La «jugada maestra»

petro

Santos es presidente de Colombia. Ha comenzado la era de la unidad. Ha comenzado la era de la concordancia, de la unanimidad, de la homogeneidad en el pensamiento, de legitimar los medios sólo por los fines, de la puñalada trapera. Llegó la era de Acordar todo, de «Acordar el futuro».

Yo creo que Petro entendió bien eso, el tipo no es cualquier pendejo pintado en la pared. Quien ferozmente había enlodado sistemáticamente al candidato oficialista ahora presidente electo de Colombia, le manda una carta en la que propone iniciar diálogos para incluir tres de propuestas en la consigna que convoca a la “Unidad Nacional”.

Lo grave del asunto es que lo hizo en nombre del Polo. Al tomarse la vocería del partido, sin consultar, al escribir la carta, creó desacuerdos dentro del Polo, el único partido de oposición clara y declarada al gobierno. Petro no sólo pone a prueba qué tan abierta y tolerante es la propuesta de “Unidad Nacional” de Santos, sino que al hacerlo pone en peligro la unidad de su partido y crea malestar innecesariamente. Y ya lo ha hecho varias veces. El punto con Petro no es únicamente su politiquería tradicional, sino la desconfianza que eventos como los de la censura de AIS (o no censura, más bien) y la elección del actual procurador han creado a la hora de entender sus “acercamientos”, de cualquier tipo.

Es cierto también que los puntos que puso Petro a discusión son bastante amplios y de un interés tan general que no podemos desechar simplemente como “agenda partidista”. También es cierto que Petro y el Polo no hicieron más que promover la idea de que en un gobierno bajo la Idea uribista era muy difícil llevarlas a cabo. Toda propuesta implicaba una reforma de fondo. ¿Entonces?

Quisiera ser una liberal mediocre para entender, incluso elogiar, como lo hacen los seguidores de Petro esa carta que han calificado como “jugada maestra”. Ante un panorama como el que tenemos en frente, la oposición tiene que fortalecerse; y para hacerlo no tiene que pedirle permiso a nadie. La izquierda tiene que reformularse, pero no para dejar de ser izquierda, sino para adaptar y transformar su discurso, ya algunas veces anacrónico a las condiciones actuales. Es decir, encontrar maneras de fortalecer su voz, su presencia, y así, lograr que los puntos que se promueven en la famosa carta lleguen a la agenda nacional.

Yo creo que tanto Santos como Mockus se equivocaron en algo: en calificar el uno al otro de sofista, y en pretender que ese calificativo debía necesariamente significar un insulto. El sofista no es simplemente quien engaña, no es el que dice más mentiras; es más bien quien logra construir un discurso bellamente, y con él encantar a sus escuchas. Y eso es un elogio, porque no es cualquier cosa, es todo un arte, una técnica como techné, un hacer productivo. Ser sofista no es simplemente carecer de argumentos; es construir un discurso verosímil y bello, que seduzca y conquiste. Por eso el sofista es Petro. El tipo logra capturar tanto, es tan audaz con sus intervenciones que logra navegar entre ideas y enfoques ideológicos que merece todos los elogios. Y logra también identificar y transformar tanto los discursos que sólo porque su campaña se abanderaba “Acordemos el futuro” y la propuesta de Santos es un “acuerdo” es justificación suficiente para entrar sellar la Unidad Nacional con su presencia.

No critico los puntos que se ponen a discusión; me parecen de interés global y fundamental para la población colombiana. Sólo me fastidia la falta de coherencia política. También, cosa común, que en la política se “juegue”, porque es –idealmente, para mí– el espacio en el que se construye la vida en-común, la convivencia. Quisiera que ahí se decida y que quienes deciden sean coherentes con lo que dicen, han dicho, sostienen y hacen. Pero… un momento, ¿qué estoy diciendo? ¡Ingenuidad! ¡Si es una estupidez no cambiar de opinión cuando cambian los hechos! ¡Si los medios para hacer algo importan muy poco! ¡Si es sabiduría popular dicta que entre más fácil mejor!

¿Para qué renegar de la política tradicional, si así es como se logra que las cosas se hagan?

  • Diana

    Ya estamos condenados con Santos de aqui a 4 u 8 años y hay problemas para los que Colombia no puede esperar (“Sin soluciones eficaces a estos temas no podemos hablar de un Acuerdo Nacional.”).

    Me parece que esa es la posición de Petro; tratar de trabajar desde la oposición, cosa que por su compromiso con el país y su ideología no puede dejar atrás, mucho menos ahora que no está dentro del Senado y que debe intentar hacerlo desde afuera sin que esto signifique cambiar de bando, venderse ó traicionar (“…e informarles la decisión mía y del Polo de mantener nuestra independencia de su gobierno.”).

    Ya lo hizo una vez antes de segunda vuelta; Santos rechazó sus propuestas y él respondió, con toda razón, que la idea de Unidad Nacional era toda una mentira para el Partido de la U. Si Santos no acuerda nada con la oposición, entonces ¿es o no es la Unidad Nacional una mentira? (Eso ya lo sabemos, pero recordemos que en ese país hay que llegar siempre a tener pruebas porque para nadie es suficiente el candidato que defiende los intereses más comunes y lo que no sale en los medios no existió.)

    Santos seguirá rechazando a la oposición, aceptar sus propuestas sería para él retractarse de muchas propias. Y cuando él no lo acepte, la oposición será más fuerte en orden a lograr esos objetivos primordiales establecidos…

    – Me encantó tu artículo y entiendo totalmente tu posición, ésta es la mía y para la respuesta habrá que esperar a ver qué pasa.