La traición que no fue

Quizás lo único relevante que quede por mencionar antes del 20 de junio, día en el que se llevará a cabo la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, sea el rechazo del Partido Verde al acuerdo programático que propuso el Polo Democrático Alternativo. El impulso de Mockus y sus coequiperos de caer solos.

La propuesta era sensata, tenía en cuenta lo que tanto ha intentado traer a colación a la hora de ‘hacer política’: no moverse por favores y puestos, no acuerdos burocráticos ni clientelismo. Ponía sobre la mesa cinco puntos programáticos, generalísimos, que el Partido Verde debía considerar y que muchos creíamos, iba a aceptar sin muchos problemas. Parecía una buena opción dado el aplastante triunfo de Santos y las respectivas arrodilladas de los conservadores y liberales. Sin embargo, no lo aceptaron. Y muchos nos desilusionamos, un poco más. Y Petro decía por Twitter que “le dolía Colombia”.

Sin embargo, en el momento en el que estaba a punto de entregarme no a la idea de derrota (esa ya la tengo), sino a la rabia y quizás, decepción frente a quienes había creído y apoyaba, decidí entender por qué hicieron lo que hicieron. Tradicionalmente, ese era el hueso que cualquiera debería esperar. Al fin y al cabo a Petro le fue mejor de lo que se esperaba y son muchos sus adeptos. Estaban dispuestos a todo con tal de ir en contra de Santos; incluso a unirse a un candidato y un partido que semanas antes se dedicaron, programáticamente, a desprestigiar. “¡Es lo que necesitamos!”, llegué a pensar. Y lo rechazaron. Se sintió como una cachetada.

Pero el Partido Verde (no fue Mockus solo, o Peñalosa o Lucho solos), decidió no aceptar la propuesta de alianza, por dos razones. La primera, no se pudo llegar a un acuerdo en uno de los puntos de la propuesta (sobre relaciones internacionales). Uno de cinco. Segundo, ya los verdes habían dicho “alianza con los ciudadanos”. En el caso de ignorar estos dos factores, los verdes hubieran actuado en contra de los principios que tanto pregonan sostiene a su partido. Ignorar un punto de cinco, sólo porque era uno es un ‘todo vale’. Y estábamos quienes los condenábamos por no traicionar lo que, en principio, nos llevó a apoyarlos. En cambio, sentíamos un ligero sabor a traición, nosotros/as quienes apoyamos su propuesta, de quienes también quieren ganar.

Pasarse por la faja que en uno de los puntos sostenían con el Polo una diferencia radical hubiera sido traición. Olvidarse que siempre han intentado apelar al ciudadano que es capaz de votar más allá de la disciplina de perro del partido –¡y apelar a ella!–, más allá de sus intereses particulares (¡ay! ¡bella ingenuidad!), al ciudadano como ciudadano, eso también hubiera sido traición. ¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Ego? Quizás sólo consecuencia, cosa aparentemente insostenible en estos días.

Muy teórico, poco pragmático, dirán unos. Pero si no podemos atenernos a unos principios mínimos que guíen la acción, ¿entonces qué? Si no somos capaces de continuar guiándonos por ellos cuando más es pertinente, ¿entonces? Otros, parafraseando a Santos pensarán que «quien no cambia de posición cuando cambian los hechos es un estúpido». Pero una cosa es cambiar de opinión y otra olvidar los principios. También podemos preguntar: ¿quién, en este caso específico, en esta situación particular (histórica, social, inserte calificativo aquí), debería cambiar su opinión?

Se decía por ahí, antes de la primera vuelta, que votar por Mockus era saltar al vacío. En este momento, tanta confianza del Partido Verde en los ciudadanos (con todo el peso de la palabra), tantas ganas de cambiar tanto, de hacer equipo con los individuos, ahora eso es el salto al vacío.

“Queremos ganar pero no a cualquier precio, queremos gobernar pero no de cualquier manera”, decía Mockus el 30 de mayo. Yo perderé, consecuentemente, el 20 de junio.

  • Por el contrario, yo creo que el Partido Verde ya ganó. Seguramente no la presidencia, pero sí un lugar en la política donde es un referente que servirá para medir la transparencia y coherencia de la forma como se hace política. Y eso es un avance significativo.

    Por otro lado, quien sacó más votos en la primera vuelta fue el Partido Verde, no el Polo, lo que se puede interpretar como que los votantes se identifican más con la propuesta Verde que con la del Polo. ¿Por qué entonces el Polo quiere imponerse sobre lo que los votantes eligieron? Para mí lo sensato hubiera que el partido que sacó menos votos pusiera de lado las relativamente pequeñas diferencias en beneficio de un objetivo común más grande en comparación.

    Los métodos legitiman los resultados. Esa es la razón por la que me atrajeron los verdes en primer lugar. Y eso ha empezado a calar en algunos liberales, conservadores y partidarios de Cambio Radical que no se identifican con la forma de hacer política del uribismo. No sé si eso alcance para ganar la elección, pero al menos sí envía un mensaje claro a la sociedad. Las cosas han empezado a cambiar.

  • Juan M Gomez

    La objetividad de su articulo es interesante, para muchos de nosotros que votaremos Santos/Uribe, siempre hemos pensado que los 3 millones son solo nerdos primivotantes.
    Mi pareja es abogada y yo soy ingeniero vivimos en el exterior hace mucho tiempo y tenemos una discusion sobre que pasara con el PV.
    Ella jura que es solo una ola mas de las que va y viene, yo creo que ustedes sobreviviran.
    Hace unos dias comente esto en un blog, se lo comparto!
    Contrario a lo que Sara establece creo que el PV madurará, el sentimiento de inconformidad reflejado por la ola verde es un asunto real y de actualidad para los próximos 8 años.
    Es lógico que se pierdan una cantidad considerable de adeptos en el periodo duro de oposición y supervivencia que se avecina, pero eso le dará personalidad y forma para años venideros.
    El PV esta circunscrito a un sentimiento mundial que aunque asociado a un mejor medio ambiente, tambien manifiesta la necesidad de volver a las raices de una sociedad más justa.
    El problema principal del PV es que nació dentro de una sistema socio-político establecido en 200 años de historia bipartidista que ya mostraba la necesidad específica del pluralismo. El pluralismo a pesar de ser una necesidad social de primera, debe recorrer el sendero histórico del crecimiento y la maduración política.
    Por eso es importante reconocer que mientras se mantengan en el centro, continuarán siendo una opción viable.
    Esa viabilidad esta sujeta a tres detalles fundamentales:
    1) Cohesión de pensamiento. El PV recibió un apoyo merecido en la persona de Antanas, de un grupo de intelectuales que han desarrollado teorías sociales científicamente interesantes, pero no probadas en la actualidad, de hecho en su momento este apoyo se volvió una debilidad, dado que es mejor tener soluciones criollas para problemas criollos, en vez de prestar nuestra patria comno conejillo de indias para ensayos europeos.
    2)Propuestas de solución nuestras, para ello los 5 pilares de este movimiento deben de establecer politicas viables que atraigan al electorado en los próximos anos.
    3)Que la tentación de sobrevivir políticamente no resquebraje el nucleo central establecido y para ello deben tratar de alcanzar las alcaldías de Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla en el 2011.
    No será fácil para el PV desarrollar una visión, pero estoy seguro que tienen con qué si no se dejan seducir del facilismo y el inmediatismo humano.