‘Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento’

  • Gracias a la Ley de Aborto de 2010, en España una mujer puede abortar durante las primeras 14 semanas de gestación sin tener que justificarse; simplemente decide que quiere abortar y aborta.
  • Obligar a una mujer a tener un hijo no deseado es, por supuesto, grave tanto para el infante como para ella.


Manifestación pro-aborto en la ciudad de Barcelona – Algunos derechos reservados por isus

Para algunos en el gobierno español, el hecho de que el feto presente malformación no es motivo suficiente para abortar y el riesgo que un hijo no deseado presenta para la salud de la mujer es un simple invento.

Gracias a la Ley de Aborto de 2010, en España una mujer puede abortar durante las primeras 14 semanas de gestación sin tener que justificarse; simplemente decide que quiere abortar y aborta. También puede hacerlo en tres casos dentro de ciertos plazos: violación (12 semanas), malformación del feto (22 semanas) y riesgo físico o psicológico para la mujer (sin plazo, es decir, puede abortar así el embarazo esté muy adelantado si el peligro de llevarlo a término es mayor que el de interrumpirlo). De esas tres instancias, dos podrían desaparecer si el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, aprueba un proyecto que supone que la malformación del feto no es razón para abortar y que la salud emocional de la mujer nunca estaría en peligro por tener un hijo no deseado.

Ambas situaciones son una bofetada para las mujeres, quienes deberían poder decidir libremente sobre su cuerpo y las condiciones en las que eligen traer hijos al mundo. Pero sobre todo la segunda es un descalabro que ataca a todas las madres que solo quieren que sus hijos sean saludables. Aún así, eso es lo que pasa en España. Ruiz-Gallardón insistió en una entrevista que dio en julio al diario La Razón de España: “Me parece éticamente inconcebible que hayamos estado conviviendo tanto tiempo con esa legislación. Creo que el mismo nivel de protección que se da a un concebido debe darse a aquel del que se constate que carece de algunas de las capacidades que tienen el resto de los concebidos”.

En su momento, el neurocirujano infantil Javier Esparza escribió una carta abierta para el ministro en el diario El País de Madrid titulada Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento. El título de su escrito se queda corto para resumir el dolor que atraviesan tanto los niños que nacen con anomalías por malformación del feto, como sus padres. Basado en los casos que él mismo trató durante sus años de ejercicio médico, Esparza relata los múltiples retos a los que se enfrentan: hidrocefalia, parálisis de ambas piernas, incontinencia completa, malformación del cerebelo, deformaciones en los pies, piernas y espalda, entre otros. Pero los problemas no solo se restringen a las enfermedades, los tratamientos, las intervenciones y los incluso años de hospitalización. A eso hay que añadir que la mayoría de pacientes nunca pueden acceder a una escolarización completa y mueren antes de los 20 años.

No contento con que el ministro de justicia sugiriera que la malformación fetal no es motivo suficiente para que una mujer tenga el derecho de abortar, recientemente el gobierno español anunció que también quería penalizar el aborto en caso de riesgo para la mujer. El País explicó la posición del gobierno diciendo: “El Gobierno ha defendido que uno de los argumentos que le lleva a reformar la Ley del Aborto de 2010 es que “no se sostiene” emitir juicios atribuyendo “hipotéticas y negativas” consecuencias sobre la salud de la mujer, si ésta no decide interrumpir su embarazo no deseado”. Como quien dice, que la mujer debe verse obligada a traer un hijo no deseado al mundo porque se estaría inventando los riesgos físicos y emocionales de hacerlo.

Tener un hijo, más que una cuestión de responsabilidad, es un asunto de voluntad. Si la mujer quiere un hijo, se asegurará de que esté en la capacidad para tenerlo en las mejores condiciones, para proveerlo con educación, alimento, ropa y, corriendo el riesgo de sonar como un libro de autoayuda, cariño. Si no hay voluntad, no habrá cariño, tal vez no haya ni aprecio y ello puede llevar a la negligencia. Obligar a una mujer a tener un hijo no deseado es, por supuesto, grave tanto para el infante como para ella. Después de todo, es mucho mejor no traer a un niño, que hacerlo solo para que la madre vea en él el reflejo de algo que nunca quiso y que resultará en un joven rechazado y con culpa. Como mejor lo dijo Esparza, nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento.