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Última actualización: Viernes 13 de julio de 2012 a las 10:34 am

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El medio es el aprendizaje

Todo docente debe ser también un comunicador, es decir, alguien que le de importancia a la audiencia en el diseño de la forma y la efectividad del mensaje.

Leí la carta de renuncia de Camilo Jiménez, días antes de que fuera noticia. Estaba publicada en su blog personal y llegué a ella a través de Twitter. Al leer, entendí su frustración e impotencia. Confronto también esa apabullante apatía y mediocridad, no sólo con mis alumnos sino también con muchos de mis colegas.

Mis estudiantes no son universitarios, pero les exijo como si lo fueran. A la edad de ellos, cursaba ya cuarto semestre de Comunicación Social en la Javeriana. En Estados Unidos, país donde resido, los profesores contamos con esa libertad, pero también tenemos que preparar cinco clases diarias y cumplir con otras muchas responsabilidades. Aún cuando mi realidad es diferente, me identifiqué con el sentimiento de la carta, pero nunca estuve de acuerdo con los argumentos poco, o nada, pedagógicos que Jiménez daba para su renuncia.

Luego llegó el bullicio. El Tiempo publica el texto y legitima su status de noticia, lo que en Colombia equivale al lanzamiento de un nuevo reality show. Nada parece ser más importante que juzgar a Jiménez, defender a los alumnos, criticar a la educación básica, buscar culpables. Las noticias son otra telenovela en nuestro país, una práctica que poco se esfuerza en establecer preguntas de fondo y proveer contexto. Nuestro periodismo personaliza, culpa, insulta, defiende y trivializa los temas profundos, convirtiéndolos en meros incidentes coyunturales. Todos opinan, algunos docentes universitarios se manifiestan, pero las directivas de la Facultad de Comunicación Social no dicen ni mu. Un silencio aún más ruidoso lo generan las Facultades de Educación y el mismo Ministerio, pero ese silencio se reflejó de exacta manera durante las marchas estudiantiles.

La carta de Jiménez es el reflejo de una realidad en el aula de clases; eso es indiscutible. Pienso que sólo quien ha sido profesor, en los últimos 10 años, puede opinar con la propiedad que da la experiencia. Yo no discuto que el desinterés de los estudiantes haya incrementado, dramáticamente, en los últimos dos años. Apoyo y promuevo la importancia del desarrollo de la lecto-escritura como capacidad esencial para el pensamiento crítico; es más, la considero obligatoria si se trata de estudiantes de avanzado nivel, en un énfasis editorial. De hecho, el método del resumen es uno de los que utilizo en mi clase y he visto la dificultad que parece representarles ese trabajo a muchos de mis estudiantes. Reconozco que la soledad y la introspección no son capacidades que caractericen a estas generaciones, y que los medios contribuyen a la generalización de una cultura de la inmediatez y superficialidad.

Un alto nivel socioeconómico tiende a influir en la apatía, puesto que consiente una vida donde los individuos no han sido expuestos aún al mundo real ni a la palabra “necesidad.” Sí, estamos de acuerdo. La vida es quizás nuestra más grande maestra, aún cuando miles de académicos se sientan en la cúspide de la pirámide del saber, como si el conocimiento fuera una cuestión estrictamente textual. Puedo dar fe de lectores, académicos e intelectuales consumados que son individuos de calidad humana cuestionable. Quien lee a Tolstoi conoce el alma humana, pero no necesariamente la tiene. ¿De qué le sirve al mundo un sujeto brillante que carezca de empatía?¿De qué le sirve a la humanidad una educación cuyo propósito de fondo no sea humanizar?

Es necesario entender que esa carta ha abierto dos discusiones radicalmente diferentes: la docencia como oficio y la educación como concepto. No todo docente es educador ni todo educador es docente. La docencia es sólo una de las tantas maneras de ser educador, pues es una vocación y no un oficio. Digo la palabra “vocación,” lejos de connotaciones que remitan a la noción de apostolado o martirio. Me refiero a que hay mucha gente que educa a través de otro tipo de espacios y prácticas, desde un director de cine hasta un padre de familia. Algunos videos de TED, por dar un ejemplo concreto, logran lo que algunos docentes jamás alcanzan en el aula.

El docente es también un educador cuando se identifica en él una fuerte necesidad de despertar la humanidad en otros individuos. Busca maneras de que su trabajo emita un mensaje que contribuya a la construcción de sociedades más justas y democráticas, de dar ángulos nuevos para ampliar la gama de referencias en el análisis, mientras promueve el pensamiento crítico. El docente educador es consciente de quién es, de quién es su audiencia y es sensible a los tiempos en los que vive. Eso le permite diseñar el mensaje para que sea efectivo y relevante, tanto para sus alumnos como para la época que les tocó vivir. Su meta no es sólo comunicar un conocimiento y desarrollar capacidades en otros; es también seguir adquiriendo más conocimiento y desarrollar más capacidades en él mismo. El docente educador es un apasionado autodidacta, un personaje motivado por el deseo perpetuo de aprender, tanto como el de enseñar.

La docencia es ciencia, pero también es arte. La dimensión científica se encuentra en los textos de métodos pedagógicos y en la comprobación de la efectividad de los experimentos que se hagan en el aula. El arte de este oficio es la capacidad que el docente tiene de leer intuitivamente a sus estudiantes y la realidad del mundo que les tocó vivir. Esta es la parte que hace cualquier contenido relevante y que establece una relación bilateral entre profesores y alumnos. La educación no puede limitarse a la unilateralidad de la transferencia de contenidos ni a la del desarrollo de ciertas capacidades cognitivas en el otro. Hay un eje, un norte que le da dirección a la escogencia de los contenidos, de los métodos, y las capacidades que se quieren desarrollar en los estudiantes . . . un fin último, muy superior al del saber por el saber. Esa meta, repito, es el deseo de contribuir en el desarrollo de individuos y sociedades más humanas. Es el desarrollo de la capacidad ética en los estudiantes, entendida como una dimensión esencial dentro de la práctica de su futura profesión, la que genera trascendencia.

No voy aquí a emitir juicios sobre si Jiménez es un docente educador o un simple instructor. No lo conozco ni he estado sentada en su clase. Pienso que su carta, si acaso, debería abrir conversaciones que abarquen mucho más que la historia circunstancial de su renuncia o el análisis de sus capacidades como educador. No estoy interesada en contribuir aquí a la alimentación de un estrellato fortuito e inmerecido, ni a distraerme del tema que nos compete. Le apuesto más a una conversación sobre lo que significa (hoy) educar y al cuestionamiento del modelo de docencia del siglo XX. Lo que sí debo decirle al profesor Jiménez es que una renuncia pública, señalando una culpabilidad clara, debe venir mejor argumentada.

La apatía y la mediocridad de estudiantes y profesores se deriva de la falta de consenso sobre el significado de la palabra Educación. La academia, la escuela, los docentes y los estudiantes no son los únicos responsables del éxito de un proyecto educativo; ese consenso es de carácter nacional e involucra a todos los ciudadanos. De nada sirve emitir un mensaje en el aula, cuando se pelea contra una cultura de padres y docentes que no dimensionan el verdadero sentido de la educación, o contra una cultura mediática que genera actitudes contrarias, en lugar de participar en estos procesos. Basta ver la manera en que han sido abordados temas como el de las marchas estudiantiles, el del asesinato de los militares secuestrados, las marchas por la paz, el trasero de fulana y la renuncia de sutano a su cátedra. Da grima ver como sólo una telenovela mediática puede estimular la capacidad de reflexión en Colombia . . . aún cuando sólo sea retórica. No responsabilizo aquí sólo a los profesores ni a la academia, responsabilizo a la sociedad entera.

La educación debería ser el canal para construir nación, un proceso donde se logren consensos y acuerdos entre individuos y gobierno, donde se determine y se desarrolle el tipo de sociedad que todos queremos. Es obvio que la visión instrumentalista ha convertido a las instituciones educativas en industrias de producción y al conocimiento, en mercancía. Ahora, más que nunca, creo en la urgencia del trabajo docente, pero también veo la necesidad de replantear sus paradigmas. El acceso inmediato a la información le quitó a la docencia la función de una plana transferencia de conocimiento, y anuló la jerarquía que el ego de la academia aún se esfuerza por preservar. El docente debe ser hoy un curador de información y un diseñador del aprendizaje, alguien comprometido con cada alumno y con la sociedad que lo rodea. Debe, además, buscar desarrollar la dimensión ética de cada campo profesional, en cada uno de sus estudiantes. Si la ética, o el pensamiento crítico humanizado, no es considerada como una capacidad esencial en la educación, entonces se convierte en aliada de la visión industrial de la cual tanto se queja.

La mayoría de los docentes quieren enseñar de la manera que ellos mismos aprenden, aspirando también a que sus estudiantes se interesen únicamente en sus intereses. Todo docente debe ser también un comunicador, es decir, alguien que le de importancia a la audiencia en el diseño de la forma y la efectividad del mensaje. Para ello hay que conocer a los estudiantes, sus lógicas cognitivas, sus propuestas, sus preocupaciones y el mundo en el que ellos se mueven. Además de la precisión y el pensamiento crítico, deben desarrollarse capacidades como la empatía, la imaginación y la ética. Aprender esos elementos es una obligación esencial del educador, si su objetivo final es la de transformar y desarrollar el potencial de sus estudiantes. Si la misión es otra, la respuesta más sensata es reconocer la falta de vocación, dar un paso atrás y buscar otro camino. Adelante, aplaudimos su sabia decisión. Por favor . . . renuncie.

Comentarios

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  • Juliana

    Me ha gustado mucho su escrito y el de Camilo también.

    He hablado con mis estudiantes y llegaron a clase con juegos descargados en la red superinteresantes.

    Para mí esta fue la forma de hablar con ellos y acercarme más y les agradezco a los dos.

  • camilo andres

    Perdón por mi ortografía.

  • camilo andres

    gracias por tomar tu tiempo para aclarar mi confusón. Estoy de acuerdo en la importancia del CONCESO. Pienso que me queda claro que tu punto de vista ofrece la necesidad de un CONCENSO de todos los actores para comprender los cambios de la sociedad y lograr cambios profundos acordes al concenso.

    En mi ignorancia, me queda la sensación de que ese CONCENSO entre todos los entes implicados en el proceso es una utopia. ¿En otras palabras no se esta sugiriendo un cambio estructural en la sociedad para lograr concensos (que actualmente no puede)? La organización social actual facilita la creación, vigencia y sustento de estos concensos? ¿O que clase de organización socíal es necesaría y con la capacidad de hacer concensos vigentes? (la sociedad esta cambiando, el concenso de hoy no sera el mismo de mañana…). con que estructuras sociales y tecnologicas contamos para interpretar cambios y alimentar concensos? son preguntas al aire, te agradezco muchismimo tu tiempo dedicado.

  • http://www.flavors.me/paolarubioferrer Paola Rubio Ferrer

    No digo que no estén definidos – están desarticulados. La noción que un profesor tiene de la educación no es la misma que tiene el padre y el estudiante. Todos tienen una definición, unas más significativas y profundas que otras. De ahí la falta de conexión.

    Por eso enfatizo que no es la definición lo que hace falta, es el CONSENSO de esa definición. Sólo desde el CONSENSO de un por qué y un para qué se establecen las prioridades de una sociedad: queremos editores — ¿por qué? ¿para qué?/ queremos médicos — ¿por qué? ¿para que? / queremos científicos — ¿por qué? ¿para qué? /// Las respuestas consensuales a esas preguntas marcan el contexto de necesidades y valores sociales, y las funciones que cada individuo, debe desempeñar dentro de una sociedad específica y global.

    Ahora bien, el docente conoce las particularidades del campo que se “enseña” (contenidos), pero las capacidades (además de las obvias habilidades técnicas del campo) están dictaminadas por ese consenso y el contexto sociohistórico. La imaginación, la creatividad, la ética son todas capacidades necesarias y vitales, en estos tiempos. Lo han sido siempre, de hecho, sólo que los espacios, las prácticas y las relaciones en donde se ejercitan, han cambiado.

  • camilo andres

    ah, me falto el QUÉ, es decir, el docente debe implementar un CÓMO desde donde un QUÉ, PARA QUÉ y un POR QUÉ de la educación no estan definidos. Es lo que infiero de tu respuesta a mi comentario.

  • camilo andres

    entiendo entonces que el docente debe implementar un CÓMO desde donde un PARA QUÉ y un POR QUÉ no estan definidos. espero haber entendido bien.

  • http://www.flavors.me/paolarubioferrer Paola Rubio Ferrer

    . . . al fin al cabo, la meta para mí no es “enseñar” (relación unilateral, de transferencia, una que no garantiza que el estudiante aprenda); la meta es el “aprendizaje del estudiante” (bilateral, recíproca.)

    En mi trabajo actual, me veo más como una “diseñadora de aprendizaje” que una “profesora.”

  • http://www.flavors.me/paolarubioferrer Paola Rubio Ferrer

    1. Responsabilizo a la sociedad entera de llegar a un consenso sobre QUÉ es educar, PARA QUÉ y POR QUÉ. Es ahí donde se establece el mismo Norte para todos y donde todo el mundo se involucra, desde su misma práctica y modo de vivir.

    2. Responsabilizo al docente de entender y adaptarse a los cambios de la época para que, efectivamente, diseñe el CÓMO. Es él quien diseña el proceso de aprendizaje, en un contexto académico.

  • camilo andres

    para mi es dificil seguirla por que no puedo abarcar tantos topicos a la vez, estoy confundido. Usted responsabiliza a la sociedad entera sobre la manera como soñamos, pensamos y hacemos educación (¿estoy en lo correcto? es en el parrafo 10 ofrece la idea, por ejemplo en: “La academia, la escuela, los docentes y los estudiantes no son los únicos responsables del éxito de un proyecto educativo; ese consenso es de carácter nacional e involucra a todos los ciudadanos.”) pero a su vez deja al docente la obligación de entender y adaptarse a los cambios que la sociedad imprime en él y en los estudiantes… (he entendido bien? es en el ultimo parrafo). Quizas es por que el contexto del articulo esta relacionado con la renuncia de un Docente, es que creo entender (es mi confusión) que se enfoca al dejar la responsabilidad de renunciar al docente, si a este no le es posible comprender de los estudiantes sus lógicas cognitivas, sus propuestas, sus preocupaciones, su entorno, y desarrollar en ellos la precisión, el pensamiento crítico, la empatía, la imaginación y la ética.

  • http://www.flavors.me/paolarubioferrer Paola Rubio Ferrer

    Gracias a todos por sus comentarios. Lo más importante, creo, es que se generen conversaciones sobre el tema de fondo.

    @Paola Cuesta – este texto no culpa a los profesores, de hecho no busca culpables. Responsabiliza a todo el país y a la falta de consenso. Pienso que se centra en hablar del valor de la educación y del rol del docente . . . pero eso no exime a los demás actores de su papel en el asunto.

  • Ángela Pérez

    Muchas gracias. Columnas como estas me devuelven el alma al cuerpo. Sé con certeza que no me equivoqué al escoger una carrera como la docencia y seguiré luchando porque mis niños en condiciones desfavorecidas lean y escriban el mundo que está frente a sus ojos.

  • http://www.todo-n-nada.blogspot.com Paola Cuesta

    No he leído nada más acertado desde que explotó el problema. Agradezco a Camilo Jimenez por sentar un precedente, no lo hizo con los argumentos correctos, pero lo hizo, dió píe a una conversación que está pendiente hace mucho, el sentido de la educación. Pero también creo que los profesores no son tan culpables como se expone en este post. Los estudiantes y los medios son aún más culpables de la “deseducación” que vivimos actualmente.
    Eso es tema para otro post. Saludos y felicitaciones.

  • Angela Suárez

    Excelente análisis de todo. Trasciende el ruido mediático. Felicidades por esa lucidez. Trabajemos por la Educación.

  • http://jhonfredysuarezsolano.blogspot.com/ Jhon Fredy

    Estoy de acuerdo con su comentario. La profesión docente no sólo es de mucha responsabilidad, es además una pasión y no sólo una profesión. Me gusta su punto de vista de que el docente debe ser un artista también y un comunicador social. Me gustaría compartir con usted un artículo que escribí en mi blog sobre el tema, http://jhonfredysuarezsolano.blogspot.com/2011/05/por-que-deberia-gustarle-el-estudio-los.html

  • edsolo

    Ay juepucha. ¿Y yo qué hago ahora? Tengo 49 y ya lo leí. ¿Le doy “delete”? Lo dicho, luego de los 35, estas muerto…

  • http://kleper.net Kleper

    He estado leyendo las diferentes reacciones del texto del profesor Jimenez que pare mi lo que muestra es precisamente lo que señala usted en el ultimo párrafo, falta de vocación y agrego, decadencia en los métodos de enseñanza tradicionales que se pasan de aburridos a tormentos insoportables que no suscitan en los estudiantes el menor interés. Es evidente que la educación Colombiana esta en crisis en todos sus niveles y precisamos de Maestros, mas que profesores sin vocación, por ello mismo agradezco que el señor Jimenez renuncie.

  • http://www.latrochaimaginaria.blogspot.com Luis ortiz

    Antes de escribir un comentario cometí el desliz de leer quienes somos y ahí dice que hay un limite de edad, 35 años para publicar.
    me voy a pasear la perra antes de que llueva otra vez.

  • http://www.flavors.me/paolarubioferrer Paola Rubio Ferrer

    Estimado Sr. Anónimo,

    El centro de este texto está leeeejos de la idea de “saber escribir.” Puede comprobarlo, si la falta de una tilde (y de otros errores que no puedo corregir ahora mismo – no soy la webmaster) no le impiden continuar con la lectura. De todas formas, muchas gracias por la corrección. A manera de sugerencia, le recomiendo que cuando comente un texto, no asuma (ni mucho menos enuncie) una idea central, si no ha leído más allá del segundo párrafo.

    Saludos.

  • http://www.juglardelzipa.com Miguel Olaya

    Llegué al segundo párrafo. No leí más porque quería distraerme en Twitter o con el Blackberry que no tengo. No, mentiras. No leí más porque si el centro de todo aquí es «saber escribir» me gustaría que quien tomara esa antipática bandera demostrara, al menos, que sabe distinguir entre aun y aún.

  • Camilo Jimenez

    Estupenda columna. Así sí da gusto conversar. Un saludo.

  • Alvaro Moreno

    Claro y contundente texto que abre los sentidos hacia el valor de la educación y el papel de los docentes. De acuerdo contigo y gracias colega.

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