Las enseñanzas de Romeo

Gracias Romeo por traernos el mensaje. Gracias por hacernos caer en cuenta de que el conflicto aún no ha cesado: de que, en vastas zonas del país, siguen existiendo las condiciones socio-económicas que lo perpetúan.

Gracias por ponernos a debatir acerca de la “correcta” forma en que se debe cubrir un conflicto armado. Gracias también por hacernos ver que las gentes de las Farc son también eso: gente. Que no tratan a sus secuestrados (perdón, “retenidos”) como un trapo y que sus condiciones no se asimilan a las de aquellos judíos recluidos en campos de concentración en épocas de la Alemania nazi. Gracias por hacernos ver a los colombianos que, aun estando secuestrado, una persona también le puede sonreír a las cámaras, conversar e incluso chistar con sus captores.

Gracias por enseñarnos a los colombianos que, de ahora en adelante, quien vaya a pasar por una experiencia como la tuya tiene la misión patriótica de llevar mensajes de la guerrilla al gobierno nacional y a la comunidad internacional. Mensajes veraces y objetivos de la guerrilla colombiana para que todos “entendamos” su lucha y así nos acerquemos al anhelado escenario de la paz.

Si no hubiera sido por ti, no habríamos sabido que el conflicto tiene otra cara: la de una revolución justa, librada por combatientes románticos, apasionados y enamorados de Colombia. Como tú. Tú que aprovechaste ese hermoso baño de popularidad, tus 15 minutos de fama mundial, para develarnos las “verdades” del conflicto armado interno. Gracias por abrir nuestros ojos mientras nos trazabas la ruta hacia la comprensión holística del conflicto, de la mano de tu sonrisota coqueta.

Realmente es una lástima que seas ciudadano francés porque, de no ser así, ya podrías estar inscribiéndote en alguno de nuestros partidos políticos para liderar una lista a la Cámara o al Senado y así convocar debates nacionales sobre nuestro conflicto en el epicentro de la democracia colombiana.

Eso es lo que más amo de los franceses. Ese espíritu libre: esa interminable lucha por la reivindicación de la condición humana. Cuán orgullosos se sienten ellos de ser así. Están enamorados de ellos mismos: de su humanismo desinteresado. Como Langois: hablando a diestra y siniestra sobre cómo debe ser el hombre ideal: la sociedad ideal. Y aquí en el tercer mundo, con razón, todos les rendimos pleitesía. Portadas van, portadas vienen; entrevistas por aquí y por allá; especiales en este y en el otro canal.

Así te hiciste ver: caminando feliz rodeado por tus ex captores: en medio de una algarabía que nos mostraban a unas Farc fortalecidas y amadas por la comunidad. Y, desde lo lejos, preguntándose uno, en medio de la duda infinita: ¿será que de verdad es así? ¿A las Farc las siguen amando en las regiones y ese apoyo popular las fortalece para seguir negándose a negociar la paz de una santa vez? ¿Es más importante y urgente gastar recursos, tiempo y energía debatiendo la mejor forma de cubrir el conflicto, en vez de invertirlos en encontrarle una salida al mismo?  Así no los mostró Romeo. Su mensaje certero quedó filtrado. Qué orgullo debe estar sintiendo el sensible francés por haber sabido representar de manera tan fidedigna el espíritu de su pueblo. Ellos se aburren allá, salen miran y dicen. Pero, si en tu propio patio las cosas también se les están poniendo color de hormiga en medio de un continente que se desmorona económica y socialmente (guardando las proporciones, claro está), ¿qué nos vienes a enseñar tú, querido Romeo?