Los árabes y La Voz –Hay Festival 2011

Leonor Villaveces y Santiago Espinosa Uribe cubren el Hay Festival 2011 en Cartagena, para Hoja Blanca.

El último día del Hay Festival, Leonor fue testigo de una situación cinematográfica. La poetisa libanesa Joumana Haddad debía hablar con Jamal Naji, escritor jordano, acerca del la posibilidad, los problemas y la proyección de la literatura árabe. Si bien nuestra entrevistadora hablaba un fluido español (y otros 6 idiomas más), el evento iba a ser, como es natural, en lengua árabe. Se nos dijo entonces que tendríamos traducción simultánea árabe-español. (Traducción simultánea árabe-español, ¿en serio?).

Primer Acto
Como pueden imaginar, encontrar un traductor que sepa estas dos lenguas ya es difícil, pero contratar a uno que traduzca en simultáneo es una labor imposible. Así se demostró cuando, gracias a una maquinita, en nuestros oídos empezó a hablar una voz muy gruesa y con marcado acento; una mujer cuyo tono delataba una especie de matrona árabe gorda, que era fácil imaginar con vestidos de flores cafés y zapatos bajos. Mientras Joumana hacía una breve introducción de la vida de Jamal, La-Voz-en-el-oído titubeaba y repetía la exclamación “¡dígale que pare!” compulsivamente. Al principio, la conclusión obvia parecía ser que había problemas de transimisión o de sonido, y que la traductora no oía a la anfitriona del evento. Posteriormente fue dolorosamente claro que la traducción no era simultánea, y que tendríamos que esperar en cada frase a que la interpretación de La Voz llegara a nosotros. Nos pedía repetidas veces que dijéramos a Joumana que más lento, que parara, que “esa” estaba muy larga: nosotros éramos su puente de comunicación. La noticia desencadenó la decepción de muchos, quizá, pero ninguna pérdida significativa de público hasta ese entonces. Leonor ya estaba comprada por la belleza de la entrevistadora, así que tomaría más que eso para dejarlo todo e irse a tomar un café.

Segundo Acto
Joumana se veía claramente contrariada. Después de haber tirado con resignación los papeles de la presentación, sabiendo que cualquier texto muy largo sería imposible de transmitir, empezó a preguntar a Jamal acerca de su ascendencia palestina. Al mismo tiempo, se puso unos audífonos para oír a la traductora, para medir cuándo debía parar y cuándo volver a repetir una pregunta. Oyó entonces lo mismo que nosotros: palabras en español hiladas sin ningún tipo de preposición; palabras interrumpidas constantemente por sonidos como “eh”, “¡ah!”, “hm”; palabras inventadas que nos hacían preguntarnos qué es “alfordiar” o cómo funciona un “nautijo”. La situación era absurda, el cuchicheo del público era rabioso y la incomprensión creciente.

Entonces, sin ningún tipo de duda o pudor y sin pedir permiso a nadie, Joumana se quitó los audífonos de los oídos y exclamó “¡yo voy a tratar de hacer esto!”. El público, agitado y extrañamente emocionado, entonó una afirmación al unísono y los individuos se pararon a aplaudir, como si se tratara de un concierto magistral o una obra del absurdo. Y La Voz, en nuestros oídos, empezó a proferir insultos en voz alta, sin destinatario obvio, en español ronco y -puede presumirse- también en lengua árabe. Desastroso y divertido.

Tercer Acto
Hubo más risas que abandonos. La tropa se mantuvo firme cuando a Joumana se le dañó el micrófono, y aún cuando una rama de una palmera interna se enredó con el ventilador haciendo un ruido espantoso. Jamal Naji nos contó cómo la literatura árabe ronda alrededor de los tres temas tabú en esa parte del mundo: el sexo, la religión y la política; y, si bien no puede decirse que “el mundo árabe” constituye un bloque unificado, la fuerte presencia del liderazgo religioso sí impone la censura que ya occidente intuye. En los silencios del autor, la entrevistadora tradujo con su español de acento perfecto, mezclando a veces las lenguas, preguntando palabras y soltando carcajadas ante su torpeza. El público, en sus preguntas, mostró un interés profundo por un mundo árabe desconocido en sus particularidades y estereotipos, pero sobre todo mostró un cariño insospechado por Joumana Haddad: esa elegante mujer que nos ha salvado de La Voz.

P.s. Si a alguien le interesa, Joumana Haddad tiene un libro muy interesante acerca de su papel como mujer “liberal” en el mundo árabe, que se llama “Yo maté a Scherezade. Confesiones de una mujer árabe furiosa”. Recomendado.

Calificación: 6 de 10.

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