Cuando el muerto fue estrato 6

Cuando fue estrato 6, los periodistas consiguen pase libre al búnker de la Fiscalía para hablar con raimundo y sacar a la luz pública hasta la evidencia guardada con el mayor de los celos.  Cuando vivió en Rosales, o estudió en una universidad de prestigio como la Universidad de los Andes, estamos enterados todos los colombianos de cada una de las etapas de la investigación. Los medios nos transmiten las imágenes de las audiencias y podemos ver, escuchar y leer las declaraciones de los principales protagonistas del juicio a la misma salida de las sesiones.

Si su apellido es Santamaría, Colmenares o Matamala la policía anuncia operativos especiales para dar con el paradero de los autores materiales e intelectuales. No solo eso: se ponen en debate público las medidas que las autoridades están tomando hasta el momento para hacerle frente al flagelo por el cual murió la víctima. Incluso, se replantean estrategias y se diseñan unas nuevas para acabar de raíz con ese mal que nos aqueja.

Cuando fue un abogado prestante, o un estudiante ejemplar, las editoriales le dedican su espacio, y los columnistas su tiempo y esfuerzo a analizar lo ocurrido lamentándose el por qué nos tocó vivir en un país como este.

Si su padre es empresario, industrial, ganadero, un ilustre académico o, en general, poderoso, su caso estará literalmente en el escarnio público y todos, cual borregos, hablaremos interminablemente de la injusticia cometida.

Y no es que cada uno de estos casos deje de ser lamentable y una injusticia propia del contexto injusto en que vivimos. Dios no lo quiera (es un decir), el día de mañana puede ser usted, querido lector, o yo la víctima, por el simple hecho de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, acumulando nuestra injusticia en el gigante y maloliente depósito de injusticias que decoran este ingrato país. Pero, ¿qué pasa con los Rodríguez, Hernández, Gonzáles, Chocué, Mueses, Uriana o Tintinago que mueren día a día en las zonas marginales y deprimidas de los centros urbanos y los pueblos olvidados del país? ¿Esos no cuentan?

En esos miles de casos ya las cámaras de noticias Caracol y RCN no van hasta los despachos judiciales a averiguar los pormenores del crimen: quién sabe si existen, para empezar, esos expedientes. Ahí sí no nos rasgamos las vestiduras por la injusticia cometida y no debatimos los casos en nuestras horas de almuerzo e incluso las horas laborales.

¿Por qué? Porque en esta sociedad clasista, estratificada, doble moral e hipócrita esos muertos no cuentan. Son unos nadie: unos pobres diablos víctimas de este interminable conflicto y de los miles de crápulas que pululan este país, al igual que pasó con el señorito Colmenares y el buen muchacho Matamala.   Entonces, ¿por qué sus casos sí llenan los espacios de los medios y las horas de nuestras conversaciones y los otros no? Pues porque en un país estratificado, todos provienen de un estrato. Los vivos, los muertos; los libres, los presos; los investigados; los condenados; los Representantes a la Cámara, los Senadores; los alcaldes; los gobernadores, etc.

Y entonces por eso no pocas voces arguyen que una de las formas más eficaces para acabar con el conflicto armado sería mandando a esos estrato 6 al campo de batalla, tal cual los miles de mestizos Parra, Córdoba y Padilla que mueren diariamente en los departamentos azotados por la guerra. Desafortunadamente, a la luz de los hechos en relación a la sobre exposición mediática de estos casos puntuales –injusticias que se repiten todos los días en las zonas marginales de las grandes ciudades y en los pueblos olvidados de mi pobre Colombia– algo de razón han de tener. Si las cosas fueran así, seguramente todas las autoridades estarían gastando su tiempo encontrando nuevas fórmulas para ponerle fin a este interminable conflicto, en vez de estar gastándolo mandando a esos pobres desamparados a “repartir plomo”.

Y ojo, esto lo dice quien no prestó servicio militar y, cual niño rico, pagó por su libreta porque me podía dar ese lujo. Sí: soy parte del problema. Pero eso no quiere decir que no vea las hipocresías de nuestra sociedad.

  • FERMINA

    Y QUE PASA CUANDO LOS ASESINOS SON ESTRATO 6? desaparecen videos, todos los testigos son falsos, las pruebas parecen ser invisibles… en cambio cuando son apellido Hernández, Gonzáles, Chocué, Mueses, Uriana… toca ir a mirar a las carceles de nuestra pobre Colombia madre de estos hijos tan ingratos.

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