del Menón.