La patria boba se pronuncia

El verdadero repudio no es retórico, Colombia. Entiendo que el concepto de nación, al ser una narrativa, te confunda entre el mundo de las palabras y la realidad. Esta vez,debo decirte que la distinción está clara, puesto que el crimen cometido por las FARC trasciende cualquier tipo de abstracción semántica o política. Este acto abominable nos infligió a todos en nuestra humanidad, es decir, atacó nuestro núcleo vital y colectivo, hirió a LA humanidad.

Uno supondría que un acto de esta magnitud generaría en tí las reacciones y las preguntas más esenciales, pero esa sensibilidad es inimaginable para tí, un país donde se anuncia la muerte con el tono alarmado de prescindibles reportes de tránsito. Creo que sobran las evidencias de tu connaturalización con la violencia y de tu desensibilización frente al valor inherente de la vida.

Muchos dirían que estoy equivocada, que el lirón de tu participación ciudadana despertó y que ahora ruge con ahínco, que tu gente ahora manifiesta su indignación con firme devoción. Y, sí. Quizás los medios y las redes sociales están siendo invadidas por miles de pronunciamientos, de palabras como “repudio,” “condena,” “rechazo,” y un agotado “no más.” No lo niego ni lo ataco, Colombia, pero no olvides que el lenguaje, no es más que signo, un signo imbuido con significados arbitrarios. Más allá de las definiciones, la sociedad y el contexto confiere (o sustrae) poder y sentido a las palabras.

En la expresión de la indignación frente al crimen de lesa humanidad cometido por las FARC, las palabras dejaron de tener vida y se convirtieron en llanos formatos de corte oficial. Hablo de esa repentina e improvisada diplomacia, que ahora emite y exige boletincillos de prensa de 140 caracteres, con contenidos que connotan mucho pero no denotan nada. Me refiero a la indignación discursiva y politizada, al lenguaje como signo de adscripción ideológica o moral y a la ausencia de un significado esencial, que se anteponga a la palabra. ¿Sabes de que te hablo, Colombia?

Por eso no entiendo que hace Andrés Hoyos, gran amante del lenguaje, hablando del repudio hacia un acto inhumano como símbolo de significación política. Cuestionar el silencio de la MANE frente a este crimen, no es nada descabellado; por el contrario, es reconocer la relevancia y el liderazgo que el grupo ha adquirido. Lo que sí me extraña, y me impacta, es que no haya sido un cuestionamiento sino una exigencia, y que además proviniera de una lógica binaria de buenos/villanos, revolucionarios/reformistas, violentos/pacíficos, pro-gobierno/pro-guerrilla. Es decir, si no se es lo uno, se es lo otro y la diferencia la marca el acto de emitir u omitir un comunicado, que explícitamente repudie el asesinato de los 4 militares.

Hoyos le ha conferido un poder hiperbólico a la palabra “repudio” y ha personificado a “la violencia” en actores específicos. De acuerdo con sus tweets y su más reciente columna en El Espectador, Hoyos parece pensar que desmarcarse de la violencia es un asunto retórico. Todo aquel que comunique su repudio, no sólo recibe absolución inmediata sino que también se convierte en miembro instantáneo de una logia tácita: la Autoridad Moral. Te pregunto, Colombia, si el acto de desmarcarse no se hace fundamentalmente en la práctica, en ese ámbito donde las abstracciones conceptuales adquieren una completa y real dimensión. Te pregunto, además, si la única violencia es armada, si los únicos violentos son las FARC y los paramilitares y si la violencia se puede “contagiar,” “desterrar” o “erradicar” (tal como Hoyos afirma en muchas entradas
recientes de su Twitter).

El 6 de diciembre se planea otra marcha del “no más,” una marcha que aún carece de propuesta y estructura. Debo decirte que el éxito de la marcha estudiantil fue su cohesión organizada, tanto en el plano retórico como en el de la práctica. Si ésta no se plantea con una propuesta y un plan coherente, será otro pronunciamiento para desmarcarnos de la violencia y no un acto concreto por la construcción de la paz.

Espero que, entre tanto pronunciamiento, no pierdas de vista que el asesinato del sargento José Libio Martínez, del mayor Elkin Hernández Rivas, del coronel Édgar Yesid Duarte Valero y del intendente Álvaro Moreno, es motivo de una reflexión profunda y esencialmente humana. Más allá de gente desmarcándose de la violencia, necesitas una ciudadanía más activa, involucrada y comprometida con un proyecto de construcción de paz y de nación. El repudio retórico, politizado y mediático, no serán intervenciones suficientes para cambiarte. El que llora, no siempre mama . . . ¿o es que se te olvida?