La voz de Portugal

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Foto: Filbo

Durante años, la literatura lusa no abordó nada distinto de Portugal. No era raro considerando que el país vivió en una dictadura durante la mitad del siglo XX y se volvió tan hermético que sus habitantes no tuvieron acceso a muchas de las tendencias que se desarrollaron fuera de sus fronteras. Incluso, así se concentraran en mirarse el ombligo, escribir sobre ese rincón europeo resultaba difícil, pues el régimen no era muy tolerante con temas ‘sensibles’. Por eso –y a pesar de que algunos se atrevieron a hablar de las colonias, a hacer novelas eróticas, a tratar temáticas que emancipaban a la mujer y a criticar el statu quo–, muchos fueron censurados y solo se conoció su obra después de la Revolución de los claveles.

Pero ya en los años ochenta, los escritores silenciados se envalentonaron, Portugal se abrió al mundo y su literatura se transformó. “Hoy en Portugal se escribe lo que se escribe en todo el mundo” asegura Miguel Real, uno de los escritores invitados a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) y participante de una de las Conversaciones que le cambiarán la vida. Ahora en su patria proliferan las historias de amor, las novelas Skakespeareanas y un idioma lírico, adornado, bello. Eso se desenvuelve en los escenarios de hoy, unos en los que hay podredumbre urbana, subculturas de las periferias, migración hacia las ciudades y viajes por el mundo.

Tal como dice el autor, desde la década del ochenta, la literatura lusa se internacionalizó. “La realidad portuguesa sigue presente en la nueva literatura, pero ya no relata a Portugal desde Portugal. Ahora integra un escenario europeo, transporta la localidad a otras realidades y refleja las circunstancias económicas, políticas y culturales de hoy.”, afirma Felipe Cammaert, profesor en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa, y el segundo participante de esta conversación que cambia la vida.

Precisamente porque existía la posibilidad de dejar de mirar hacia adentro, los autores del extremo occidental de Europa se volcaron hacia todo lo que ocurría en el exterior y eso se vio reflejado en la escritura. El fenómeno, además, se acrecentó con la inclusión del país en la Unión Europea. “Portugal perdió nacionalismo e identidad, pero incluyó otros preceptos europeos. En últimas, ganó algo de todos los demás países de la unión”, dice orgulloso Real. Tal vez por eso también especifica que la literatura portuguesa se parece a la del viejo continente.

Lo interesante es que, a pesar de estar influidos por tantos actores y de estar casi que determinados por el estilo del premio Nóbel José Saramago, los nuevos autores no se empeñan en imitarlo. “Él ya no tiene discípulos, pues estos fracasan. Hay que encontrar una estética propia”, insiste Real. La razón de esto, como explica Cammaert es que “Ya no hay escuelas ni ese dogmatismo casi adoctrinante que implica pertenecer a un movimiento. Ahora hay una liberalización de la literatura en la que cada autor es su propia escuela”.

Así, las letras lusas son un mundo maravilloso que –fuera de los grandes nombres como Saramago, el poeta Fernando Pessoa y el novelista Antonio Lobo Antunes– tiene una impresionante variedad para ofrecer. En palabras de Cammaert, “La literatura portuguesa contemporánea es cosmopolita, es universal”. Ha de serlo y para empezar a disfrutarla solo resta esperar que haya traducciones que le permitan a los lectores no luso parlantes sumergirse en ella.