La esperanza es lo último que perdieron

 

Europa no la ha tenido fácil desde que estalló la crisis económica hace unos años e Italia la ha tenido especialmente complicada. El desempleo está por las nubes, sobre todo entre los jóvenes, los recortes y las medidas de austeridad tienen a la población contra las cuerdas y todos quieren deshacerse del gobierno. ¿Pero reemplazarlo con qué si no parece haber nada realmente esperanzador?

Entre el 24 y 25 de febrero los italianos, hartos de que nada funcione, fueron a las urnas para escoger una de cuatro opciones: el partido de centro-izquierda de Pier Luigi Bersani, el de centro-derecha del ex primer ministro y magnate de medios Silvio Berlusconi, el pro austeridad de Mario Monti, y el anti establecimiento del comediante Beppe Grillo. Para empezar, ninguna de las opciones era realmente buena. Y lo que es peor, los resultados indican que el nuevo gobierno no podrá, valga la redundancia, gobernar el país.

Cuando Berlusconi se apartó de la política en 2011 –envuelto en serios escándalos de corrupción, de evasión de impuestos y acusado de sexo con una menor de edad–, muchos creyeron que un gobierno tecnócrata como el de Mario Monti sacaría al país del hoyo negro en el que está desde hace años. Pero los italianos, que ya estaban hasta el cuello con un déficit fiscal infinito y al borde de convertirse en un desastre similar a Grecia, no pudieron con los recortes. Nadie los culpa; fueron abismales y, aparte de enardecer los ánimos de la ya abatida población, no parecían estar sirviendo para que el país se recuperara.

Pueblo de la Libertad, el partido de Berlusconi le retiró el apoyo a Monti, prometió que si volvía al poder se desharía de las medidas de austeridad y reduciría los impuestos, y adelantó las elecciones para escoger un nuevo gobierno. El exprimer ministro, con todos sus procesos legales pendientes y serios cuestionamientos éticos, anunció que no quería volver al escenario político, pero que lo haría porque Italia lo necesitaba. Muy considerado. Así que empezó la batalla por los votos de ciudadanos a los que les tiene sin cuidado quién los gobierne porque están convencidos de que todos lo harán un poco peor que el anterior.

El desencanto se notó en las urnas. Muchos votantes escogieron un candidato, cualquier candidato, con tal de que fuera en contra del magnate. De nuevo, nadie los culpa, pues el que alguna vez fue un visionario, ahora es una vergüenza pública que carga con el escándalo de las fiestas bunga-bunga y a quien se le acusa de un derroche de dinero que indigna igual o más que el carrusel de la contratación en Bogotá.

Algo similar le pasó a Monti. Aunque sus pronunciados recortes se ganaron el aplauso de los demás vecinos de la Unión Europea, los recortes eran terriblemente severos y causaron la indignación de la gente. A esta, por supuesto, no le interesaban las grandes estrategias económicas, sino que quería sobrevivir dignamente, así que tampoco pasó la prueba. Es más, muchos de los que se habían desencantado con Berlusconi volvieron corriendo a sus brazos cuando se propuso hacer política de nuevo.

Si se trataba de votar contra Berlusconi y Monti, quedaba la opción del centro-izquierdista Bersani y su Partido Democrático o el radical Beppe Grillo y su Movimiento 5 Estrellas. A pesar de que 5 Estrellas alcanzó 25% de los escaños (un logro impresionante para un partido tan nuevo y que no tiene experiencia política, pero que atrajo a toda clase de personas que están verdaderamente exhaustas de la ineptitud de los gobiernos ‘preparados y capaces’), el ganador fue Bersani, quien alcanzó una mayoría en la Cámara Baja.

Entonces, ¿logró Italia deshacerse de la pésima imagen de Berlusconi y los recortes de Monti? ¿Ya están celebrando? No tan rápido. Pueblo de Libertad logró suficientes curules en el Senado como para hacerle la vida imposible a de Partido Democrático. Y se vuelve a lo mismo. Sin el control de ambas cámaras, el país sigue siendo ingobernable. El exprimer ministro, por supuesto, no va a formar coalición con Bersani. Beppe Grillo dijo que no pensaba siquiera entablar una conversación con Berlusconi. Y el pobre ganador no parece saber qué hacer.

Así Monti forme coalición con él, el líder de Partido Democrático tendrá que hacer toda clase de maniobras para gobernar un país con el bloqueo constante del Senado. No se habían terminado de contar los votos y muchos ya sugerían que se debía llamar a nuevas elecciones. Los aliados de Berlusconi tienen la artillería lista para retomar el poder a como dé lugar. El siempre inconforme Grillo hará oposición a todo. Y Bersani y Monti se mirarán desconsolados mientras ven cómo la tercera economía de la Unión Europea termina de derrumbarse.

Desde ya los mercados vecinos están alarmados con la situación, las bolsas se desestabilizaron ante la potencial crisis política y, fuera de los cuatro partidos triunfadores, nadie ve los resultados con siquiera un ápice de optimismo. Mucho menos los ciudadanos italianos. Ellos sí lo perdieron todo. Hasta la esperanza.