¿Quién tiene miedo?

Algunos derechos reservados por roberthuffstutter

Aun en su peor crisis económica, de liderazgo y, sobre todo, de influencia, Estados Unidos sigue creyendo que es el centro del mundo.

La época electoral en cualquier país causa revuelo y muchas veces contagia su histeria a los países vecinos, como lo hicieron las elecciones de Venezuela hace unas semanas. Sin embargo, tal vez ninguno se da el lujo de tener en vilo al mundo entero con su proceso electoral, ni siquiera los antes invencibles Estados Unidos. Por eso es tierno que ellos se sigan mirando en el espejo de Narciso y sigan pensando que su influencia es tan indiscutida que el resto de naciones tiembla cada vez que ellos cambian de gobierno.

Durante el segundo debate de los candidatos que aspiran llegar a la Casa Blanca el 6 de noviembre, tanto Barack Obama como Mitt Romney fueron muy agresivos hacia China. El republicano insistió en que el gigante asiático manipulaba la moneda y que eso tenía un efecto directo y perjudicial para la lenta recuperación económica de Estados Unidos. Por eso aseveró que lo primero que haría cuando llegara a la oficina oval sería ponerle un ‘tate quieto’ a China y tener mano dura con la segunda economía del mundo, como para que el gigante asiático sepa quién es el gigante del mundo. Por su parte, Obama también justificó las altas tasas de desempleo en su país con una crítica a las prácticas laborales del país asiático. Como si la falta de fair play de China, con su abundante mano de obra y las pocas garantías que ofrece a sus empleados, fuera la única responsable de que ciertos trabajos manufactureros nunca pudan volver a Estados Unidos.

De las 22 veces que se habló de China en el debate, ninguna fue para resaltar algo positivo. Todas se concentraron en las críticas y, más importante aún, tales críticas fueron muy provocadoras. Así, a los pocos días del debate, The New York Times publicó un artículo llamado China mira con recelo las bravuconadas de los candidatos de Estados Unidos (China Is Wary of U.S. Candidates’ Tough Talk). El artículo habla de cómo China está preocupada por algunas de las cosas que los candidatos, en el calor del debate y en su afán de ganar el voto de los indecisos, mencionaron en su segundo encuentro. Y es tierno.

Nadie niega la importancia de Estados Unidos en el escenario mundial, después de todo, siguen siendo la primera economía del mundo y líderes en tecnología y armamento militar. En efecto, hay muchos países que sí se ven tremendamente afectados por cuanto movimiento haga Estados Unidos. De pronto México (que los tiene al lado), Israel (que depende en parte del Tío Sam para subsistir en una región en donde todos los vecinos son enemigos potenciales), e incluso Colombia (que los venera y sigue su mando ciegamente) se deben estar rasgando las vestiduras por las decisiones que tome el Gran Hermano del Norte. Pero pensar en que China ahora “mira con cautela” lo que dicen los candidatos es tanto ridículo como ofensivo.

Estados Unidos está tratando de salir del hoyo negro en que lo sumergieron las guerras en Oriente Medio y la crisis económica que los azota desde 2008. Sus finanzas y prestigio aún están en cuidados intermedios y por eso no gozan de la influencia que tenían hace escasos diez años cuando, por ejemplo, convencieron a la humanidad de la genialidad de ir a Iraq. Para ese entonces, China ya venía galopando furiosa hacia el primer puesto del G8 y, aunque su economía también se está desacelerando, no tiene ni sombra de los problemas que enfrenta la estadounidense. Por eso es absurdo que Estados Unidos crea que las bravuconadas de sus candidatos de hecho desvelan al país que les está pisando los talones y que les compró la deuda externa para ver si quedaban a flote un trimestre más.

China no solo está acostumbrada a la arremetida de demócratas y republicanos que cada cuatro años le echan la culpa de alguna cosa, sino que también saben que esas amenazas son, usualmente, vacías. Lo más probable es que si Romney llega a la Casa Blanca, no vaya a tener mano dura ni se vaya a arriesgar a una guerra comercial con China. Asimismo, si Obama se queda, lo máximo que hará es seguir quejándose porque las condiciones en que muchas empresas chinas mantienen a sus trabajadores hacen que la mano de obra siga siendo una de las más baratas del mundo y que Estados Unidos no pueda competir en esas industrias. Entonces, ¿de cuándo acá cree Estados Unidos que China está temblando de la ansiedad por lo que digan los candidatos?

China no ha de estar mirando nada con recelo. Lo que debe estar es bien relajada, descansando sobre los 1.153.600.000.000 dólares que, según el Departamento del Tesoro,  Estados Unidos le debe.

 

  • milton

    Si tanto te gusta China, puedes irte para alla cuando quieras! puedes trabajar como esclavo para Apple o Nike y luego vuelves a escribir aqui. Sockete!

  • Daniella

    Ja! Qué buena mirada a este tema y qué buen cierre. Como siempre, me gustó mucho.