La pitonisa del Kremlin

En mayo de 2008, Vladimir Putin, actual primer ministro ruso y presidente entre 2000 y 2008, dejó sus funciones presidenciales y asumió las de primer ministro. En su remplazo quedó el abogado y actual presidente, Dmitri Medvedev. En esa época escribí un artículo señalando que, aunque constitucionalmente Putin no podía quedarse en el Kremlin por más de dos períodos, sus intenciones de permanecer en el poder eran evidentes. Que por ello, Putin seguiría capitaneando al país a través de Medvedev, y que cuando culminara ese mandato, volvería a asumir, formalmente y con título, la presidencia de Rusia.

El sábado 24 de septiembre, múltiples diarios y publicaciones anunciaron que Putin sería candidato presidencial para las elecciones de 2012. ¿Sorpresa? No. Lo que fue verdaderamente sorprendente fue la especulación que hubo durante este año en torno a quién sería el candidato: ¿Medvedev? ¿Putin? ¿Los dos?

Cuando Medvedev asumió la presidencia de Rusia era claro que él estaba allí solo para que Putin no hubiera tenido que cambiar la constitución, pero era claro que en su actual rol de primer ministro, Putin seguía encargado de muchos de los asuntos que le competían como presidente o, por lo menos, era una guía para la ejecución de políticas y las grandes decisiones del país. Todo ello era claro por varios motivos. Por ejemplo, Medvedev ha sido pupilo y protegido de Putin y tienen una estrecha relación que data de años atrás cuando hacían política juntos en San Petersburgo. Por ejemplo, cuando empezó la contienda presidencial en 2008, Putin, quien gozaba (y aún lo hace) de gran popularidad, le brindó su apoyo incondicional a Medvedev, lo que le brindó un empuje y una ventaja que sus contendores no poseían. Por ejemplo, durante los ocho años de Putin, Rusia creció económicamente y recuperó su estatus internacional, por lo que como primer ministro seguiría alcanzando metas que beneficiaran al país más grande del mundo. Si bien Medvedev continuaba la labor de Putin, era éste el que había labrado el camino que aquel sólo se limitaba a recorrer. Todo apuntaba a que Putin iba a volver. Entonces, ¿por qué se dudaba su regreso?

En 2008 (muchas pitonisas se pronunciaron durante ese año), el analista Alexander Projanov indicó en el artículo La enigmática sucesión de Putin, que, como los dos dirigentes eran amigos, todo empezaría como una estrategia de Putin, pero que cuando Medvedev se diera cuenta del poder que realmente iba a tener, y cuando empezara a tener conflictos con su mentor, podría deshacerse de él.

Dicho y hecho, durante la primera mitad de 2011 se empezó a vislumbrar un Medvedev más rebelde, más apropiado de su posición y con todas las cualidades que le permitirían un segundo período en el Kremlin. Incluso, medios como BBC publicaron artículos sobre la incertidumbre y la tensión en la relación de los dos rusos. Aun así, ¿qué nos podía hacer pensar que Putin no se iba a lanzar? ¿Acaso podía ser el que Medvedev también se lanzara?

Lo uno no necesariamente riñe con lo otro, por lo que la predicción inicial nunca se alteró. Putin, como se corroboró el jueves pasado, siempre quiso volver. Que existiera la posibilidad de que Medvedev también quisiera quedarse es otra cosa (cosa que ya está descartada, pues el actual presidente, muy amablemente, está cediendo su puesto a su mentor), pero que Putin volvería a lanzarse a la presidencia siempre fue latente. Entonces, ¿a qué se debe la sorpresa si la pitonisa lo había predicho hace más de tres años?