La verdad oculta


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Esta columna se escribe sola. Recuerdo los episodios de estos últimos días como con un piloto automático. Las carreteras atiborradas, los manifestantes marchando por kilómetros, las caras largas cándidas pero llenas de rabia y mucho orgullo y honor. Y, cómo no, el papelón en que terminó convertido el gran paro nacional en Bogotá.  Y los jóvenes lanzando arengas. Y el puñado de jóvenes tapados atizando: buscando que se diera lo inevitable. Y, cómo no, las siempre inefables fuerzas del Esmad tratando de irrumpir con fuerza lo que no se soluciona a través de la razón y el diálogo.

Pero si es tan fácil hacerlo, digo escribir estas líneas, ¿por qué no lo intentarán nuestros compatriotas periodistas de los medios masivos de comunicación? Digo, ¿por qué nos tocará escudriñar en las columnas, las crónicas y los artículos de portales por una información más completa acerca de estos nuevos paros? Porque nosotros lo que queremos saber es por qué se sigue paralizando el país, no solo si un bus fue apedreado, o una ambulancia bloqueada. ¿Por qué no nos dicen por qué los campesinos protestan? ¿Por qué no nos hablan acerca del mercado interno? ¿Sobre lo que está pasando con la economía de estas personas y la de sus familias? ¿Será que es que estos millares, estas hordas de manifestantes no tienen nada mejor que hacer que salir a caminar por las carreteras con un sol inclemente que los debilita y una fuerza pública que intenta rematarlos?

El gobierno, en cabeza del presidente, afirma que este no es un paro nacional, que son sólo sectores cual teoría de las “manzanas podridas” tantas veces repetida durante el escándalo de los falsos positivos. Después se echa para atrás y, ante la gravedad de los hechos, ante las voces de apoyo de todos los rincones del país sí sale a reconocerlo. Y en todo este rifirrafe ahí sí los medios salen a amplificar su voz.

Este es un caso caricaturesco en el cual queda más que comprobado el contubernio del gobierno Santos con los principales medios del país. Peor incluso que en los momentos de más alta popularidad del gobierno anterior. Creyéndonos bobos, desmemoriados e igual de frívolos que ellos, nos quieren hacer creer que esto es un episodio orquestado por manos macabras que le quieren hacer daño a la imagen del mandatario a menos de un año de su reelección. Pero esta vez las cosas se salieron de control y les tocó al menos reconocer lo que pasaba.

Afortunadamente las redes sociales se han vuelto una prueba de que la gente ya se cansó de las verdades a medias de la actual administración. La gente se manifiesta, comenta y da muestras de saber que el tema es más complejo, que es estructural y que, como tal, necesita de respuestas estructurales. Sabe que se encuentra en juego la supervivencia misma de miles de campesinos que no están pudiendo con la competencia extranjera y con las pésimas condiciones en las que tienen que trabajar. Entre otras, insumos caros, pésima infraestructura y escaso apoyo económico para reconvertir su negocio ante la nueva realidad del mercado. Saben que esto demuestra lo poco que han pensado los gobiernos en ellos. Lo poco que cuentan a la hora de negociar estos tratados de libre comercio. Muestra lo abandonados que siguen estando. En ultimas, demuestra la falta de voluntad política del actual gobierno para ayudar a que estas personas tengan opciones reales de vida digna. Saben que por esto realmente es por lo que protestan. Lo entienden. Y, más importante, lo apoyan. Pero no es gracias a los medios tradicionales que lo saben. No es solo “narrando” los hechos como se construye una sociedad. Al menos, una sociedad crítica. Claro está, eso es lo que menos les importa a fin de cuentas. Cuenta ya nos dimos.