La gente sale (de nuevo)


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Una nueva generación proveniente de las clases medias endeudadas e insatisfechas se toma las ciudades de los diferentes rincones del mundo. El turno ahora es para Brasil como si inconscientemente se quisiera poner a tono con la tendencia de los indignados de los últimos años. Hizo falta (hace falta) solo una excusa, una política mal diseñada, mal ejecutada, que afecte el bolsillo de los débiles y desamparados para que los escasos protestantes se conviertan en hordas.

Las redes sociales también sirven para eso. Han demostrado ser no sólo el basurero de la humanidad sino el medio a través del cual los jóvenes botan sus basuras internas acumuladas, a las calles.

Pero también es este un momento que nos recuerda que los partidos se están quedando por fuera de la ecuación. Porque a estos se les ve como la causa que originó los múltiples males y no el medio a través del cual se pueden solucionar. Ahora estos están buscando fórmulas para “subirse al bus”, para involucrarse en estas marchas “como el que no quiere la cosa”. Porque ellos, al igual que las guerrillas, también se pueden infiltrar en un evento al cual, en principio, no fueron invitados. También buscan aprovechar el descontento, pescar en río revuelto.

En el Brasil la presidenta habla sobre plebiscitos. Habla de inclusión. También la ahora candidata Michelle Bachelet hace campaña en Chile hablando de fomentar el poder desde “lo local” (aunque al día de hoy nadie sepa realmente qué significa eso ni mucho menos cómo llevarlo a la práctica). Así, todos los políticos, presos del oportunismo, buscan acercarse al “pueblo” mientras este le cree cada vez menos.

Y nos preguntamos aquí en Colombia cuándo será el día en que llegarán las manifestaciones multitudinarias lideradas por jóvenes clase media inconformes. Pero si miramos por la ventana vemos que ya están aquí; llevan estándolo desde que mi memoria las recuerda. Todos los días salen, todos los días hay marchas, así estas no sean organizadas propiamente por estos jóvenes educados y frustrados. Eso sí, estas son diferentes. Multitudinarias no, porque no logramos reunirnos a no ser de que sea para rechazar a un grupo que creemos es el problema. Sólo logramos reunirnos todos si nos ayudan los medios masivos, protestas masivas organizadas. Aún no contra la clase política como un estamento, como un todo con tan solo unas leves matices.

De resto, aquí lo que hay son protestas puntuales. Todos los días hábiles salen los colombianos como parte del decorado de la plaza de Bolivar. Salen los fines de semana como parte del decorado de las carreteras del país a ver si el gobierno les “tira” otro Conpes cargado de billones. Como una rutina del centro bogotano, como una noticia que se repite y se repite en las vías secundarias y terciarias del país olvidado. Como parte de nuestro folclor. Viéndolo de esa manera la pregunta entonces sería, ¿cuándo lograremos unirla para desafiar a la política tradicional? Quienes se gastan horas debatiendo sobre “escándalos” que afectan a una ínfima minoría como el caso Interbolsa. Aquellos que se gastan otras horas más brindándole garantías jurídicas a los militares cuando al poco tiempo mueren campesinos que protestaban en el Catatumbo, precisamente a manos de la fuerza pública. Aquellos que solo nos responden con leyes pero después… (con otras nuevas para arreglar lo que las primeras no pudieron).